Se han empleado diferentes términos a la hora de denominar a esta actividad sexual: masturbación, onanismo, autoerotismo, ipsación..., que han calado popularmente con desigual fortuna. El origen de la palabra masturbación es incierto y los especialistas aún no se han puesto de acuerdo. Sólo sabemos a ciencia cierta que era utilizada ya por Marcial, un poeta satírico hispanorromano del siglo I de la era cristiana.
Algunos hacen derivar la voz masturbación de una palabra compuesta por raíces griegas y latinas: μεζεα mezea, que significa "pene" y turba, "alteración", "perturbación", "excitación". Con lo que masturbación significaría "excitar el pene".
Otros señalan que procede exclusivamente del latín: manus stuprare (violar con la mano) o manus turbare (excitar con la mano).
No hay acuerdo entre los lingüistas, si bien suele preferirse manus stuprare, porque históricamente se ha considerado sucio masturbarse. Manus turbare resulta más ecléctico e indica en qué consiste el acto, y no prejuzga ni el sexo de quien lo practica, ni si la actividad a la que se refiere es buena o mala.
Onanismo
A pesar de utilizarse como sinónimos, onanismo no significa lo mismo que masturbación. Es una palabra que se refiere al coito interrumpido, actividad sexual que habría practicado el personaje bíblico Onán con la viuda de su hermano.
El patriarca Judá tuvo tres hijos: Er, Onán y Selá. A su debido tiempo, casó al malvado Er con una cananea llamada Tamar, pero el dios Yahveh, avisado de la maldad de Er, lo hizo morir. Entonces Judá le pidió a Onán que se casara con su cuñada y procurara descendencia a su hermano muerto —un favor que después Moisés haría obligatorio con la ley de levirato—. No obstante, Onán sabía que aquella descendencia nunca sería suya, y por ellos «trillaba dentro pero sembraba fuera»: es decir, aunque tenía relaciones sexuales con Tamar a menudo, practicaba el coitus interruptus (literalmente 'coito interrumpido') eyaculando fuera de la vagina de su cuñada mediante una corta masturbación. De esta manera evitaba tener que mantener hijos que no llevarían su propio apellido. Por este pecado Dios hizo que la Tierra se lo tragara.
Para lograr una descendencia propia, Tamar hizo que el patriarca Judá tuviera relaciones sexuales con ella disfrazándose de prostituta sagrada (llamadas q'desháh en contraposición a las prostitutas laicas llamadas zonáh).
Probablemente el origen de este mito era atemorizar a las parejas que quisieran utilizar este primitivo método anticonceptivo, ya que era necesario que los hebreos se reprodujeran para ocupar toda la zona que habían invadido y así evitar la ocupación de la zona por otros pueblos.
Otro eufemismo inapropiado de "masturbación" generado por esta historia es "mal de Onán" (que como hemos visto, se trató de coitus interruptus y no de masturbación).
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