Tecnicas de Control de la Eyaculacion I.

EYACULACION CONTROLADA.

EJERCICIO 2

Franquearemos en este ejercicio un grado suplementario en el cual al encadenamiento de las causas responde una idéntica progresión del placer. Llegar al pleno control masturbatorio y decidir acerca de la eyaculación son he-chos posibles a condición de respetar ciertas condiciones.
Su ejecución difiere mucho del primer ejercicio. En éste, los tres grados se sucedían sin que fuese indispensable volver de uno de ellos al precedente. Por el contrario, en el siguiente, si bien se mantiene el orden, hay una doble e incluso triple realización del conjunto. Sólo de esta manera llegarás a prolongar casi indefinidamente el dominio de tu goce.
Te hallas dispuesto de la misma forma que en el ejercicio anterior.
Tras un comienzo de estimulación, mastúrbate naturalmente prestando atención a cerrar los ojos, como hemos repetido varias veces al tratar de la relajación. Haz que intervengan todas las variaciones, insistiendo en particular en las alternancias de velocidad (rápida y muy lenta), siempre que no prolongues demasiado cada una de ellas.

Los movimientos adaptados a la fase rápida deben tener la máxima amplitud, un vaivén a todo lo largo del pene, mientras que los de la fase lenta deben ser un poco esbozados. En toda ocasión, los cambios de mano resultan extremadamente positivos, pero en este estadio es preferible mantener la estimulación con una sola mano.
Cuando sientas llegar los signos del placer, detén el movimiento de velocidad rápida y prosigue sólo con el movimiento lento hasta que se haga casi inadvertible; asimismo, la presión debe ser la más débil posible.
No hace falta más para que la tensión se atenúe, sobre todo si realizas un buen control de los músculos de las nalgas.

Poco a poco desplazas las caricias a la mitad superior del pene y, en un primer tiempo, sin modificar la velocidad de ejecución, siempre lo bastante lenta pero con una presión acentuada por parte de la mano; acortas luego el vaivén, que se detiene a la altura del glande, sobre el cual se deslizará el prepucio. Entonces juegas más rápido y con mayor fuerza.
Cuando el placer vuelve a renacer, netamente más intenso, detente sin demora y deja que la mano descienda hacia la raíz del pene; a esa altura se situará durante algunos minutos una masturbación muy lenta y suave. Al mismo tiempo te desconcentras.

Hasta aquí mantienes los ojos cerrados. Ahora debes mirar tu mano asida al sexo, por intermedio del espejo, vigilando siempre la relajación muscular. Con amplitud, velocidad y presión progresivas acaricias el pene en su totalidad insistiendo cada vez más en la corona del glande mediante la pinza formada por el pulgar y el índice. No esperes a sumergirte en una excitación demasiado acusada, que no podrías contener.
Comprime este anillo durante algunos segundos, no te muevas, inspira con mucha profundidad, espira a fondo con la mayor lentitud posible y, mientras tanto, concentra tu mente en esta respiración para controlarla, para lo que cierras una vez más los ojos.
Esta diversificación conduce naturalmente a un decremento de la intensidad del placer.

Vuelve al principio del ejercicio, en el mismo orden y las mismas condiciones. Sin mayores dificultades has de poder proseguir cada una de estas tres fases durante un tiempo netamente superior; por otra parte, mediante el control preciso de tus sensaciones, debes abstenerte de cualquier detención, por más limitada que ésta sea.
Cuando estés en el tercer ciclo: mira tu masturbación en el espejo, «trampea» una fracción de segundo directamente sobre tu glande. La constatación de tu excitación es evidente, pero vuelve a coger enseguida el espejo e intensifica tu mirada sobre la gran amplitud de tu vaivén hasta el momento en que experimentes un acrecentamiento súbito del placer.
Cierra los ojos por tercera vez y vuelve al comienzo, aunque sin dar importancia señalada a tu respiración; si decides no eyacular antes del final de esta tercera serie, debes entrar necesariamente en ese «estado segundo» en el que tus sensaciones de placer llegan a tu cerebro, exentas de toda «idea emocional».

Tu deseo latente pasa a segundo plano pues te hallas dichoso de prolongar tu placer. Desde todo punto de vista es recomendable y accesible prolongar mucho más el primer período, insertando en tu masturbación global y a ciegas la representación mental de su movimiento. Debes ser capaz de verte con los ojos cerrados.
Si la concentración sobre tu visualización erótica te basta, tu placer se intensifica de forma prodigiosa. Cuando llegas a la masturbación limitada al glande tu goce se hace permanente, lo que no podría haber sucedido la primera vez.

No obstante, conservas la suficiente lucidez como para alcanzar el último estadio, en el que la imagen de tu pene en el espejo confirma la que acabas de imaginar. Sólo entonces, llegado al paroxismo de lo que eres capaz de soportar, decidirás eyacular.

Texto Original de libro de Mark Emme: “Tecnicas de maturbación para el hombre”

Post from: Sexologia por Sexologos Valencia.

Tecnicas de Control de la Eyaculacion I.

Deja un comentario