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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Manual de Tecnicas de Masturbacion II.


EJERCICIO 3

Para ser bien percibida por la parte implicada, toda estimulación debe mantenerse durante cierto tiempo. Hay que evitar pasar con demasiada velocidad de una a otra forma de excitación antes de haber explotado lo bastante la precedente. Ten en cuenta que, muy a menudo, es abordando la dificultad mediante un rodeo cómo se llega a resolverla de modo más satisfactorio. Incluso si resulta indispensable efectuar estimulaciones directas en tu sexo para lograr la erección, la solución más eficaz no suele ser la más directa.
Aquí se presenta otro ejercicio que lleva rápidamente a la erección y que tiene la ventaja de mantener desde un comienzo la mano en una posición muy similar a la que adopta en la masturbación clásica. Puede hacerse a partir de la posición sentada tanto como a partir de la posición de pie; es una base de excitación muy recomendable en caso de pene particularmente apático y de testículos «debiluchos». Si prefieres permanecer sentado, resulta totalmente necesario colocarte al borde del asiento a fin de que la ejecución sea perfecta.
No olvides la distensión mental, sobre todo si fallan un poco los recursos físicos; la cabeza es absolutamente fundamental para todo, y con mayor razón en materia sexual.

Separa tus muslos al máximo cuidando de mantener recta la espalda: repito que esto es importantísimo. Por otra parte, durante las primeras tres cuartas partes de la estimulación mantén los párpados cerrados.
Libera tu glande. El borde de tu mano derecha reposa en la cara interna del muslo; colocarás el pulgar y el índice en oposición a la base del glande, mientras que los otros dedos han de mantenerse extendidos. El pulgar y el índice de la mano izquierda se colocan frente a frente en los lados de tu verga, pero siempre implantados en la base de ésta; así pues, tu pulgar izquierdo debe estar sobre el lado derecho.

Con estos dos dedos es necesario mantener un apoyo firme al tiempo que se efectúa una tracción constante hacia abajo. El pene no debe estar vertical, sino paralelo a los muslos.
Cuando se ha adoptado esta posición correcta, comienzas a imprimir de inmediato a tu mano, y a partir de la muñeca, vibraciones muy rápidas de arriba hacia abajo, con el antebrazo rígidamente bloqueado. A continuación bloquearás el antebrazo a partir de la muñeca, luego agitarás con mucha velocidad el glande con tus dos dedos apenas apretados; la estimulación se hará cada vez mayor. A menudo la erección aparece al cabo de un tiempo extremadamente corto.

Tu pene se alarga y se endurece con excesiva velocidad; al mismo tiempo es necesario apoyar aún más los dedos izquierdos y estirar con mayor fuerza hacia abajo. Para conservar este ritmo sin mella, puesto que el pene tiene ten-dencia a escaparse hacia el interior de tus dedos, aprieta tus otros tres dedos contra la palma: ya estás casi en erección.

EJERCICIO 4

Sin ninguna duda, para la mayoría de los hombres, la posición de pie es la más estimulante y, en cualquier caso, la actitud preferida de los europeos durante el coito.
Por otra parte, es la actitud que mejor favorece la erección.
Estás, pues, de pie, desnudo, bien firme sobre tus piernas separadas por unos treinta centímetros. Miras tu sexo: desde el comienzo debes aprender, al sentirte excitado por la visión de tus órganos genitales, a conservar la lucidez indispensable para conservar tu distensión muscular. Sin lugar a dudas, esto no resulta evidente desde el comienzo, sino progresivamente; repitiendo aprenderás a dominar el asunto.

Cuida descubrir tu glande en caso de que él no lo haya hecho por sí mismo y controla tus nalgas con tus manos a fin de tomar completa conciencia de tu relajación.
Sobre el miembro relajado coloca tres dedos de la mano derecha: el mayor en la base del glande, el índice separado de los demás y situado justo por delante del meato, el pulgar sobre el dorso del pene (en la zona media), sin tocarlo.
La mano izquierda se limita a coger la nalga izquierda, simplemente apoyada sobre ella y no apretada, con el fin de llevar a cabo en todo momento la verificación del relajamiento.

Sacude lentamente y sin esfuerzo el pene de arriba a abajo sólo con el auxilio de tus tres dedos inferiores, que mantienen un contacto permanente. Este movimiento de poca amplitud hace que el dorso de tu pene golpee suave-mente en tu pulgar.
A1 cabo de unos cincuenta golpecillos, sentirás que se endurece. Tus nalgas se contraen y también tus muslos se endurecen. Distiéndete y no pienses ya en masturbarte.

Sólo se trata de buscar una deliciosa estimulación; nada más.
Poco a poco, al ver hincharse tu pene, sacúdelo con un poco más de vigor, con el pulgar siempre sin adherir.
Es necesario imprimir al glande, con una velocidad apropiada, una separación lo suficientemente neta respecto al cuerpo de la verga.
A partir de este momento, ésta debe percutir en la punta de tu índice. A1 cabo de algunos segundos sentirás un ligero dolor causado, precisamente, por este cacheteo. Es un buen signo, el dolor cesará: sin abandonar la maniobra, con las nalgas distendidas, entrarás en erección…

EJERCICIO 5

Entre todos estos ejercicios, algunos son más excitantes que otros. Algunos, incluso, se revelan particularmente eficaces para conducir a la erección en un lapso sorprendentemente corto. Otros, sin dejar de ser estimulantes, requieren una espera netamente superior. Por último, hay otros que no te resultarán demasiado evidentes. Puede incluso que algunos no te procuren ningún placer, mientras que encantarán a otras personas.

Antes de saber lo que es apropiado, hace falta haberlo probado, y más de una vez, pues lo que un día es negativo puede perfectamente resultar positivo al siguiente.
No conviene subestimar tampoco la imperfección de tus manipulaciones respecto a la técnica de manipulación presentada en el ejercicio. Puede que no la hayas captado bien y, en tal caso, el resultado no estará a la altura. Cada detalle tiene, o puede tener, una extrema importancia: un dedo colocado muy arriba o demasiado apoyado en un determinado momento puede, en efecto, contrariar de modo irremediable el efecto perseguido.
No olvides nunca que la menor variación es a veces suficiente para trascender tu placer.

El ejercicio que te propongo en este capítulo se revela muy excitante en la posición de pie y, por el contrario, más bien decepcionante en posición acostada. Pero, a pesar de su aparente simplicidad, su perfecta ejecución requiere mucha delicadeza y una excelente agilidad en la muñeca.

Sobre tu pene completamente relajado rodeas el glande descubierto con los extremos de los cinco dedos de la mano derecha colocados justo por detrás de la corona, con el pulgar colocado naturalmente sobre el dorso del pene. Lo mismo ha de suceder cuando sea una compañera la que produzca esta estimulación.
Levanta el pene hasta llevarlo a la horizontal, con el pulgar y el índice izquierdos colocados en oposición respecto a la base de éste.
Debes lograr que la muñeca se halle completamente flexible y relajada, claramente separada de la mano, formando prácticamente un ángulo recto.

Comienzas con la mayor rapidez posible un movimiento de vibraciones laterales izquierda-derecha de muy poca amplitud: ¡imagina que se trata de ultravibraciones! Para ello se requiere que la punta de los dedos se hagan particularmente ligeras, con un apoyo lo bastante superficial. La excitación comunicada se logra mediante esta impresión de incitación eléctrica y no mediante el tacto; tus dedos están allí sólo para mantener el pene en posición horizontal y para servir de paso a esta corriente emitida directamente a partir de la muñeca. Evidentemente, cuanto más capaz seas de producir esta aceleración de ultravibraciones, más sentirás tu sensación como una corriente que electrifica la zona sensible del glande.
Conserva siempre con suficiente apoyo los dedos agarrados a la raíz del pene, que, al mismo tiempo, tensan la totalidad de la piel.
Cada dos o tres segundos reajusta estos dos dedos por medio de desplazamientos imperceptibles de adelante a atrás. Tu pene comienza a hincharse: duplica la velocidad sin aumentar la amplitud del movimiento. Se hace todavía más grande; tus vibraciones deben hacerse entonces más secas, pues la aparición de la rigidez del pene obliga a los dedos a separarse: ya no lo mantienen, pero le sirven de dique. Las puertas de la erección están abiertas…

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