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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Tecnicas de Control de la Eyaculacion IX


Ejercicios para el Control de la Eyaculacion Precoz.

EJERCICIO 10

La realización del último grado de este ejercicio representa, en verdad, el estado límite al que puede ser llevada la masturbación trascendente.
En efecto, no es posible sobrepasar este nivel, pero, por el contrario, cada uno es capaz de llegar a él siempre y cuando esté entrenado. Pienso en especial en los eyaculadores precoces cuyo acostumbramiento a las dificultades crecientes de los ejercicios correspondientes a esta tercera parte los conducirá obligatoriamente a la solución de su problema.

A título indicativo, es perfectamente posible retenerse más de una hora con esta masturbación, sin interrupción, lo que sin duda no es el caso de la mayoría de los hombres que practican una masturbación ordinaria; además, se trata aquí de una masturbación global en la que ninguna parte del pene escapa a la excitación.
Retoma pues la principal forma de estimulación desarrollada en los dos ejercicios precedentes para llegar al punto en que éste comienza. Esta masturbación masiva, ejecutada solamente en sentido «contra natura» -solamente el movimiento de ida-, se equilibra progresivamente hasta hacerse general (ida y vuelta). El glande es ampliamente requerido en toda su superficie, el placer se hace permanente, el deseo de eyacular no aparece todavía.

Procede entonces de la siguiente manera: bloquea el antebrazo sobre la cadera (de igual modo debe proceder un colaborador), haz que la mano izquierda se deslice lo más rápido posible alrededor del glande y de sus adyacencias: la presión es muy ligera; el movimiento muy regular se prosigue al menos durante cinco minutos antes de hacerse más firme, para acabar muy apoyado.
Desde este instante, a causa de la lubricación, el prepucio no puede cubrirlo: se acentúa el goce, pero no el deseo de eyacular. Si liberas el apoyo, la mano flotante no puede realizar un movimiento por completo rectilíneo; de ello se sigue una ruptura en la base del pene, que activa bruscamente la excitación: surge el deseo.
Nada más simple en estas circunstancias que hacerlo cesar sin necesidad de detenerse: reanuda un movimiento rectilíneo y masivo más cerca de la raíz y, al cabo de unos segundos, reemprende la masturbación en su totalidad y sin apoyo.
A1 cabo de un tiempo que depende de tu voluntad, vuelve a comenzar la misma estimulación aguda y luego su disminución.
Llegas entonces al punto en que por fin te es posible masturbarte de manera clásica y muy naturalmente, es decir, mediante una manipulación mucho más apoyada hacia el abdomen. El glande ya no es evitado, la piel permanece estirada en su totalidad hacia atrás, el equilibrio entre el placer y el deseo de eyacular es total.
Tu erección es definitiva, tienes un control absoluto, todo es posible: cambiar de mano, de velocidad, de presión. La terminación no puede ser precipitada por nada salvo por tu voluntad.
Es fácil al llegar a este estadio comprender la estrecha relación entre ese vaivén que se desliza por obra de la mano y otras formas de penetración…

Para gozar, pues esto resulta al fin casi difícil, basta con realizar un masaje ligero de los testículos y más particularmente del hueco en que el escroto se une a la ingle, concentrarte bien en tu gesto, mirar intensamente tu sexo y, sobre todo, ¡quererlo!

Texto Original de libro de Mark Emme: “Tecnicas de maturbación para el hombre”

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