Hiperinsulinismo. Cómo engordamos

Hiperinsulinismo ¿Cómo engordamos?

El exceso de secreción de insulina, provocado por un elevado consumo de hidratos de carbono, especialmente los procedentes de alimentos procesados y harinas refinadas, y una consecuente resistencia a la insulina, son nuestro enemigo público número 1 y el desencadenante fisiológico del sobrepeso, la obesidad y el síndrome X.donuts

Si padeces sobrepeso, sea cuanto sea, más o menos, u obesidad puedo garantizarte casi al 100% que:

  • Tus células han desarrollado una resistencia a la insulina.
  • Tu dieta es demasiado rica en hidratos de carbono.
  • Tu páncreas está secretando demasiada insulina.

¿Cómo engordamos?

Repasemos el mecanismo insulínico que ponemos en marcha al comer:

Comemos.
Entre otras cosas, el aparato digestivo trabaja en la absorción de los hidratos de carbono que contienen todos los alimentos. Insisto en todos porque no debemos olvidar que la carne, el pescado, la verdura, la fruta, los frutos secos, la leche, etc. también contienen hidratos de carbono, y no sólo los cereales o las legumbres. Esto sucede principalmente en el intestino delgado, además de en la boca, pero no en el estómago -importante para comprender otras cositas más adelante-.
Sea cual sea la forma del hidrato de carbono -más simple o más compleja-, una vez han sido todos transformados en glucosa o fructosa, pasan directamente al torrente sanguíneo para dirigirse hacia el hígado.
La glucosa libre en nuestra circulación estimula la secreción de insulina por parte del páncreas. Ha llegado el momento de evaluar cuánta glucosa contiene nuestra sangre y dónde vamos a almacenarla.
Aquí el camino que podemos seguir se bifurca.

Por un lado, si la cantidad de hidratos de carbono es la adecuada, el proceso metabólico de la glucosa será el siguiente:

La glucosa resultante viajará hasta el hígado, se transformará en glucógeno y llenará sus depósitos de glucógeno, vitales para asegurar unos niveles de glucosa mínimos durante las horas que no comemos y así ir liberando glucosa directamente al torrente sanguíneo cuando es necesario.
El resto de glucosa pasa a nuestra circulación para ser utilizada por el cerebro, los glóbulos rojos y otros tejidos que necesitan glucosa directamente.
El exceso final de glucosa se almacena en nuestros músculos para utilizarse en episodios de estrés físico, breves y repentinos -¿recuerdas?-.
Por otro lado, es muy posible que, teniendo en cuenta nuestra dieta y el sedentarismo de nuestras vidas, nuestros depósitos de glucógeno se llenen con facilidad -insisto en que gracias a una vida sedentaria seguramente estos depósitos ya estén casi llenos incluso antes de comer-. ¿Qué ocurre entonces?:

  1. Sufrimos una hiperglucemia transitoria -un exceso de azúcar en sangre-.
  2. El páncreas secreta más insulina para evacuar ese exceso de glucosa, ya que es altamente tóxica.
  3. El hígado transforma el glucógeno en grasa saturada, concretamente en ácido palmítico.
  4. Esta grasa se envuelve por una serie de proteínas y da lugar a un tipo de colesterol -el peor de los colesteroles-, las VLDL, unas lipoproteínas de muy baja densidad.
  5. Las VLDL vuelven al torrente sanguíneo para ser usadas como combustible o para almacenarse en nuestros depósitos grasos -suele ocurrir más a menudo lo segundo que lo primero-.
  6. Y es así como engordamos.

Algunos matices de nuestro engorde, la hiperinsulinemia y las grasas

Bueno, hay que reconocer que no es sólo así como engordamos. Parece que sólo nos engorden los hidratos de carbono, ¿verdad? En cambio, ¿dónde están las grasas? ¿No engordaban tanto?

Lo cierto es que depende… Y no depende tanto del tipo de grasa o de si ingerimos más o menos grasa, sino del papel fundamental que juega la insulina en el almacenamiento de nuestros nutrientes.

La insulina regula principalmente cómo almacenamos nuestros hidratos de carbono, pero también abre las puertas de nuestras células a recibir otro tipo de nutrientes.

Lógicamente, si nuestra dieta promueve el hiperinsulinismo, además de provocar la reacción en cadena que hemos visto desde un punto de vista glucémico, facilitará el almacenamiento de grasas en nuestro tejido adiposo.

Una dieta rica en hidratos de carbono nos hace engordar pero, obviamente, una dieta rica en hidratos de carbono y grasas nos hace engordar más.

La insulina te engorda y no te deja adelgazar

Pero es que además, siguiendo un procedimiento bastante lógico, la insulina no sólo facilita que almacenes más grasa y engordes, sino que inhibe a las células grasas de liberar energía ya que la interpretación que hace el cuerpo de todo este lío es que si tus niveles de insulina son altos será porque tus niveles de glucosa son altos también, ¿verdad? ¿Para qué liberar combustible de tu tejido adiposo? Estás plagado de azúcar, de energía. No necesitas usar tus reservas grasas.

Así es imposible perder ni un sólo gramo de grasa.

Esto es sólo el principio

Como ya he dicho alguna vez, el sobrepeso o la obesidad no son el problema, sino meros reflejos externos de que algo no va bien a nivel interno.

Una dieta basada en hidratos de carbono favorece la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia, ya lo hemos visto, y en consecuencia que nos engordemos.

¿Qué será lo que vendrá después?

Porque ya podemos empezar a intuir que si secretamos demasiada insulina puede ser que nuestro páncreas, sobreexplotado, acabe saturándose y deje de funcionar –diabetes-.

O puede ser que nuestras células grasas también desarrollen una resistencia a la insulina y ya no puedan absorver la glucosa o las VLDL sobrantes -si no abren las puertas, no entra nadie en casa- y éstas tengan que volver al hígado o permanecer en el torrente sanguíneo.

O puede ser que ese sobrante vuelva al hígado para almacenarse allí –hígado graso-.

O incluso puede ser que las VLDL, el colesterol más “malo”, se quede correteando por nuestras arterias, se adhiera a ellas, aumente la presión arterial y desarrollemos una aterosclerosis hasta que un día nuestro corazón diga basta.

Pueden pasar tantas cosas…

Y todo por comer más hidratos de carbono de la cuenta -dejando aparte por qué comemos más de la cuenta: cultura, emociones, dependencia metabólica, etc.-.

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