Los anticonceptivos en Roma.

La ley Cornelia promulgada por el dictador Sita en el 81 a.C. prohibía
las prácticas abortivas. El emperador Augusto, preocupado por las bajas
tasas de natalidad existentes en la época, promulgó medidas para obligar a
los jóvenes romanos a contraer matrimonio, y prohibió el uso de los anticonceptivos
y el aborto.
El naturalista latino Plinio el Viejo, que poseía vastos conocimientos en
numerosos campos científicos, puestos todos ellos de manifiesto en su Historia
Natural, menciona también los anticonceptivos (NH, 23,79; 24, 11, 18).
El médico Sorano de Éfeso, contemporáneo de Adriano (76-138), recomendaba
en su Ginecología 1, obra que alcanzó un considerable prestigio en
los siglos siguientes, el uso de una mezcla compuesta por aceite rancio de
oliva, miel y bálsamo o resina de cedro, que debía introducirse en el útero.
También propugnaba el uso de un método que se reveló bastante eficaz.
Éste consistía en introducir una bola de lana en la vagina que era empujada
hasta la entrada del cuello del útero, previamente empapada de vino u otras
sustancias de textura gomosa (un líquido en el que previamente se había disuelto
corteza de pino) (1, 20, 49-53).
Otro método consistía en crear una costra sobre el pene, mediante una
pomada que poseía la cualidad de matar el esperma, al cerrarle el acceso al
cuello del útero.
En época romana se utilizaban igualmente amuletos como anticonceptivos.
Sorano rechaza de plano este procedimiento por su ineficacia cuando
dice: «algunos se sirven de amuletos, imaginando que desempeñan un gran
papel en materia de antipatía; citemos entre ellos la matriz de mula o el cerumen
de este mismo animal, y otras cosas todavía, que se revelan decepcionantes
en cuanto a sus efectos» (1, 20, 95-99). El uso de amuletos debía
de estar muy extendido, principalmente entre las clases bajas. Plinio menciona
también algunos tipos de amuletos que las damas usaban para no quedarse
embarazadas. Algunos de ellos eran tan curiosos como los que se fabricaban
con una determinada especie de araña que, envuelta en un pedazo de
piel de ciervo, se colgaba al cuello de la mujer antes de salir el sol.

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