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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Agustin y los anticonceptivos.


Agustín (354-430) es el gran campeón cristiano contra el uso de los
anticonceptivos, aunque en su etapa maniquea él mismo los usó. El hijo
que tuvo, según cuenta en sus Confesiones (4, 23; 9, 6), fue no deseado.
Agustín, en gran parte, es el causante del rechazo masivo del empleo
de los anticonceptivos en Occidente. Su influjo nefasto en este aspecto ha llegado hasta el catolicismo actual. Después de su conversión en el
año 387, arremetió violentamente contra el empleo de los anticonceptivos.
La concepción de Agustín sobre la vida sexual es profundamente pesimista.
El maniqueísmo, fundado como religión universal por Mani en el siglo III,
rechazaba toda procreación y aprobaba el placer sexual. Después de su conversión
del maniqueísmo a la religión cristiana, Agustín invirtió los términos.
El método anticonceptivo empleado por los maniqueos, contra el que
Agustín luchó denodadamente, como en La moral de los maniqueos (18,65),
es el único aceptado por la Iglesia Católica oficial hoy día.
Agustín acusó a los maniqueos en este párrafo, de que, según ellos, el
matrimonio no es para engendrar hijos, sino para satisfacer la concupiscencia.
Más claro es todavía Agustín en Contra Faustum (15, 7), donde asienta
el criterio de que si se excluye la procreación, los esposos son viles amantes,
las esposas prostitutas, el lecho conyugal un burdel y los suegros cómplices.
Poco antes defiende el criterio de que los esposos son adúlteros si se excluye
la procreación, teoría que ha vuelto a defender el obispo de Roma Juan
Pablo II (Matrimonio y concupiscencia, 1, 15, 17). Afirma que las damas
que se procuran venenos para volverse estériles se convierten en prostitutas
de sus esposos y los maridos en adúlteros con sus mujeres. En Uniones
adúlteras (2, 12) sostiene que no está permitido mantener relaciones amorosas
con la esposa si se impide la procreación de los hijos, que fue lo que
hizo Onán. Falsea Agustín el citado texto bíblico. Onán, haciendo el coitus
interruptus, lo único que pretendía era no dar sucesión a su hermano, como
muy bien puntualiza el Génesis. Esta idea tiene precedentes en Clemente de
Alejandría (Paed., 2, 10,993) que defiende igualmente que se puede ser
adúltero con la propia esposa y que los esposos no están autorizados a derramar
su semen nada más que en el tiempo oportuno (paed.,2, 10. 102, 1).
Esta idea es seguida también por Jerónimo (345-420) en su Refutación de
Joviniano (1, 49) y por Agustín, tesis contraria a Pablo (1 Cor., 7, 2-5; 7, 9):
bueno es al hombre no tocar a mujer, mas por evitar la fornicación, tenga
cada uno su mujer y cada una tenga su marido. El marido pague a su mujer
e igualmente la mujer al marido. La mujer no es dueña de su propio cuerpo;
es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo, es
la mujer. No os defraudéis uno al otro, si no es de común acuerdo, por algún
tiempo, para daros a la oración, y de nuevo volver al mismo orden de vida, a
fin de que no os tiente Satanás […] Pero si no puede alcanzar la continencia,
cásese, que es mejor casarse que abrasarse.

La citada teoría de que un esposo puede ser adúltero con su esposa es
de origen estoico y remonta a Séneca en su tratado Del matrimonio y a Filón
de Alejandría en su escrito sobre La exposición de la ley (3, 29).
No sólo los maniqueos, sino también los pelagianos aceptaban el placer
sexual; al igual que Pablo, consideraban el acto sexual como una cosa natural.
Negaban en él todo carácter de pecado, como defendía el obispo pelagiano
Juliano, nombrado obispo en el año 416 y que murió en 450 en Sicilia.
Juliano acusó a Agustín de maniqueísmo puro y duro; el enfrentamiento
entre ellos fue encarnizado. Lactancio en el siglo IV aceptaba el placer sexual
como bueno.
Cesáreo de Arlés (Serm., 1, 12; 44, 2) menciona que las mujeres de la
Galia tomaban medicinas y drogas que impedían la concepción.
Aetios, médico de Justiniano, emperador entre los años 527 y 565, recomendaba
mucho los anticonceptivos, sin oposición de la Iglesia.
En el Código de Justiniano, emperador que legislaba en nombre de
Dios, no se mencionan los anticonceptivos. En la novelae 17 se refiere a las
causas del divorcio que son muchas y estaban aceptadas por la Iglesia. Pero
entre ellas no se cita el uso de anticonceptivos.
En la Iglesia hispana encontramos una mención al uso de los anticonceptivos:
“Y también se esfuerza por evitar la concepción», se lee en el canon
77 del II Concilio de Braga, celebrado en el año 572. En efecto, Martín
de Braga, muerto en 579 (Opera, 142), menciona los anticonceptivos al final
de su obra.

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