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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Disfunción Eréctil, antes Impotencia.


La disfunción eréctil es la incapacidad de un hombre de conseguir y/o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria. Si bien antiguamente era conocido como impotencia, hoy se considera que el término de “disfunción eréctil” es mas apropiado, teniendo en cuenta las connotaciones negativas con las que algunas personas asociaban la palabra impotencia. Muchos hombres tienen o tendrán ocasionalmente un problema de erección en algún momento de sus vidas, mientras que para otros éste se convertirá en un problema frecuente. Actualmente, esta condición afecta a más de 100 millones de hombres en todo el mundo.
La disfunción eréctil no debe ser algo vergonzoso; no significa que se es estéril ni tampoco que no se pueda tener un orgasmo o una eyaculación. Dado que está demostrado que la capacidad eréctil no está relacionada con el orgasmo y la eyaculación, los hombres con disfunción eréctil deben dejar de ser acosados por el mito de que car! ecen de potencia y virilidad. La disfunción eréctil es tratable en la mayoría de los casos y si bien no es una condición amenazante para la vida -aún siendo severa-, puede tener un gran impacto en la autoestima del hombre y en sus relaciones de pareja.

Aproximación a la respuesta sexual.

Las reacciones sexuales del hombre y de la mujer transforman los genitales inertes en un efectivo equipo de reproducción. “El fláccido pene urinario se convierte en el erecto falo reproductivo, en tanto que el seco espacio potencial de la vagina se torna en un receptáculo abierto, lubricado y congestionado” (Kaplan, 1974). En el hombre la erección avanza hasta la eyaculación; en cambio en la mujer, la hinchazón y lubricación de los genitales culmina en el orgasmo, es así como en la primera parte de la reacción sexual consiste en la vasocongestión genital. La segunda, el orgasmo, es básicamente una serie de contracciones clónicas involuntarias de la musculatura genital. (Encarta, 1997).

En el hombre, la erección se produce por congestión de los vasos sanguíneos del pene. Se expanden los vasos peneales y se cierran los canales venosos especiales. La sangre queda encerrada en “cavernas” especiales, y este mecanismo, básicamente hidráulico, agranda el órgano. El sistema nervioso autónomo interviene en esta reacción: los nervios para – simpáticos producen la dilatación de las arteriolas, en tanto que los simpáticos controlan probablemente el cierre de las válvulas venosas (Kaplan, 1983). El orgasmo en el hombre es una reacción diferente y consta de la emisión (que los hombres perciben como una sensación de eyaculación inevitable) y la eyaculación (contracciones de 0.8 segundos de duración de los músculos estriados situados en la base del pene: el bulbo cavernoso y el isquio – cavernoso) (Kaplan, 1983).

En la mujer ocurren dos cosas parecidas; en respuesta a la excitación sexual se produce la vasocongestión de los vasos sanguíneos de los labios y de los tejidos que circundan la vagina, lo que también ocasiona la lubricación vaginal. Por otro lado, a diferencia del hombre, el orgasmo femenino tiene solo una fase (no tiene fase de emisión) que consiste en contracciones de 0.8 segundos de los músculos bulbo e isquio – cavernosos, y también de los pubococcigeos. (Kaplan, 1983)

Cuando estas reacciones del hombre y de la mujer, o cualquiera de sus componente, sufren un deterioro, el resultado es una disfunción sexual.

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