Historia del Erotismo.

Extracto del Libro de Lo Duca. “Historia del Erotimo”

La voluntad de conocimiento distingue a las civilizaciones. Durante siglos, el ser humano ha sido medido, juzgado, profundizado, analizado, señalado en todos sus designios probables e improbables, en todas sus proyecciones terrenales y extraterrenales. Un solo punto ha quedado inviolado, semejante a esos espacios de los mapas antiguos donde los geógrafos ignaros caligrafiaban HIC SUNT LEONES. La propia ciencia ha tardado en desafiar al tabú. Después nació la sexología y se le dio al instinto sexual su valor justo, quitándole su halo misterioso, sagrado si no maldito.
La Historia dirá algún día lo que debemos a Havelock Ellis, a Sigmund Freud, a Gregorio Marañón, a René Guyon, a Alfred C. Kinsey. Sin su obra, la sexología no existiría y con mayor razón la erotología sería solamente una diversión menor. Hasta el siglo XX, el estudio del hombre flotó en ese dominio, entre lo vago y lo impreciso. Por amor a la claridad distinguiremos tres períodos, sin desconocer su arbitrariedad:
I. Precientífico, que engloba muchos siglos de cultura “humanista”.
II. Científico preerotológico, en el que la erotología no se diferencia de otras ciencias.
III. Científico erotológico, el que nos esforzamos por definir y que pertenece a nuestro tiempo.

No insistiremos en la enorme confusión que reina en la materia. Ni los espíritus distinguidos logran separar el erotismo de la pornografía; no han observado que el erotismo reina cuando puede ser sugestión o alusión, y llegar incluso hasta la obsesión; cuando el sexo se descubre como obsceno- y no simbólico, es decir decorativo-, entramos en el mundo cerrado y tristemente limitado de la pornografía. Otros espíritus no menos distinguidos, confunden erotismo y amor, con el pretexto de que la etimología de erotismo contiene la raíz eros.

…Entendemos por Sexología la ciencia de la sexualidad, es decir la rama de la biología- en el sentido más amplio- que tiene por objeto el conjunto de los hechos biológicos, y especialmente humanos, en relación directa con la noción de sexo.
La Sexualidad es el conjunto de hechos biológicos relacionados con la generación, considerados no solamente fuera del individuo sino en el individuo mismo.
Por otra parte el instinto sexual comprende los hechos biológicos, orgánicos y funcionales, fisiológicos y psíquicos, objetivos y subjetivos, que traducen en el individuo una actividad vital o un impulso que, cuando está suficientemente percibido por la conciencia o suficientemente exteriorizado en el comportamiento, lleva a la inclinación hacia un individuo del otro sexo, inclinación que conduce (o debería conducir) al acoplamiento con goce específico. El instinto sexual da al hombre la más precisa expresión de sí mismo y lo une sólidamente a los fenómenos cósmicos, cuasi místicos, de la vida.

El deseo erótico no puede ser sino el deseo específico del otro sexo, que incluye la doble condición del objeto (el individuo del otro sexo o aparentemente del otro sexo) y del fin (el acto sexual).

La erótica es, pues, un elemento fundamental de lo sexual y caracteriza un dominio biológico incluido en la sexualidad, aunque separándose a veces en límites demasiado inciertos; esa noción de incertidumbre acrecienta las responsabilidades y las perspectivas de la erotología. El erotismo toma en cuenta hechos de orden subjetivo, de placer, de apetito o de necesidad más o menos claramente sexual, pero
también ligados al ejercicio de funciones comúnmente consideradas como no sexuales. De todos modo, el contexto social, étnico, cultural tiene una incidencia demasiado marcada para que el biólogo pueda osar pronunciarse y salir de esos “límites inciertos”. Sabe que la educación, el lenguaje, la tradición, el nivel de civilización, todo el medio psíquico, colaboran en las costumbres amorosas del Hombre; estimulan o inhiben, animan o prohíben, imponen o levantan `tabúes’, reprimen o liberan, inspiran el pudor o excitan la osadía.
En nuestra civilización, articulada todavía alrededor de tabúes milenarios, el erotismo aclara esos estados más o menos obsesivos creadores del deseo larvado del que se benefician la publicidad, la prensa, el teatro y el cine. (Repetimos que cuando el sexo triunfa, comienza la pornografía y cesa el erotismo, que ya no tiene razón de ser.)
El erotismo, además de las preocupaciones sexuales patológicamente acentuadas, engloba también, en psicoanálisis, la aptitud de ciertas zonas del cuerpo para acompañarse de placer sexual no específico.
El erotismo, en el extremo límite de su sublimación, engendra un estado general de tensión, una suerte de vibración interior propicia a las creaciones del espíritu; esa noción interesa a todo el dominio del arte.
La erotificación caracteriza la modificación de una excitación o de una actividad a la que cambia en fuente probable de placer sexual, como la erotificación de la angustia o de la obra de arte.

 

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