Disfuncion Erectil y causas psicológicas

La antigua expresión “impotencia sexual” ha sido reemplazada por la de “disfunción eréctil”, para destacar que lo único afectado es la reacción refleja del pene, y que no debe suponerse erróneamente que la masculinidad de un hombre se demuestra sólo o fundamentalmente por una adecuada erección.

La disfuncion erectil se puede definir como la incapacidad relativamente constante para lograr o mantener una erección suficientemente firme para iniciar o terminar el coito. Esto significa que las dificultades transitorias de la erección por fatiga, estrés pasajero, alcohol o algunos medicamentos, no corresponden a una disfunción eréctil, pues el descanso, la tranquilidad, la eliminación del alcohol o el retiro de los fármacos, hace posible la recuperación total. Por otra parte, es necesario aclarar que este trastorno sexual puede asociarse a problemas de deseo (deseo sexual disminuido) u orgasmo (anorgasmia), o bien, ocurrir de forma independiente.

La disfunción eréctil reconoce causas psicológicas (muy frecuentes en hombres jóvenes o adultos de edad mediana) o biológicas (en adultos mayores).

Debe sospecharse un origen biológico cuando la erección no ocurre con pareja alguna ni frente a ninguna estimulación erótica (fantasías, sueños, fotografías, películas, lectura; masturbación, estimulación manual u oral de una pareja interesada, con algún conocimiento en sexualidad y una mediana experiencia ) y cuando adicionalmente el hombre no presenta erecciones nocturnas ni en la mañana al despertarse. En caso contrario, es decir, cuando la disfunción sólo ocurre con cierta persona o en algunas circunstancias de las mencionadas, deben investigarse las causas psicológicas.

Las intervenciones terapéuticas deben ajustarse a la causa que origina la disfunción, aunque algunos investigadores señalan que en adultos mayores los factores psicológicos (temor, expectativa de fracaso, etc.) pueden aumentar el efecto de las causas biológicas, por lo cual se sugieren tratamientos combinados. El uso del Viagra (que es un tratamiento adecuado para la disfunción eréctil de origen biológico) puede ayudar incluso a los hombres que sufren el problema por motivos psicológicos, aunque son posibles los efectos adversos a corto o mediano plazo, como por ejemplo la no respuesta ante la misma dosis y la frustración consiguiente y en ocasiones la molestia de la pareja por no ser ella quien excita al hombre.

Si la disfunción eréctil deriva de problemas importantes en la relación de pareja, disminuyen las posibilidades de éxito usando el Viagra incluso a muy corto plazo. Otros tratamientos (para la disfunción de origen biológico) consisten en el uso de una bomba de succión del pene que hace afluir mayor cantidad de sangre hacia éste; la inyección directa en el pene de sustancias químicas como la prostaglandina o una mezcla de varias; el implante dentro del pene de varillas semirígidas o flexibles o de prótesis inflables, y la cirugía vascular reconstructiva.

Cada uno de estos procedimientos es más o menos exitoso en el paciente seleccionado correctamente, aunque aparecen con cierta frecuencia algunos efectos adversos. La bomba de vacío puede producir hematomas pasajeros, no siendo conveniente para quienes sufren de anemia perniciosa, leucemia o trastornos de la coagulación sanguínea; la inyección puede provocar dolor por el pinchazo o como resultado del priapismo (erección muy prolongada); las varillas semirígidas o flexibles mantienen el pene elevado y pueden hacer difícil su ocultamiento cómodo bajo la ropa; tanto los implantes de varillas como de prótesis inflables implican un procedimiento quirúrgico que impide para siempre una erección natural; la cirugía vascular reconstructiva exige una alta especialización en cirugía y los fallos continúan siendo altos.

La terapia psicosexual es recomendada para la disfunción eréctil de origen psicológico, y como apoyo a alguno de los tratamientos médicos. Por medio de diferentes técnicas verbales y no verbales, el psicoterapeuta se ocupa de modificar las causas inmediatas de la falta de reacción del hombre ( inadecuada estimulación particularmente en hombres mayores, autoobservación obsesiva de la erección, expectativa de fracaso y ansiedad anticipatoria, ansiedad generalizada, depresión, deseo sexual disminuido, vaginismo de la mujer, etc.) o remotas (preocupación excesiva del hombre por complacer a la pareja, ambivalencia afectiva o resentimiento hacia ella, temor general a la crítica, el rechazo, el desafecto, etc.).

Una visión más completa acerca de la disfunción eréctil que ayudaría a los hombres a enfrentar de un modo distinto su problema y que facilitaría su solución, tiene que ver con la importancia real de la erección en una relación sexual. Cabe preguntarse ¿es imprescindible, es decir, siempre necesario el coito para el disfrute sexual de la pareja? De acuerdo a las investigaciones de la norteamericana Shere Hite (1976), sólo el 30% de las mujeres logra el orgasmo “siempre” o “casi siempre” por medio del coito, mientras que del 82% de mujeres que se masturban el 96% logra el orgasmo por este medio y de éstas sólo el 1.5% recurre a la inserción vaginal de algún objeto que pudiera ser equivalente al pene. Es seguro que continuar focalizándose en la erección como una necesidad imperiosa para todo posible gozo sexual, somete al hombre a una presión enorme para “rendir” siempre de una misma forma, le impide el disfrute de sensaciones placenteras en otras regiones corporales (como es lo propio de la mujer) y le dificulta desarrollar otras habilidades que pueden ser más excitantes para su pareja. Esto no quiere decir que la disfunción eréctil no deba ser tratada terapéuticamente y que el coito sea un asunto menor, sino que tal problema debe ser visualizado en una perspectiva más amplia, realista y sana.

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