Los Ftalatos en Juguetes Sexuales. Riesgos y Alternativas.

¿Has pensado en los riesgos para la salud de los juguetes eróticos?

Porque si eres una persona consciente de tu salud y la del medio ambiente, debes considerar el uso de ciertos químicos empleados en su fabricación. ¿Por qué? A menudo los juguetes sexuales no están regulados en su fabricación, ni en los elementos que los conforman… por eso han desatado más de una polémica, aunque siempre existe una opción “verde” para las personas respetuosas de su salud y la del medio ambiente.

El amor apesta

Muchos juguetes eróticos populares están hechos de PVC (Poli Cloruro de Vinilo), plástico largamente denunciado por los eco activistas (en su momento por Greenpeace) debido a las toxinas que emite durante su elaboración. Este plástico de PVC es suavizado luego con ftalato, un polémico elemento de la industria químico. Los ftalatos incluyen las suaves jaleas o geles que recubren el plástico, o la piel artificial, ambos ítemes que han crecido en su demanda en el mercado de los sex toys.

En los recientes años, una serie de estudios han revelado los serios impactos potenciales a la salud producidos por los ftalatos. Pequeñas dosis del elemento se asocian a daño en los espermios masculinos, en el útero y a través de la leche materna hacia el aparato reproductor masculino. En un estudio del año 2000, dirigido por el químico alemán Hans Ulrich Krieg, se encontraron 10 peligrosos químicos en algunos juguetes sexuales disponibles para la venta en Europa, entre los que se incluía el dietilexil ftalato. Algunos juguetes concentraban una cantidad de ftalato de 243.000 partes por millón, una cifra escandalosamente alta.

“Estamos realmente shockeados”, dijo Krieg a la corporación canadiense Marketplace, en un reporte del año 2001 sobre la industria de los sex toys. “He hecho este tipo de análisis por más de diez años, pero nunca había encontrado concentraciones tan altas de ftalato.”

El peligro es, para David Baltz (del Grupo de Defensa de la Salud Commonweal), que el calor, la agitación y la prolongada caducidad de algunos productos pueden acelerar absorción del ftalato. “Además, los ftalatos son lipófilos, es decir, que se separan con la grasa, por lo que si entran en contacto con soluciones o sustancias que tienen contenidos de grasa o lípidos, la grasa puede extraer o separar al ftalato del plástico”. Janice Cripe, una ex clienta de Blowfish -una compañía del rubro cuyo lema es “Buenos productos para un gran Sexo”- confirma esta deficiencia de los juguetes de gel: “Éstos pueden licuarse”, dice. “Pueden convertirse en una sustancia aceitosa y lechosa” y tienen “un tacto a plástico flexible y mucho olor a goma”. Ella dejó de comprar juguetes de gel a Blowfish, incluso a pesar de sus bajos precios, que los hicieron muy populares en su momento.

Pero, ¿qué se está haciendo para proteger a los consumidores? Nada. Mientras Estados Unidos, Japón, Canadá y la Unión Europea han tomado varias restricciones sobre los ftalatos en juguetes para niños, no las existen para los juguetes de adultos. Para cumplir los estándares legales de los EE.UU, los juguetes eróticos deberían presentar lo que la Comisión de Productos Sanos para Consumidores llama “advertencia sobre las sustancias del producto”, lo que, esencialmente, es una advertencia sobre los elementos o sobre el diseño que, en el curso de uso del producto, puede causar daño o muerte a quien lo manipule… pero si uno mira las cajas de la gran mayoría de los juguetes, probablemente estén rotulados como “novedad”, un regalo para llegar y usar.

Este es un importante vacío legal que permite eludir responsabilidades penales a los fabricantes, por los potenciales elementos dañinos de su producto. Además, esto devela una importante falla en la supervisión de una vibrante industria que hoy, está totalmente globalizada. The Guardian estimó recientemente que un 70% de los juguetes eróticos del mundo son manufacturados en China, y un reporte del 2001 de la CBS sugiere que el mercado norteamericano factura entre 400 a 500 millones de dólares al año. Cifras más detalladas pueden ser difíciles de encontrar. “En EE.UU, todas las compañías que manufacturan juguetes para adultos, sean pequeñas o grandes corporaciones, son privadas”, explica Philip Pearl, editor en jefe de AVN (Adult Novelty Business, una revista del sector). “Ninguna está obligada a publicar su información financiera, y ninguna lo hace”.

Además, la falta de acuerdo para los estándares de producción es el mayor problema. Carol Queen, sexóloga de la compañía Good Vibrations, a menudo ha tenido que retroceder y rebuscar en regulaciones marginales casi irrelevantes para el rubro. “Recuerdo haber buscado, a principios de los ’90, información sobre un aceite usado en unos hermosos dildos de madera, tallados a mano, para saber si era seguro de introducir en el cuerpo”, detalla. “¡¡¡La regulación más cercana que encontré fue sobre utensilios de madera para ensalada!!!”.

Tomar las cosas en tus propias manos

Metis Black, presidenta de la compañía Tantus Silicone de EE.UU, ha escrito sobre los riesgos de algunos materiales en la Adult Novelty Business. “La auto regulación tenemos que hacerla nosotros mismos”, dice Black, pues este tema fue el que la hizo meterse al negocio. “Tal como los juguetes para la dentición de los niños, tenemos que comenzar a conversar sobre cómo hacer los juguetes y cómo eso afecta a los consumidores”. Mientras eso sucede y los gobiernos establecen reglas, algunos fabricantes ya comenzaron a manufacturar juguetes más seguros.

Tony Levine, fundador de Big Teaze Toys, declara hacer sus productos -incluyendo el discreto y tierno vibrador de plástico “I Rub My Duckie” – libre de ftalato. “Mientras trabajaba en Mattel como diseñador de juguetes, me hice muy sensible al uso de materiales seguros para los niños”, dice. “Es parte de mi formación, por lo que estoy muy orgulloso de usar sólo materiales que cumplen estrictamente las regulaciones para EE.UU y la Unión Europea”.

Mientras, si los clientes deciden comprar juguetes de gel en Babeland, un vendedor le recomendará usar un condón sobre el juguete y le entregará un hoja informativa sobre los ftalatos. “Nuestra meta es ayudar a la gente a tomar decisiones informadas, y le damos toda la información que está a nuestro alcance, sin alarmarla”, dice Abby Weintraub. También informan al cliente sobre alternativas libres de ftalato, como plástico duro o sustitutos de silicona VixSkin. Algunos fabricantes también usan elastómeros termoplásticos en vez de PVC. Vibratex recientemente reformuló su popular vibrador dual Rabbit Habit (lanzado a la fama en “Sex and the City”) con este material.

Los dueños de Smitten Kitten, han optado por no usar geles, pieles sintéticas, ni otros componentes potencialmente peligrosos. “Son peligrosos para la salud humana y para el medio ambiente”, dice Jennifer Pritchett, “es parte de nuestra filosofía poner cosas buenas en el mundo, y va contra eso vender juguetes que sean tóxicos”, declara.

Pero, ¿existen otras alternativas para los consumidores conscientes? Las opciones ecológicamente más sanas son los dildos de metal o de cristal duro- que, con sus elegantes y entretenidas formas (y a veces, buenos precios) pueden transformarse también en esculturas modernistas, si te dejas abrazar por sus formas. “El cristal dura más, es seguro y menos tóxico que los plásticos”, confirma Rebecca Suzanne, de Babeland.

Pero hay más: si quieres jugar ayudando a la conservación, el Solar Vibe, es un vibrador alimentado por un pequeño panel solar. Algunos vibradores vienen con packs de recarga, dice Suzanne, “por lo que es una mejor alternativa a las baterías desechables”.

¿Y los accesorios? Smitten Kitten se declara orgullosamente consciente con los animales, y tiene completos ajuares de bondage y fetichismo. “Tenemos látigos de nylon, o goma”, dice Pritchett. “Lo mismo con los collares, puños o fustas totalmente libres de cuero y de productos animales”. Otros fabricantes ofrecen también otros complementos “verdes”, como velas de hechas de soya o aceites esenciales, y lubricantes con/sin sabor hechos con ingredientes orgánicos. “La gente disfruta teniendo la opción”, dice Weintraub, “es como usar detergente o escoger productos ecológicos, y tener la opción de usar un lubricante que también lo sea”.

Escoger el juguete erótico más ecológico pareciera ser una decisión llena de compromisos, pero sin estándares legales ni regulaciones en el horizonte inmediato, depende de cada uno de nosotros ser selectivo y cuidadoso a la hora de comprar juguetes sin riesgos para la salud, que se ajusten a nuestro presupuesto y que sean inocuos medio ambientalmente hablando. Mientras tanto, siempre puedes devolver un juguete “sospechoso” al fabricante, para que algún día se hagan cargo de su responsabilidad con la salud de las personas y del medio ambiente.

Fuente: Grist. Fuente imágenes: Jackace, Babeland, Big Teaze Toys, Smitten Kitten.

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