La Verdadera Sexualidad

Las relaciones satisfactorias, profundas e íntimas entre un hombre y una mujer pueden dar lugar al amor y de allí hablar el lenguaje más hermoso para comunicarse en pareja: el sexual. El acariciarse, sentir el cuerpo del compañero descubriendo sus partes delicadas y vulnerables participando del mutuo gozo, constituye una expresión y lenguaje exquisitamente humano.
Todos somos capaces de experimentar grandes placeres tanto en la niñez como en la edad adulta, aunque esta experiencia es prohibitiva para muchos niños, pues sus padres ven con un grado de inmoralidad y morbosidad, que a tan temprana edad manoseen sus genitales o tengan juegos sexuales, lo cual es un comportamiento totalmente natural.
En nuestra sociedad el tema sexual es tabú. En el mejor de los casos, aprendemos algunos datos de la anatomía del hombre y de la mujer, y raramente se nos inicia en el cómo acceder al placer sexual. Se nos enseña muy poco acerca de los placeres que podemos recibir de nuestro cuerpo y menos aún, se nos educa para dar placer al sexo opuesto.

El inicio ideal de la vida de los seres humanos debiera ser por causa, entre otras cosas, del intercambio sexual placentero entre los padres y por ello, el placer de la propia sexualidad debería acompañarnos durante toda la vida.

Las restricciones que los adultos ponen a sus hijos en relación a explorar su propia sexualidad, cuando ésta se manifiesta, empiezan a crear problemas que luego surgirán en la adolescencia y luego en la edad adulta.

A muchas generaciones de seres humanos se les ha enseñado desde la infancia que tocarse los genitales es malo. En la vida adulta, los sentimientos de culpabilidad y de vergüenza se acrecientan ante el conflicto entre la búsqueda de placer y los condicionamientos sociales que nos limitan.

Los efectos de la culpabilidad y la vergüenza acaban provocando una pérdida general de amor por la vida y una mayor incidencia de la depresión.

Cualquiera que sufra estos sentimientos percibirá su sexualidad negativamente y el resultado será la incomunicación con sus sentimientos sexuales más profundos.

Para tener un cuerpo y una mente totalmente sanos, se debe amar y respetar el área genital y la fuerza sexual que allí se aloja.

Una actitud positiva hacia la propia sexualidad, se reflejará en el trato que demos a la curiosidad de nuestros hijos y a sus primeras actitudes sexuales de juego. Si es así, el niño llegará a la edad adulta libre de los bloqueos restrictivos que producen un comportamiento negativo.

El aspecto más evidente de nuestra sexualidad es el sexo con el que nacemos. Desde la edad más temprana, nuestros padres y la sociedad, nos enseñan cuál es el comportamiento aceptable para un hombre o para una mujer y cuando emprendemos una relación afectiva, tenemos ideas preconcebidas sobre cómo se ha de comportar nuestra pareja con nosotros y sobre cómo debemos sentir y comportarnos respecto a ella. Cuando estas expectativas no se cumplen, nos frustramos y nos enojamos. Este enojo crea tensión en el cuerpo, el que a su vez bloquea el flujo de energía sexual.

A menudo, la pareja no comparte los mismos deseos, necesidades o expectativas, y el estrés que crea este desequilibrio también puede bloquear el flujo de energía sexual.

El bloqueo sexual puede manifestarse de dos formas opuestas: una supresión puritana de las necesidades sexuales o un anhelo hedonista de sexo a cualquier precio.

Muchas personas adoptan de manera inconsciente una actitud puritana frente a la sexualidad. Esta actitud frecuentemente se mantiene viva por un diálogo interno constante, algo así como
un comité de censura, que continuamente hace juicios de valor del comportamiento. Con el tiempo esto lleva a un estado de tensión innecesario y neurótico que bloquea la energía sexual.

La actitud hedonista hacia la sexualidad, la búsqueda consciente del placer físico y de la expresión de uno mismo sin más propósito, al final también conduce a un sentimiento de vacío y a una vida carente de sentido.

Aunque el placer solo por placer, es decir, sin acompañarse de otros sentimientos espirituales puede relajar el cuerpo momentáneamente y dar cierto color a los procesos del pensamiento, lo hace a expensas de la verdadera paz y de la profundización interior.

En su forma extrema, el hedonismo puede ser socialmente perjudicial y puede hacer que una persona se sienta sola, o que sea incapaz de soportar la intimidad o de emprender y mantener auténticas relaciones afectivas, llevándolo a extremas situaciones de infidelidad o fidelidad.

En un mundo ideal, uno se sentiría tan atraído hacia su pareja que el deseo por otra persona quedaría excluido de por vida. Pero en el mundo real, difícilmente hay alguien que no haya sido infiel a su pareja, aunque sólo sea mentalmente.

La idea de que la fidelidad es lo mismo que la exclusividad sexual es un concepto falso. Es el resultado de la creencia de que las relaciones sexuales son la base fundamental de una relación afectiva. Desde un punto de vista espiritual, la fidelidad es un estado del corazón y del espíritu divino interior, no de los órganos sexuales. La función de la sexualidad es ser creativo; la del corazón, conectar.

La pareja debe hacer de la relación una búsqueda espiritual de la unidad y aprovechar las fuerzas creativas de la sexualidad dentro de la relación afectiva, a partir de entonces, verán la sexualidad como la herramienta que en realidad es.

* Extractado del Libro “El Tao del Masaje Sexual” de Stephen Russel y Jürgen Kolb

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