Marihuana y Problemas Sexuales

 Efecto negativos de la marihuana en la sexualidad masculina

El consumo moderado de cannabis o de alcohol no solo parece tener efectos negativos mínimos o despreciables en la función sexual, sino que pueden producir, en dosis bajas, un efecto estimulante, aumentando la deshinibición y el apetito sexual,como mostró un artículo publicado en el Current Sexual Health. Por otra parte, el abuso de estas sustancias puede producir problemas en la función sexual, como dificultades en alcanzar el orgasmo o para lograr una erección. En el caso del cannabis, un estudio de 2012 publicado en la Journal of Psychoactive Drugs concluyó que la prevalencia de la disfunción eréctil es tres veces mayor entre los consumidores diarios de marihuana que entre los no consumidores.

Un estudio de la Journal of Sexual Medicine publicado en 2011, sugiere que existe una relación negativa entre el consumo de cannabis y la función eréctil. El estudio se realizó con animales en los que se constató que el cannabis producía efectos inhibitorios en determinados receptores del tejido eréctil del pene. Con todo, los autores no extraen conclusiones definitivas acerca de lo que implican estos hallazgos en la sexualidad masculina humana y recomiendan más investigaciones.

Otro estudio de la American Journal of Epidemiology publicado en 2012 encontró una relación entre el consumo de marihuana y un peor recuento y calidad del esperma. El 29% de los 215 sujetos de estudio daneses que consumieron marihuana durante tres meses desarrollaron este efecto, aunque todo sea dicho, parece que las cosas vuelven a su cauce cuando uno deja de consumir, por lo que se considera este hallazgo como una vía de estudio para tratamientos de control de natalidad.

Así es como afecta el consumo de marihuana.

El hombre que consume marihuana tiene altas posibilidades de sufrir disfunción eréctil debido a  que los componentes químicos de esta droga pueden afectar el neurotransmisor acetilcolina, junto al sistema nervioso parasimpático, son responsables de mantener la erección durante el sexo.

Los químicos de la marihuana «reemplazan» la acetilcolina en las sinapsis de los nervios, por lo que las funciones cerebrales del hombre se alteran y no pueden producir una erección ni un orgasmo. Y cuando los químicos de la marihuana están bien «instalados» en el cerebro, es muy difícil sacarlos de ahí.

Si el consumo continúa, esto te puedo llevar a la impotencia absoluta. Esto ocurre cuando la función del sistema parasimpático que controla el pene es cancelada por el cerebro debido a la deficiencia del neurotransmisor acetilcolina en las sinapsis de los nervios y las interneuronas.

Tampoco puedes alcanzar el orgasmo debido a que la deficiencia de acetilcolina en los ganglios y la médula adrenal, en los que este neurotransmisor ayuda a coordinar las funciones del sistema nervios parasimpático que se encargan de segregar, noradrenalina y adrenalina, que provocan las contracciones orgásmicas en las fibras contráctiles de la pelvis.

Y para rematar, la producción de semen y las funciones testiculares también decaerán, lo que hará que tus eyaculaciones disminuyan cada vez más hasta secarse, al igual que tu vida sexual.

Marihuana

Los términos cannabis y marihuana, entre muchos otros, hacen referencia a las sustancias psicoactivas que son consumidas de la planta Cannabis sativa con fines recreativos, religiosos y medicinales. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, se trata de “la sustancia ilícita más utilizada en el mundo”.
El compuesto químico psicoactivo predominante en el cannabis es el tetrahidrocannabinol, también conocido por sus siglas, THC. El cannabis contiene más de cuatrocientos compuestos químicos diferentes, entre ellos al menos sesenta y seis cannabinoides aparte del THC.
La marihuana, al igual que el alcohol, tiene efectos depresores, y las consideraciones sobre sus efectos de relajación física y mental y el sentimiento de bienestar, probablemente provengan del mismo tipo de desinhibición. Quizá por esto algunas personas hablan de la utilidad de la marihuana para enfrentarse a la ansiedad asociada a situaciones relacionadas con la conducta sexual. La desinhibición permite obviar los prejuicios sociales y los tabúes personales.
Está comprobado que como efectos inmediatos en la esfera sexual ayuda en la desinhibición, relaja y produce sensación de bienestar, aumenta la sensibilidad táctil y distorsiona la realidad.
Sin embargo, hay estudios que evidencian que el consumo frecuente, reduce los niveles de testosterona y puede causar disminución en la producción de espermatozoides. Igualmente disminuye el deseo sexual y provoca disfunción eréctil. El nivel de expectativas y sugestionabilidad de quien la consume, lo mismo que el alcohol, pueden ser muy importantes. Un consumo persistente suele concluir con un deseo sexual hipoactivo o inhibido.
En algunos casos se informa, en mujeres, de disminución de la lubricación vaginal, con la complicación de la dispareunia o coito doloroso. Entre los efectos a largo plazo, la mayoría de los autores están de acuerdo en que la marihuana inhibe la producción de hormonas sexuales (en el hombre provoca reducción en la producción de esperma, a la vez que un mayor número de espermatozoides anómalos, y en la mujer suprime la ovulación y facilita irregularidades en el ciclo menstrual).

Hasta hace un tiempo, se sabía poco sobre los mecanismos específicos de acción del THC en el nivel neuronal. Esto es en parte debido a la alta solubilidad en lípidos de THC (que conduce a la absorción de prácticamente todos los tejidos a altas concentraciones). Sin embargo, los investigadores han confirmado que el THC ejerce sus efectos más importantes a través de sus acciones en dos tipos de receptores cannabinoides, CB1 y CB2, los cuales están acoplados a proteína G. El receptor CB1 se encuentra principalmente en el cerebro así como en algunos tejidos periféricos, y el receptor CB2 se encuentra exclusivamente en los tejidos periféricos.

Infidelidad en la Pareja. La terapia funciona.

Terapia de pareja después de la infidelidad.

La infidelidad en las relaciones de pareja es la primera causa de divorcio; produce unas fortísimas reacciones emocionales y causa ansiedad y depresión. Pero no todas las parejas en las que se da la infidelidad se separan algunas mantienen su relación por muchas razones. Algunas de esas parejas acuden a terapia; pero la recuperación de la pareja después de la infidelidad es uno de los problemas más difíciles de la terapia de pareja.

No todas las parejas en las que se da la infidelidad se separan, algunas se reconcilian y continúan su relación superando el problema. El proceso de reconciliación es difícil y muchas veces es necesaria la intervención terapéutica para llevarlo a cabo. La infidelidad se considera, además, uno de los más difíciles asuntos a tratar en la terapia de pareja (Whisman, Dixon, y Johnson, 1997).

Dupree y otros (2007) han realizado una revisión de los métodos ahora existentes para proponer un tratamiento basado en el consenso entre los expertos. En todos los que consideran encuentran como elemento fundamental la propuesta de que se dé un proceso de perdón que lleve a la reconciliación.  El perdón es un proceso que tiene efectos saludables en la persona que perdona promoviendo su salud mental; pero ha sido incorporado al quehacer terapéutico en fechas muy recientes y no hay un consenso muy elaborado sobre cuales son los procesos que se han de seguir para llevarlo a cabo (Wade, Johnson, y Meyer, 2008). Se puede afirmar que la reconciliación que se busca en la pareja después de la infidelidad tiene que pasar por un proceso de pedir perdón y perdonar.

Qué es la infidelidad.

La fidelidad es una de las bases sobre las que se construyen la inmensa mayoría de los matrimonios y de las parejas que mantienen una relación estable. Ahora bien, raramente se establece de forma explícita y clara en qué consiste ser fiel. Muchas veces no se hacen explícitos los comportamientos que son admisibles para cada uno en la relación de pareja. Se dan por supuestos, es decir, se establecen de forma implícita de acuerdo con elementos como los usos sociales, o las costumbres y suposiciones de las familias de origen o del contexto social de cada cual.

Generalmente se ha venido considerando la infidelidad como el hecho de tener relaciones sexuales fuera de la pareja. Ahora bien, en los últimos tiempos se ha ampliado esta definición teniendo en cuenta otros hechos que constituyen también infidelidad como las relaciones emocionales y románticas. Así Hall y Fincham (2006) siguiendo a Glass (2002) consideran la infidelidad como “una relación sexual, romántica o emocional que viola el compromiso exclusivo con la relación de pareja”.

Un aspecto importante de la infidelidad es el hecho de que, en general, se da en secreto. El secreto es un aspecto que implica traición a lo pactado tácitamente y es un elemento importante a la hora de romper la confianza necesaria y básica sobre la que se establece la relación de pareja. Se plantea así uno de los objetivos terapéuticos más difíciles, la restauración de esa confianza.

Terapia de Pareja tras la infidelidad. el perdón.

Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica a tener en cuenta (Wade y otros, 2008), aunque sus efectos positivos en la persona son importantes.

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).  Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade y otros, 2008). En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.

Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008). Pero perdonar no implica necesariamente la reconciliación. La reconciliación implica continuar la relación con el infiel y, en esa relación, ha de haber conductas constructivas explícitas.

Reconstrucción de la Pareja en Terapia.

Una de las primeras preguntas que se hacen las parejas cuando llegan a la terapia es si es posible o no recuperar la ilusión y el amor. La respuesta a esta pregunta es que es posible recuperar una relación totalmente gratificante, salvo que no haya cooperación de uno de los miembros o que el daño debido a la traición sea demasiado grande para poder con él.

Según Olson y otros (2002) aunque las personas infieles dicen claramente que la infidelidad no fue algo positivo, muchos de ellos, describen cambios provechosos en su vida a raíz de la infidelidad. Así afirman que se ha desarrollado una relación de pareja más íntima, ellos son más asertivos, han colocado la familia en un lugar más importante en sus vidas, se cuidan mejor ellos mismos, y se dan cuenta de la importancia de la comunicación en la pareja.

En el camino de la reconciliación que se da en estas parejas destacan como elementos importantes la continuidad de la comunicación, encontrar ayuda fuera de la pareja, tener mucha paciencia y ofrecer el perdón (Olson y otros, 2002). La gran mayoría de los autores, de forma análoga, proponen una serie de fases en las que se van organizando los procesos hacia la reconciliación. Consideran una primera etapa de desactivación del impacto emocional que ha sufrido el traicionado. En ella se incluye la evaluación y la planificación del tratamiento. Una segunda etapa que enfatiza en los procesos cognitivos que permiten el reencuadre de lo ocurrido. Finalmente, una tercera etapa de perdón y reconciliación (Gordon y otros, 2004; Dupree y otros, 2007, Johnson, 2005). El momento de la decisión de continuar o no con la pareja puede darse en distintas fases de la terapia. Gordon y otros (2004) la sitúan en la fase segunda o en la última fase, después del perdón.

Proponer una serie de fases sugiere de alguna forma una secuencia temporal o causal que hay que seguir obligatoriamente. Sin embargo, lo que ha de darse es un conjunto de tareas que conduzcan al perdón y a la reconciliación. Esas tareas se ejecutan principalmente, pero no de forma exclusiva, en determinados momentos del proceso de reconstrucción de la pareja; ahora bien no dejarán de ser necesarias en cualquier momento del proceso. Por ejemplo, todos los autores reconocen que, aunque se haya desactivado en cierta medida la emocionalidad del traicionado, ante un estímulo o pensamiento determinado pueden volver a aparecer fuertes reacciones emocionales.

Pareja y su papel en la disfunción eréctil

En Pareja … Mantén relaciones sexuales satisfactorias

La existencia de disfunciones sexuales en uno de los miembros de la pareja impacta negativamente en la calidad de vida de ambos componentes.

Cuando aparecen los problemas de erección y la falta de deseo en el hombre, la pareja suele ser la primera en percatarse. Sin embargo, pocos hombres se atreven a tratar el tema abiertamente, debido al temor, la culpabilidad y el estrés que les produce «fallar» durante la relación sexual, y adoptan una falsa postura de desinterés hacia la sexualidad, lo que genera diferencias y, con frecuencia, el deterioro de la relación.

Y es justamente en ese momento cuando la pareja debe actuar para propiciar el abordaje del problema con naturalidad, a través de una comunicación fluida. En un estudio reciente , en el que participaron 512 hombres que habían experimentado en algún momento problemas de erección, sólo un 20% de ellos buscó solución. Además, el hombre tarda una media de 1,7 años en consultar con el médico y/o Sexólogo sobre sus dificultades de erección. Uno de cada 3 hombres que acudieron al Sexólogo y/o médico lo hicieron motivados por su parejas, lo cual revela el papel decisivo de ésta en la visita al sexólogo y/o médico y, por ende, en el diagnóstico y tratamiento oportuno de los problemas de erección y déficit de testosterona del hombre.

La disfunción eréctil en varones mayores de 50 años, suele asociarse irrefutablemente a la edad, cuando en realidad puede ser una señal de que hay otros aspectos en la salud general masculina que no están funcionando como deberían.

La pareja no solo debe fomentar la búsqueda de asistencia psicológica, sexológica y/o médica en estos casos: es fundamental hacerle comprender al hombre que las disfunciones sexuales muchas veces pueden ser motivadas por otros problemas de salud que deben ser tratados a tiempo, especialmente aquellos relacionados con la salud cardiovascular.

De igual manera, se estima que alrededor de la mitad de los hombres que experimentan problemas sexuales interrumpen la medicación , de allí que el apoyo de la pareja sea determinante en la adherencia(cumplimento) al tratamiento.

Como pareja, qué señales deben dar la alarma:

  • Cambios en la actividad sexual regular. Si la incapacidad para mantener una erección ha dejado de ser un hecho puntual o si notas que hay menor deseo sexual o incluso dificultad para alcanzar el orgasmo.
  • Perturbación del estado de ánimo. Estar irritable, ansioso o deprimido de manera habitual puede ser una reacción inconsciente para evadir el problema real.
  • Otros problemas de salud. La obesidad y la diabetes, la pérdida de vitalidad y hasta la falta de concentración pueden estar relacionados con disfunciones sexuales.

¿Cómo ayudar a tu pareja si padece de Disfunción eréctil?

Además de invitar a tu pareja a conversar sobre este tema, evitando los juicios negativos, es importante que le sugieras la búsqueda de información fiable sobre salud sexual, pues aceptar que su disfunción puede estar enmascarando otros problemas de salud podría ser el primer paso para que se anime a consultar a su médico y a preparar esa primera visita.

Vaginismo y relaciones sexuales dolorosas

Cuando las relaciones sexuales son dolorosas

El vaginismo es la dificultad de realizar el coito, debido a la contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, y que se produce al tocarla o presionarla. Esta contracción hace que se cierre parcial o totalmente y provoca que la penetración del pene sea dolorosa.

Síntomas del vaginismo

El vaginismo puede manifestarse como una leve incomodidad, una sensación de ardor, o un dolor intenso en el momento de la penetración. A veces, pueden alternarse periodos de agravamiento o mejoría de forma espontánea.

Si padeces estos síntomas que dificultan tus relaciones sexuales, debes consultar con un Psicólogo, especialista en Sexología o Sexólogo.

¿Por qué es importante tratarlo?

El vaginismo es una disfunción sexual femenina que afecta al 12% de las mujeres, que tiene solución y no tiene por qué representar un problema grave. Es importante tratarlo, ya que suele generar angustia, frustración, culpa y baja autoestima, entre otras emociones; llegando en algunos casos, a pensar en la imposibilidad de formar una familia.

No solo afecta en el plano sexual, sino que en muchas ocasiones puede generar problemas al introducir tampones o al someterse a una revisión ginecológica.

Dado que la sexualidad sigue siendo todavía un tema muy privado y algo “tabú”, algunas mujeres afectadas pueden esperar hasta dos años para hacer la consulta al especialista en Sexología.

¿Cuándo aparece el vaginismo?

El vaginismo suele aparecer en la adolescencia, al iniciarse las relaciones sexuales y es en estos casos cuando se considera primario. También puede darse en edades más avanzadas, sobre todo en periodo menopáusico, en mujeres que no han tenido problemas de relaciones a lo largo de la vida. En este caso se trataría de vaginismo secundario.

¿Cuáles son las causas del vaginismo?

Las causas que generan el vaginismo se deben a dos factores principales:

Orgánicos:

  • Himen hipertrófico
  • Endometriosis
  • Tumores
  • Cicatrices
  • Hemorroides
  • Alteraciones en la piel de la vulva

Psicológicos (son los más frecuentes)

  • Ansiedad antes de la penetración
  • Miedo a padecer dolor
  • Miedo a quedar embarazada
  • Haber experimentado experiencias sexuales negativas
  • Haber sufrido violación o abusos
  • Depresión
  • Baja autoestima

¿Cómo se diagnostica el vaginismo?

El vaginismo se diagnostica por los síntomas que presenta la paciente y por la exploración ginecológica. En primer lugar, debes explicar a tu sexólogo  y/o ginecólogo exactamente lo que sientes cuando mantienes relaciones sexuales, y una vez tenga esta información, te realizará una exploración para descartar otras causas que puedan impedir la penetración.

¿Qué tratamientos existen para el vaginismo?

El vaginismo es una disfunción sexual que no se suele resolver sin ayuda, pero que el porcentaje de éxito es muy elevado. Principalmente, el tratamiento se centra en reducir la tensión de los músculos vaginales y el temor al dolor que sientes al tocarte la vagina o cuando mantienes relaciones sexuales. Si la causa es orgánica, existen tratamientos y técnicas para solucionar el problema. Cuando la causa es psicológica, los especialistas recomiendan abordarlo desde diversos frentes, como la eliminación de ideas erróneas relativas a la penetración, así como el control de la ansiedad que pueda aumentar la tensión muscular.

Para disminuir esta reacción refleja, hay ejercicios de tacto y exploración para desensibilizar la zona genital del dolor

También existen otros ejercicios, llamados Ejercicios de Kegelque implican la contracción y relajación de los músculos del suelo pélvico, que son los que controlan la orina.

Adolescencia y Sexualidad. Hablemos con nuestros hijos

La sexualidad de los adolescentes: hable antes de que comiencen su propio camino.

​La adolescencia puede ser muy difícil de atravesar si no se habla del sexo, la sexualidad y la identidad sexual. Aunque a los padres muchas veces sus adolescentes les parecen como de otro planeta, son seres humanos. Es fundamental abordar con franqueza las muy humanas preguntas sobre el desarrollo sexual, el deseo sexual y la naturaleza de la identidad sexual en el desarrollo del adolescente. Es muy importante compartir información objetiva con su hijo adolescente y brindarle una correcta orientación moral para que tenga herramientas que le permitan comprender lo que le está sucediendo. Con estos recursos, su hijo podrá evitar errores de juicio devastadores y que puedan poner en riesgo su vida.

«Sobre todas las cosas, es fundamental que los padres sean sinceros, honestos y estén a disposición de sus hijos»

«Los padres suelen tener sus propios intereses: no hagas esto ni aquello. Pero es necesario que tomen una pausa para analizar y dejen de lado las opiniones antes de entablar esta conversación»

«Lo más apropiado e importante para un padre y un niño o adolescente al abordar las preguntas sobre la sexualidad y la salud sexual es tener abierto el canal de la comunicación».

Los mensajes que reciben

En la cultura sobre sexualizada actual de los sitios de internet, los animadores de los medios masivos de comunicación y la programación durante las 24 horas del día, los 7 días de la semana, la charla tradicional de la «cigüeña» (o el folleto que se le entrega al niño para que lea por su cuenta) sobre los aspectos básicos de la reproducción es completamente inadecuada. La única manera de fomentar el bienestar y la seguridad de los padres y los hijos por igual es preparar con cuidado a los niños para los cambios normales en sus cuerpos, el ataque continúo ejercido por la presión de los compañeros, la glorificación mediática de la sexualidad irresponsable y los atractivos engañosos de la publicidad.

«Hay muchas cosas en los medios de comunicación que no son apropiadas para una edad determinada», dice el Dr. Wibbelsman, coautor de El libro del cuerpo del adolescente El crecimiento y los cambios (en inglés). «Nosotros, como padres, no soltamos a nuestros hijos en la calle y les deseamos suerte antes de mandarlos al mundo por su cuenta. Los tomamos de la mano. Les advertimos sobre los riesgos. Y confiamos en ellos dándoles más responsabilidad solamente cuando tienen la edad suficiente y demuestran que están listos para manejarla».

«Todo a nuestro alrededor, y los medios de comunicación en particular, hablan sobre el sexo. Es difícil evitarlo».

El único método infalible para lograr la seguridad sexual, por supuesto, es decir «no» y posponer la actividad sexual hasta que estén preparados. La buena noticia es que la mitad de todos los adolescentes lo hacen. Pero eso deja a la otra mitad en riesgo; muchos de ellos tienen relaciones sexuales sin protección, lo que los expone a enfermedades potencialmente graves y embarazos no deseados.

Lo más importante que debe enseñarle a su hijo es la responsabilidad, hable sobre cómo tomar decisiones y hágales entender cuáles serán las consecuencias de tales decisiones. Puede comenzar hablando sobre las decisiones y las consecuencias que no se relacionan con el sexo y luego llevar la conversación hacia la sexualidad. Después de todo, tener relaciones sexuales o no tenerlas tiene sus consecuencias y cada niño va a recibir mucha información falsa en su vida, tanto sea de sus amigos y compañeros, como de los medios de comunicación.

Las presiones que sufren los niños por parte de sus amigos y compañeros, al igual que de los medios de comunicación como se mencionó anteriormente, pueden ofrecer, en realidad, la manera más efectiva para iniciar lo que debe ser un diálogo continuo sobre el sexo y la sexualidad, no una sola charla o conversación. Entonces ¿qué debemos hacer? Es bueno convertir estas experiencias con los medios de comunicación en momentos didácticos.

Ver algo en los medios de comunicación con una obvia connotación sexual puede desatar una conversación entre un adolescente y sus padres. ¿El anuncio es bueno o malo? ¿Qué mensaje intenta transmitir el anuncio? Use este momento como una oportunidad de enseñar y motivar, no de dar una opinión dura y displicente. Al permitirle al niño participar y desarrollar su autoestima y su confianza en su capacidad para opinar, le demuestra que usted respeta lo que está aprendiendo y cómo está creciendo en el proceso de tomar decisiones.

Cómo iniciar la conversación

¿Cuándo es entonces el momento indicado para hablar con su hijo sobre el sexo? Es conveniente comenzar a preparar el terreno para estas conversaciones mucho antes del inicio de la pubertad. Cuanto más frecuentes y francas sean las conversaciones sobre temas sexuales, más probabilidades habrá de que tales conversaciones sean más fáciles e incluso más sinceras, a medida que ambos se sientan cómodos hablando de ello.

Reconozcamos que a todos nos da vergüenza hablar sobre el sexo con otras personas. La manera más fácil de comenzar es ser honesto con su hijo adolescente: «Realmente es difícil para mí hablar de esto y fue difícil hacerlo con mi papá cuando tenía tu edad. Pero es importante conversar y a veces debemos hablar sobre cosas incómodas».

No olvide recordarle a su hijo que siempre está de su lado. Nunca permita que se olvide de que su amor es incondicional. Dígale que usted lo apoya, que lo ama y que estará a su lado sin importar lo que suceda. Sí, es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero no por eso es menos importante.

Si usted y su hijo conversan sobre el tema con delicadeza, es mucho más probable que puedan vencer las complejidades juntos.

Cómo mantener los canales de comunicación abiertos

A medida que su hijo madure física, mental y emocionalmente, surgirán oportunidades para que las conversaciones habituales sobre la sexualidad formen parte de su diálogo permanente. Obviamente, los cambios en el cuerpo de su hijo al comenzar la pubertad son indicadores cruciales para tener tales conversaciones.

Un área que debe recibir especial atención son los «mitos urbanos»; información falsa que «todos» conocen, que pasa de adolescente a adolescente (e incluso de generación en generación: no se sorprenda si descubre que su hijo ha escuchado algunos de los mismos mitos e información errónea que circulaban durante su adolescencia). Por ejemplo, aclárele que el sexo oral tiene sus riesgos y que tener relaciones sexuales sin protección, aunque no haya eyaculación, no es un método anticonceptivo eficaz, etc. «Es muy importante tener la información correcta desde el principio y compartir esa información con su hijo», «Eso estimula la confianza y esa confianza es fundamental para orientar a su hijo adolescente en estos momentos difíciles».

En particular, sea específico y preciso sobre los riesgos del embarazo, la eficacia (y las limitaciones) de los diferentes tipos de métodos anticonceptivos y las diversas enfermedades de transmisión sexual y sus efectos.

Cómo contrarrestar la presión

Uno de los temas clave que debe enfatizar es que nadie tiene el derecho de presionar a su hijo o hija a tener relaciones sexuales. Para afrontar la presión de amigos y compañeros (y la presión de los medios de comunicación que suele estimularla), puede empoderar a sus hijos con la capacidad que tienen para enfrentar esa presión, y con los valores que son más importantes que la gratificación inmediata y su libertad absoluta para compartir sus preocupaciones con usted.

Es totalmente natural que los adolescentes tengan preguntas sobre el sexo y la identidad sexual. Si bien las actitudes hacia la identidad sexual (entre otros temas) siguen siendo difíciles y complejas, lo importante es recordar que todos nosotros tenemos esas preguntas en algún momento. Es necesario que los padres sean receptivos al respecto, entiendan el espectro completo de la sexualidad y la orientación sexual, y no intenten canalizarlo en un sector o un área particulares. Acepte las preguntas del adolescente como parte del crecimiento, porque se trata de eso precisamente. Pero al mismo tiempo, permita que el adolescente sepa cuáles son sus opiniones y valores. Reconozca que existen diferencias entre los hechos y su opinión, y sea claro con respecto a ambos.

¿Pero cómo hacerlo de manera tal que los canales se mantengan abiertos? En realidad, se trata de una palabra de cuatro letras. La clave es decirles a sus hijos adolescentes que los aman sin importar en quiénes se conviertan. Pueden ser altos, bajos, gordos, delgados, saludables o estar enfermos, pero los amarán a pesar de todo, y de las decisiones que tomen. Para muchos padres, es más fácil decirlo que hacerlo, pero esa es la clave para criar a un adolescente saludable.

Y no dude en hablar sobre valores, moral y ética en relación con el sexo, sin dar sermones, sino brindando orientación. Al brindarle a su hijo un marco sólido de información y valores, ha dado un gran paso para asegurarse de que cuando sea alguien sexualmente activo, será con el conocimiento, la preparación y la madurez que marcará la transición a la actividad sexual como una elección informada y no un accidente peligroso.