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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Posturas Sexuales. Hombre Encima


Se conoce popularmente como “la postura del misionero”, nombre que fue asignado por vez primera por los habitantes de las islas del Pacífico que presenciaron las “extrañas” actividades maritales de los misioneros blancos con la mujer acostada y el marido encima.

La postura en la que el hombre asume el papel más dominante, encima de la mujer, es una de las más comunes. Sin embargo, como elección obvia y automática, ha sido puesta en tela de juicio en los últimos años, debido a que las mujeres sexualmente liberadas desean compartir el papel activo en el sexo.
Se conoce popularmente como “la postura del misionero”, nombre que fue asignado por vez primera por los habitantes de las islas del Pacífico que presenciaron las “extrañas” actividades maritales de los misioneros blancos con la mujer acostada y el marido encima. Los isleños preferían hacer el amor con la mujer encima del hombre, postura en la cual ella podía expresar plenamente su sexualidad. En realidad, la “postura del misionero” habría sido la elección obvia siempre que el hombre asumiera el papel dominante en la pareja o la mujer considerara su papel sexual sólo un como deber.
El hecho de que esta postura siga siendo popular entre parejas sexualmente emancipadas probablemente se deba a que es una posición muy íntima, en la que ambos permanecen frente a frente y en contacto visual, pudiendo intercambiarse besos tiernos y excitantes y palabras de amor. Además ofrece un estrecho contacto físico entre las partes más erógenas y vulnerables del cuerpo, el pubis, el abdomen, el pecho y los senos.

Preparación para la penetración
A medida que avanza el juego sensual hacia el contacto sexual, hay un momento de transición física y psicológica para el hombre y para la mujer. No os precipitéis hacia la penetración si cualquiera de vosotros no se encuentra preparado. Si ambos os encontráis excitados a causa de las caricias, besos, palabras y abrazos del juego preliminar, la vulva de la mujer se habrá hinchado y la vagina estará segregando fluidos lista para recibir el pene; el pene del hombre estará erecto y firme, y dispuesto para introducirse en ella. Para comprobar si la mujer está lo suficientemente lubricada para recibir el pene, el hombre puede pasar los dedos sobre la vulva y la abertura vaginal, o simplemente preguntarle si se encuentra preparada para la penetración.

 

El hombre, en esta posición básica, se encuentra entre las piernas de la mujer cuando el pene empieza a penetrar en la vagina. La mujer se encuentra tumbada boca arriba y abre totalmente las piernas para que él pueda penetrarla. Una maniobra lenta y cuidadosa asegurará la permanencia del pene en la vagina de manera que no se salga. A muchas mujeres les gusta la penetración lenta, en la que la punta del pene se introduce y se demora provocativamente dentro del orificio vaginal. Esto ofrece a la mujer más tiempo para relajarse, emocional y físicamente, a fin de que la vagina quede inundada del deseo de ser llenada.
El hombre puede empezar a empujar despacio, moviendo la pelvis lenta y suavemente de un lado a otro, y dando más tiempo para la compenetración. Cuando está excitada, la parte más externa de la vagina se contrae y puede apretar firmemente el pene e incrementar así las agradables sensaciones de fricción. Sin embargo si el hombre se encuentra muy excitado, la pareja ha de tener cuidado para no sobreestimular la punta eróticamente sensible del pene si él es propenso a eyacular demasiado deprisa.

Para la mujer, la movilidad resulta más difícil haciendo el amor con el hombre encima. Puede ser conveniente colocar una almohada sobre las nalgas para que la pelvis bascule. De este modo, tendrá mayor libertad de movimientos en la cadera y quedará liberada la tensión de la región lumbar. Apoyando los pies en el colchón, puede hacer palanca con los músculos de las piernas para mover la pelvis y aumentar las sensaciones de ambos consiguiendo una mayor estimulación del clítoris mediante el roce con el pubis del hombre. El hombre debe soportar su propio peso con los brazos y las manos, manteniendo el tronco ligeramente levantado para no aplastarla con el cuerpo.

La penetración profunda puede lograrse desde una posición en la que la mujer arquee ligeramente la espalda, de forma que la vagina quede levantada y abierta. El hombre puede ayudarla levantando y soportando la pelvis de la mujer mientras la empuja hacia él. Muchas mujeres encuentran muy excitante el hecho de tener los glúteos ligeramente separados en esta posición, de manera que el ano queda expuesto y un tanto distendido. El empuje en esta posición crea intensas sensaciones vaginales y, soportando el peso de la pelvis con una mano, el hombre puede utilizar los dedos para estimular el clítoris al mismo tiempo.

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