Tecnicas de Control de la Eyaculacion II

tecnicas de Control de la Eyaculación

EJERCICIO 3

Llegamos ahora al estadio más alto de la resistencia ante una eyaculación prematura, incluso en las condiciones menos favorables, es decir, en posición acostada y con el pene seco.
En este caso la excitación visual es total en los tres estadios sucesivos y hace que la intensidad de placer sea más difícilmente soportable.
Según tu grado de excitación previo y tus posibilidades de «resistencia», la actitud a adoptar ante el espejo es diferente.
Si eres «sólido» y sabes que has controlado los ejercicios precedentes, te tienes que acostar paralelamente al espejo; en caso contrario te mantendrás perpendicular (es decir, de cara) para contener mejor la excitación de tu ima-gen. Cabe agregar que con la aportación de la mirada, cuanto más seas capaz de conservar tu dominio en una masturbación, menos difícil será tu resistencia para que dure el placer procurado por una mano extraña.
En cualquier caso, es importante comenzar, una vez establecida la erección, por una excitación prolongada del glande.
La mayor dificultad se sitúa en este estadio, pues si tu erección se debe al vaivén clásico y no a otra estimulación, es necesario resistir el deseo de proseguirla durante demasiado tiempo.
Debes comenzar por el anillo, ya conocido, formado por el pulgar y el índice; el movimiento ha de ser lento pero sobre todo firme.
A raíz del estiramiento del pene, la estrangulación del glande debe ser muy notoria; a medida que el glande cobra consistencia, cúbrelo parcial o totalmente con el prepucio, según sea la disponibilidad de éste.
Presta atención a la concentración visual, que no debe intervenir más que por medio del espejo, si quieres aumentar la duración.
Te liberas del espejo sólo después de haber logrado éxito por lo menos tres veces (y bajo la influencia de un placer cada vez más insistente) en la contención de tu deseo de masturbarte de forma más completa.
Mírate ahora y prosigue durante varios minutos con la misma estimulación. De modo muy progresivo, la mano reemplaza el anillo inicial y, también progresivamente, el gesto aumenta en amplitud.

A fin de mantener el placer dentro de los límites de lo soportable conviene llevar a cabo las modulaciones siguientes: a partir de un vaivén extendido en la totalidad del pene, lento, regular y de poca presión, trasládalo hacia la base adoptando una velocidad rápida de modo que la mano choque con los testículos; más tarde alterna con el movimiento general que habrás hecho menos rápido, aunque comprimiendo mucho más al ascender que al descender.

Tras retomar otra vez el ritmo lento y regular, invierte el orden de las manipulaciones precedentes: cortas, fuertes y lentas hacia abajo, y más suaves y rápidas hacia arriba. El placer persiste, el deseo de eyacular no aparece tan abiertamente como la primera vez. Se produce incluso un fenómeno contrario: cuanto más marcas la diferencia entre modulaciones y movimientos generales, menos se precisa la idea de la eyaculación.

Durante toda la duración de esta segunda etapa, que puede, en efecto, ser muy larga, es necesario que la mirada se pose esencialmente en la mano y en la parte del pene que ella masturba; esta condición imperativa es imprescindible para acompañar y contener el placer.

Pasamos ahora a la última fase del ejercicio en la que interviene la decisión de eyacular.
Mientras prosigues la masturbación normal, lleva intermitentemente la mirada al glande. A1 comienzo sólo habrás de tener de éste una visión furtiva, para volver a la parte asida del pene; de manera alternada insistes con la mano en las inmediaciones del glande. Dicho con otras palabras, cuando tu mastur-bación se acerca al glande, mira más hacia abajo; cuando se aleja, míralo.
Poco a poco mantén tu mirada un poco más de tiempo en el glande a fin de «ganar terreno» sobre el tiempo que le dedica la mano.
Se genera entonces un acostumbramiento relativo de tu visión al lugar más sensible, al más permeable a la excitación.

Para prolongar aún más el placer, y para acentuar el instante del orgasmo, continúa la masturbación sólo sobre el glande y mira con atención no ya tu mano y su movimiento sino la base del pene, completamente visible.
Entonces decides gozar; aumenta de golpe la velocidad y la presión y mira con intensidad hacia el glande.

Post from: Sexologia por Sexologos Valencia.

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