El Síndrome X

Es una realidad. Cada vez que nos enseñan los números se hace más evidente. De hecho no es que esté a la vista. Ya es una epidemia. En el caso de los EUA el 25% de los mayores de 20 años lo padecen. Y esta semana decían los periódicos que España no sólo ha alcanzado los números de obesidad infantil de Norteamérica, sino que los ha superado. Cada vez pesamos más, acumulamos más grasa y padecemos más personas y a una edad más temprana enfermedades como diabetes mellitus, cardiopatías y cáncer.

Por cierto, el sobrepeso y la obesidad no son el problema; son los síntomas. El problema se llama Síndrome X.

El Síndrome X, una enfermedad moderna

También conocido como Síndrome Metabólico o Síndrome de Insulinorresistencia, el Síndrome X no es más que la agrupación de diferentes disfunciones y desequilibrios que padece el organismo y que provocan en primer término la inflamación sistémica -inflamación de todo el organismo- para muy pronto predisponer al individuo a padecer principalmente diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y arteriosclerosis, y de rebote cáncer, infertilidad, hipotiroidismo, síndrome del hígado graso no alcohólico, cálculos renales, enfermedades degenerativas del sistema nervioso y deterioro del aparato locomotor -artrosis, osteoporosis, etc.-. Por si la lista no fuera lo suficientemente larga, preocupante y común -quién no conoce a alguien que padezca una o varias de estas enfermedades-, las consecuencias emocionales de tal epidemia son fácilmente traducidas también en una tendencia favorable a la depresión y la ansiedad.

El Síndrome X no existía, es algo nuevo. Es una enfermedad moderna que ha adquirido especial fuerza a partir de los años 50 del siglo pasado, los inicios de la Revolución Digital.
Eso hace pensar que la principal causa de esta epidemia puede ser, estrés y carencias emocionales aparte -de esto siempre ha habido-, la combinación de:

  • Una dieta rica en azúcares, cereales refinados y alimentos procesados y contaminados por la industria -todos: carne, pescado, verdura, fruta, cereales, legumbres, agua,…-.
  • Una sobreexposición a agentes químicos contaminantes presentes en el aire y en los productos que utilizamos diariamente, tales como la ropa, los productos higiénicos, los envases de nuestra comida, etc.
  • El sedentarismo.

Indicadores del Síndrome X

Y ahora que todos estamos alerta ante tanta enfermedad, ¿cómo sabemos si padecemos el Síndrome X? Los indicadores más utilizados por diversos estamentos sanitarios son:

  • Resistencia a la insulina y consecuente hiperinsulinemia.
  • Dislipidemia + hipertrigliceridemia -es decir, descompensación provocada por un exceso de triglicéridos en sangre sumada a un déficit de HDL, el colesterol bueno-.
  • Hipertensión arterial.
  • Obesidad central o abdominal -acumulación grasa alrededor de la cintura-.

A su vez también son indicadores de alta probabilidad a padecer el Síndrome X la hiperglucemia en ayunas, la resistencia a la insulina y el incremento del ácido úrico.

La causa del Síndrome X

Como en cualquier ámbito de la vida, es difícil determinar cuál es el desencadenante de esta situación que responde a un patrón de reacción en cadena -no solemos padecer uno sólo de los síntomas y las disfunciones, sino varias a la vez-. La química, el ejercicio, la genética, las emociones,… Ya está más que comprobado que todo influye. De todas maneras, la mayor parte de expertos en el tema coinciden en que el aspecto que más influye en nuestra salud es la alimentación, aunque sin olvidar que también forma parte del círculo emoción-exposición-acción.

Un denominador común en la teoría del Síndrome X señalado como la principal causa de esa reacción en cadena es la insulinorresistencia y la consecuente hiperinsulinemia, es decir, un exceso de secreción de insulina en sangre y una resistencia por parte de nuestras células a percibir su presencia. Lógicamente, a mayor resistencia mayor secreción, lo cual provoca un incremento de los niveles de azúcar en el organismo y un agotamiento del páncreas. Finalmente, pronto aparecerán los primeros síntomas de diabetes mellitus y una inflamación global de todo el organismo. He aquí el Síndrome Metabólico.

El enemigo público número 1: la hiperinsulinemia

¿Por qué? Lo veremos pronto en detalle, pero por adelantar algo diremos que el exceso de insulina en sangre a largo plazo favorece:

La hiperglucemia.
La hipertensión arterial.
El incremento del VLDL -el peor de los colesteroles-.
El incremento de triglicéridos en sangre.
El deterioro endotelial -el tejido que recubre nuestras arterias-.
La aterosclerosis.
De todos ellos se derivan el sobrepeso, la obesidad, la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares.

El detalle de las grasas.

Tal vez porque para que el cuerpo almacene la grasa en las arterias se necesita:

Resistencia a la insulina.
Hiperglucemia.
Exceso de secreción de insulina.
Probablemente quien mejor explica este hecho es Gary Taubes en sus libros Good Calories, bad calories y Why we get fat, demostrando que no son las grasas las culpables de nuestra enfermedad cardiovascular, diabetes y Síndrome X, aunque por supuesto participan en todas ellas. El detonante es la hiperinsulinemia. Sin exceso de secreción de insulina y sin la resistencia a dicha hormona por parte de nuestras células no hay Síndrome X. Las grasas, especialmente las saturadas, tienen una mala reputación que no se merecen -gracias al Dr. Ancel Keys…-.

En cambio, cuando uno se convierte en insulinorresistente gracias a ese 60-65% de carbohidratos recomendado por la Jaula, y a pesar de seguir dietas con un 10-15% de grasas de las cuales las saturadas intentan evitarse a toda costa, el desastre llega tarde o temprano. A la vista están los resultados.

¿Tiene cura el Síndrome X?

¡Por supuesto que sí! De hecho ya son varios los estudios que se han realizado con pacientes del síndrome consiguiendo resultados estupendos, especialmente en lo que se refiere a la recuperación de la sensiblidad a la insulina. ¿Cómo? Sencillo. Reduciendo de manera notable la ingesta de hidratos de carbono.

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