Coito Interrumpido o Marcha Atrás.

EL «COITUS INTERRUPTUS»

Ningún tratado científico salido de la pluma de autor griego o romano,
menciona el coitus interruptus, que sin embargo sí es citado en el Génesis
(38,8-10):
Entonces Judá dijo a Onán: «Cásate con la mujer de tu hermano y cumple
como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano.» Onán, que sabía
que aquella descendencia no sería suya, si bien tuvo relaciones con su cuñada,
derramaba su semen en tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. Pareció
mal a Yahveh lo que hacía, y le hizo morir también a él.

Onán, como afirma claramente el texto sagrado, quebrantó la ley del levirato
(Dt., 25, 5-10), prescripción común a los árabes, según la cual un hermano
tenía que casarse con su cuñada para dar descendencia a su hermano
difunto, cuando éste había muerto sin tener hijos. Se trata de un texto que ha
sido interpretado erróneamente como un acto de masturbación; lo que ha
servido a la Iglesia para condenar la masturbación hasta hoy en día, sin tener
en cuenta ni las Sagradas Escrituras ni el Antiguo o el Nuevo Testamento.
Tampoco la Iglesia Primitiva durante los primeros cuatro siglos de su existencia,
hasta Agustín, condenó estas prácticas.
Según el poeta Lucrecio (95-55 a.C.) las rameras romanas practicaban
el coitus interruptus, y los maniqueos, según Agustín, aceptaban como bueno
el placer sexual, pero no la procreación.

Los anticonceptivos en Roma.

La ley Cornelia promulgada por el dictador Sita en el 81 a.C. prohibía
las prácticas abortivas. El emperador Augusto, preocupado por las bajas
tasas de natalidad existentes en la época, promulgó medidas para obligar a
los jóvenes romanos a contraer matrimonio, y prohibió el uso de los anticonceptivos
y el aborto.
El naturalista latino Plinio el Viejo, que poseía vastos conocimientos en
numerosos campos científicos, puestos todos ellos de manifiesto en su Historia
Natural, menciona también los anticonceptivos (NH, 23,79; 24, 11, 18).
El médico Sorano de Éfeso, contemporáneo de Adriano (76-138), recomendaba
en su Ginecología 1, obra que alcanzó un considerable prestigio en
los siglos siguientes, el uso de una mezcla compuesta por aceite rancio de
oliva, miel y bálsamo o resina de cedro, que debía introducirse en el útero.
También propugnaba el uso de un método que se reveló bastante eficaz.
Éste consistía en introducir una bola de lana en la vagina que era empujada
hasta la entrada del cuello del útero, previamente empapada de vino u otras
sustancias de textura gomosa (un líquido en el que previamente se había disuelto
corteza de pino) (1, 20, 49-53).
Otro método consistía en crear una costra sobre el pene, mediante una
pomada que poseía la cualidad de matar el esperma, al cerrarle el acceso al
cuello del útero.
En época romana se utilizaban igualmente amuletos como anticonceptivos.
Sorano rechaza de plano este procedimiento por su ineficacia cuando
dice: «algunos se sirven de amuletos, imaginando que desempeñan un gran
papel en materia de antipatía; citemos entre ellos la matriz de mula o el cerumen
de este mismo animal, y otras cosas todavía, que se revelan decepcionantes
en cuanto a sus efectos» (1, 20, 95-99). El uso de amuletos debía
de estar muy extendido, principalmente entre las clases bajas. Plinio menciona
también algunos tipos de amuletos que las damas usaban para no quedarse
embarazadas. Algunos de ellos eran tan curiosos como los que se fabricaban
con una determinada especie de araña que, envuelta en un pedazo de
piel de ciervo, se colgaba al cuello de la mujer antes de salir el sol.

Anticonceptivos en la Antigüedad.

PRIMERAS MENCIONES

Todas las culturas antiguas utilizaron diversos tipos de anticonceptivos para controlar la fertilidad de las mujeres. Aristóteles ya cayó en la cuenta de que los pueblos que no controlaban su población, es decir, la natalidad, estaban condenados a la pobreza. El exceso de población llevaba a la ruina
de un país.
La mención más remota que se conoce del empleo de los anticonceptivos se lee en un papiro egipcio, fechado entre los años 1900-1100 a.C.
Como contraconceptivos se mencionan en ella cola de acacia, la miel o las deyecciones de los cocodrilos. También se usaban en Egipto los tapones vaginales con sustancias ácidas, cuya finalidad era matar el esperma o impedir que penetrase en el útero.
Entre los griegos fue el filósofo Aristóteles (384-322 a.C.) quien prestó especial atención al uso de los anticonceptivos en su obra Historia de los animales (7, 3, 583a). Según este autor, el método anticonceptivo se empleaba para impedir que el esperma penetrase en el cuello del útero. Se conocen varios procedimientos que endurecían las paredes del útero, mediante el aceite de cedro, el ungüento de Saturno, o una pomada a partir de aceite de oliva o de incienso. El médico griego Hipócrates, nacido en 460 a.C., ya sabía que el momento más fértil de la mujer es después de la menstruación (Las enfermedades de las mujeres, 1,38).

Extracto de “Los anticonceptivos en la Antigüedad Clásica”

 

Erotismo como arma social

Extracto del libro de Lo Duca. “Historia del Erotismo”.

Antes de convertirse en arma social, el erotismo fue sublimación del instinto. Todo erotismo antiguo es una referencia continua a los mitos de la vida religiosa, a una liturgia secreta que permite representarlo, transformarlo en la escena abierta al universo y ver en la extensión de los placeres carnales un medio para el progreso del alma.
…En la prehistoria, en el estadio probablemente anónimo de la paternidad, el matriarcado tendía a excluir una búsqueda erótica que parecía estrechamente ligada al triunfo del hombre y de su civilización.
No obstante, fueron precisamente las razas primitivas- H. Ellis, Malinowski- alejadas de todo refinamiento psíquico, con funciones nerviosas más lentas, las que tuvieron necesidad de un largo período de excitación que se exteriorizó por la ejecución de “espectáculos sexuales” entre los cuales era el más directo la danza erótica: a la larga, la sublimación de esos espectáculos ha debido crear una liturgia que aureoló el erotismo con un nimbo sagrado. Sigue leyendo

Historia del Erotismo.

Extracto del Libro de Lo Duca. “Historia del Erotimo”

La voluntad de conocimiento distingue a las civilizaciones. Durante siglos, el ser humano ha sido medido, juzgado, profundizado, analizado, señalado en todos sus designios probables e improbables, en todas sus proyecciones terrenales y extraterrenales. Un solo punto ha quedado inviolado, semejante a esos espacios de los mapas antiguos donde los geógrafos ignaros caligrafiaban HIC SUNT LEONES. La propia ciencia ha tardado en desafiar al tabú. Después nació la sexología y se le dio al instinto sexual su valor justo, quitándole su halo misterioso, sagrado si no maldito.
La Historia dirá algún día lo que debemos a Havelock Ellis, a Sigmund Freud, a Gregorio Marañón, a René Guyon, a Alfred C. Kinsey. Sin su obra, la sexología no existiría y con mayor razón la erotología sería solamente una diversión menor. Hasta el siglo XX, el estudio del hombre flotó en ese dominio, entre lo vago y lo impreciso. Por amor a la claridad distinguiremos tres períodos, sin desconocer su arbitrariedad:
I. Precientífico, que engloba muchos siglos de cultura “humanista”.
II. Científico preerotológico, en el que la erotología no se diferencia de otras ciencias.
III. Científico erotológico, el que nos esforzamos por definir y que pertenece a nuestro tiempo. Sigue leyendo

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