Prostitucion en la época Victoriana, en Inglaterra.

La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Londres se calcula que habían unas 2.000 prostitutas en los barrios bajos de la ciudad. Generalmente éstas eran mujeres que hacían la calle por unas pocas monedas y que procedían de las más diversas nacionalidades. Londres era una capital terriblemente pujante y era un destino muy popular en los flujos migratorios.

Las prostitutas poblaban los bares y las calles de Whitechapel, uno de los barrios más pobres del East End. Pero también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad.

La prostitución homosexual también existía. Se concentraba eso sí en burdeles mucho más secretos ya que el tabú entonces era aún mucho mayor. El puritanismo y la doble moral son propias de la época. La Reina Victoria mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad porque según la reina podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer. Nos encontramos pues ante una época sexualmente muy represiva pero increíblemente prolífica bajo su superficie. De hecho, se hizo famoso el escándalo de la redada de un burdel homosexual ya que salpicó a nombres de la aristocracia.

En muchas ocasiones el coito se practicaba en plena calle, durante la noche. La mujer se colocaba tanto delante de espaldas ya que con suerte, si el cliente estaba algo borracho, siempre podía colocar su miembro entre sus muslos y así evitar la penetración.

Las enfermedades sexuales fueron, por consiguiente, muy corrientes en la época, como lo fue también la tuberculosis.

La irrupción de Jack el Destripador en el verano de 1888 fue devastadora para las prostitutas de Londres. La histeria se apoderó no sólo de Londres sino del país entero que leía las noticias en los periódicos con estupor e indignación de que ni toda la policía de la ciudad pudiera detener a un sólo hombre. El asesinato de prostitutas era algo corriente entonces. Se registraban muchos acuchillamientos y también muchos suicidios de mujeres que rajaban su garganta con un cuchillo (entonces era una forma de suicidio corriente) pero el modus operandi del asesino sorprendió a los más insensibles y la época victoriana dio a luz al primer asesino en serie que conocemos.

 

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