Tecnicas de Control de la Eyaculacion VII

Ejercicios para el Control de la Eyaculacion Precoz.

EJERCICIO 8

Este último ejercicio en posición acostada permite conservar una erección prácticamente ilimitada y proporcionarse (o hacerse proporcionar) una masturbación que puede prolongarse mucho más allá de lo que hombres y mujeres suelen creer.
A pesar del placer persistente y fluctuante, el orden perfectamente riguroso de las manipulaciones permite un control absoluto de la eyaculación sin que sea necesario interrumpir la manipulación. Si has seguido y respetado hasta ahora la progresión de los ejercicios precedentes, ya no es posible que no llegues a un control total de tu acceso al placer.
Para alcanzar este estado de placer prolongado es decisivo reunir estas dos condiciones: en primer lugar, desde el principio hasta el final, la masturbación debe hacerse con la misma mano; la izquierda, para un diestro, o también la izquierda de la pareja; en segundo lugar, la «progresión planificada» debe hacerse de modo gradual, sin pausas, sin sobresaltos, sin cambios de ningún tipo hasta la aparición del rocío preeyaculatorio.

Después de la lubricación de la totalidad de los órganos genitales, sea cual fuere el estado en que te encuentras, excitado o no, ya en erección o con el sexo en reposo, comienza el vaivén de una manera bastante rápida, pero con una presión ligera; la presión de la mano se limita al contacto del pulgar, el índice y el mayor.

La estimulación afecta sólo la parte media del pene, para llegar con bastante rapidez a la totalidad del glande; el prepucio sigue parcialmente el movimiento, y a lo sumo cubre el rodete. Nada tiene que hacer tu mano derecha. Cuando el pene se halla completamente erecto, la piel se estira por sí misma y la presión de la mano se hace débil ahora para no llevarla consigo en su movimiento.
La aportación de la excitación visual sobre la masturbación se establece en el mismo orden que en los ejercicios sin lubricación: primero mediante el recurso del espejo, luego por su localización en la parte inferior del pene, por último mediante la concentración sobre el glande. De todos modos, es necesario precisar que es infinitamente más fácil mantener la mirada cuando el sexo está lubricado que cuando la masturbación se realiza en un pene seco.

La aparición del rocío anuncia la llegada de la eyaculación, que se contiene con facilidad por la intervención de la voluntad conjugada con una disminución en la rapidez del vaivén. Cuando el peligro ha sido descartado de forma provisoria, la presión de la mano puede acentuarse y la velocidad disminuirse, hasta que se llega a otro ascenso del deseo.
Es el momento de hacer intervenir la siguiente «treta»: la mano gira un cuarto de vuelta de tal manera que el pulgar y el índice se ponen a los lados de tu pene. Tu vaivén puede ser muy apoyado en este lugar y, por ello, permite perfectamente tener a raya la venida de la eyaculación.
Para verla reaparecer basta con volver a la presión normal y todas las variaciones que te dicte tu sensibilidad.

Los tres ejercicios siguientes pueden encadenarse perfectamente según sea tu estado de tensión en ese momento. Si estás muy excitado conviene separarlos. Si estás lo bastante distendido, debes conjugarlos de modo continuo.
Los tres han de hacerse de pie y permiten la aportación de todos los artificios «naturales»; de hecho, la progresión de la excitación soporta muy bien las dificultades hasta llegar al paroxismo de la retención.
Lubrica en abundancia pene y testículos y comienza una estimulación en forma de masturbación únicamente circunscrita a la raíz del pene por intermedio del anillo pulgar-índice. Este movimiento debe confiarse a la mano izquierda hasta la tercera alerta, que dominarás sin dificultades.
Cuando aparezca una semierección, deshaz el anillo: primero tres dedos y luego la totalidad de la mano.
La mano realiza un masaje firme y poderoso de abajo arriba, desde los testículos hasta la zona media de tu pene; el aceite facilita esta masturbación unidireccional: conténtate con estirar hacia arriba acentuando la presión al llegar al final del trayecto.

Cuando se manifiesta la primera alerta, masturba con mucha rapidez sólo la base haciendo deslizarse el anillo muy apretado; retoma luego el masaje masturbatorio. Cuando llegue la segunda alerta, procede de igual manera, pero sin exagerar la presión. A la tercera, el anillo, muy estrangulado, reemplaza a la mano y se desplaza desde la base hasta la zona media.

El masaje, al comienzo con sentido único (abajo-arriba), se equilibra progresivamente en un vaivén de intensidad uniforme: fuerte al comienzo, para disminuir cada vez más hasta que la erección pierda un poco de su rigidez sin que el pene disminuya su grosor. Puedes entonces cambiar de mano y proseguir casi indefinidamente.

Texto Original de libro de Mark Emme: “Tecnicas de maturbación para el hombre”

Post from: Sexologia por Sexologos Valencia.

Tecnicas de Control de la Eyaculacion VII

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