Erotismo como arma social

Extracto del libro de Lo Duca. “Historia del Erotismo”.

Antes de convertirse en arma social, el erotismo fue sublimación del instinto. Todo erotismo antiguo es una referencia continua a los mitos de la vida religiosa, a una liturgia secreta que permite representarlo, transformarlo en la escena abierta al universo y ver en la extensión de los placeres carnales un medio para el progreso del alma.
…En la prehistoria, en el estadio probablemente anónimo de la paternidad, el matriarcado tendía a excluir una búsqueda erótica que parecía estrechamente ligada al triunfo del hombre y de su civilización.
No obstante, fueron precisamente las razas primitivas- H. Ellis, Malinowski- alejadas de todo refinamiento psíquico, con funciones nerviosas más lentas, las que tuvieron necesidad de un largo período de excitación que se exteriorizó por la ejecución de “espectáculos sexuales” entre los cuales era el más directo la danza erótica: a la larga, la sublimación de esos espectáculos ha debido crear una liturgia que aureoló el erotismo con un nimbo sagrado.

…Ignoramos si las esculturas prehistóricas, tales como la Venus de Willendorf, la Venus de Lespugue, o la Venus de Laussel, pertenecen a una edad en la que la ginecocracia dominaba a la humanidad de las cavernas. Los senos, las enormes fuentes de esas mujeres del aurignaciano superior, sus muslos opulentos demuestran una constante en los gustos primitivos de cualquier país y cualquier época. De la Alta Garonna a la Isla de Malta, de Moravia a la India, de la Dordogna a los Balzi Rossi, sexo, seno, muslos, pliegues del vientre y piernas delgadas, se encuentran con una monotonía que no puede ser sino el fruto del instinto. Esas esculturas indican una elección, un gusto determinado, y su realismo no tiene nada de común con el realismo objetivo de las estatuillas masculinas, en las que el hombre responde a cánones queserán los cánones del macho del arte histórico.

…Egipto ubica sus obeliscos en el centro del universo faraónico; ese símbolo fálico, ese principio creador sin el cual no habría continuidad ni especie, fue precedido por innumerables monolitos del mismo orden y una morfología más adherida a la realidad: y fue seguido por no menos innumerables símbolos que la arquitectura revela o absorbe. La concepción hierática o religiosa de esos monumentos implica una profunda castidad, aun en su apariencia más “obscena”, pues casta fue la intención (y el estilo) del artista. Es casi inverosímil que un pensamiento licencioso haya gobernado la creación de las obras eróticas de la antigüedad. El Baal-Peor de los moabitas, el Lingga puja de Civa entre los hindúes, los símbolos fálicos americanos o de los edificios mejicanos, los ornamentos de los templos de Venus, Baco, Mercurio, Osiris o Príapo, la “pedra dorada” de Cuzco o las Torres de Irlanda, todos esos emblemas han sido, en primer término, un medio para neutralizar las impurezas terrenales y los posibles maleficios.

Ver más en “Historia del Erotismo” de Lo Duca.

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