Tecnicas de Control de la Eyaculacion.

EYACULACION CONTROLADA

La tercera parte de este libro está formada por ejercicios que permiten adquirir el control eyaculatorio.
Para acceder a este último grado se necesita controlar las técnicas de masturbación prolongada de los ejercicios precedentes.
Estos ejercicios no se presentan según un orden aleatorio de dificultades, sino en el de una progresión de estimulaciones que procuran excitaciones y tensiones cada vez más agudas. Como resultado de esta misma progresión, pueden servir de «tests» con un valor real de confirmación de tu resistencia al placer.
Para terminar digamos que la diferencia fundamental concierne a la parte del sexo estimulada más que a los movimientos propios de la manipulación.
Es más fácil resistir a las estimulaciones que se sitúan desde un comienzo en la base del pene, luego a las que involucran el cuerpo de éste y, por último, a las que comprometen el cuerpo del pene y el glande.
Pero la dificultad creciente de estos ejercicios no se detienen allí. Recurren, independientemente de las diferentes formas de estimulación y de actitud personal, a tu estado de recepción de las sensaciones que te procurarás. El placer que te concedas dependerá considerablemente del grado de relajación y de concentración; incluso de que recurras o no a la atención visual por intermedio de un espejo o directamente, con lo que aumentas la excitación cerebral y haces más difícil la prolongación de los ejercicios.

No me parece superfluo consignar ciertas puntualizaciones: la excitación visual varía según sean las partes del sexo que se miran durante la masturbación. Así, ver la corona del glande aumenta considerablemente el deseo de eyacular, mientras que la mirada conducida al borde del frenillo permite mantener la estimulación en su grado máximo y tener menos dificultades con su control.
Lo mismo es aplicable a la mano que masturba, donde la ergonomía adquiere todo su sentido. Para un diestro, la mano izquierda, la más torpe, se muestra más conveniente para hacer durar el placer con la condición expresa de que no se contente con ser un simple relevo provisorio y que se haga cargo de la masturbación desde el comienzo hasta su culminación. Ciertos movimientos realizados con ella procuran incluso sensaciones muy agudas.

Así pues, aplicando escrupulosamente las consignas que te doy en cada uno de los ejercicios siguientes, estarás en condiciones de sobrepasar la zona peligrosa de la eyaculación prematura tras haber llegado, mediante una masturbación prolongada, a hacer durar el placer con tanta intensidad que de ello resulta un goce permanente que se asemeja quizá, debido a sus modulaciones, al orgasmo femenino.

EJERCICIO 1

Sin duda, este ejercicio es el más fácil de dominar; ningún otro puede convenir con tanta seguridad a los eyaculadores precoces; no obstante, reúne todas las condiciones de un máximo de excitación con un mínimo de «irritabilidad».
Es absolutamente necesario cuidar que la relajación sea lo mayor posible: liberación muscular completa, posición acostada, pene seco.
La masturbación concierne exclusivamente a la base del pene, es decir, desde la raíz hasta la zona media. De modo que es preferible comenzar su estimulación limitándola a esta «porción».

En la primera parte, que agrupaba ejercicios orientados a vencer las dificultades de erección, algunas de las estimulaciones se aplicaban ya a esta zona. Sin embargo, si te parece que ninguna se adapta, elige la forma que consideres más positiva, rehuyendo siempre un acercamiento excesivo al glande o restringiendo al mínimo los tocamientos.
La mejor manera es la siguiente: mediante el anillo del pulgar y el índice, estirando bien la piel, que así deja al descubierto el glande, mastúrbate en una zona restringida, al principio muy lentamente y con mucha suavidad, después cada vez con mayor firmeza, por último aumentando la velocidad y la presión sin que tus movimientos de vaivén excedan la mitad de tu pene.
Si hasta este momento has mirado tu sexo, cierra los ojos a partir del instante en que constates un comienzo de erección, y concentra tu mente en las sensaciones que te procura el engrosamiento del miembro.
Prosigue la masturbación sin ningún descanso. Resulta del todo recomendable cambiar de mano y aprovechar siempre la mano «inactiva» para hacer que varíe la excitación, en particular en la zona de los testículos pero también en los pezones o en cualquier otra parte del cuerpo que corresponda a tu sensibilidad personal.

Una vez establecida la erección, rompe el anillo y coge el pene con toda la mano. El vaivén debe mantenerse corto, ya que la regla de este ejercicio consiste en una masturbación reservada a la primera parte del pene.
No obstante, puedes hacer variar la forma de este único movimiento dentro de un campo tan limitado: apretando más fuerte, ascendiendo o descendiendo, yendo con mucha rapidez o con extrema lentitud, modificando la envoltura mediante una forma de coger más sólida o más laxa. Tienes entonces la convicción muy clara de que no puedes eyacular, ni siquiera si lo deseas realmente. Tu placer, ya real, reclama otro; no hagas nada, resiste al deseo de masturbarte por completo: esta especie de coacción voluntaria no durará indefinidamente. En realidad, cuando tienes la impresión de que tu sexo se ha agrandado, hallas una especie de voluptuosidad en proseguir de la misma manera: es el signo de que tu excitación se debe a la acumulación sanguínea; es el momento, asimismo, de agregar el voyeurismo gracias al uso de un espejo. Si has respetado todas estas indicaciones, este suplemento de sensualidad no alterará irremediablemente tu «irritabilidad». Este grado se supera con lentitud. En un primer momento te hallas situado frente al espejo; lo más difícil consiste en no hacer trampas, en interés de esta progresión: no mires directamente tu pene, hazlo mediante el espejo.

Ya sabes que ver el glande por el lado de su frenillo es menos excitante que por el lado de la corona; si no lo sabías, la experiencia te lo enseñará. Dispuesto de esta manera, no hay que olvidar la exhibición ofrecida por tu cuerpo: piernas separadas y sexo erecto, el cual, además, parece de mayor tamaño ya que tu mano oculta sólo una parte de él; tu masturbación retoma y prosigue todas las variaciones «a ciegas». También en este caso constatas que dominas de modo duradero la situación al tiempo que tu placer también aumenta.
En este momento aparece el rocío espermático.
Si experimentas bruscamente «la idea» de querer gozar o de que la sensación verdadera se manifieste, nada es más simple que volver atrás: basta con que cierres los ojos sin cesar de masturbarte.
Tampoco olvides, según sea tu grado de excitación, que siempre tienes la posibilidad de efectuar la «desconexión» de tu cerebro, tal como hemos explicado con anterioridad.
Llegado a este punto «peligroso», no cedas al movimiento completo: bastarían dos o tres para hacerte perder toda clase de control y no sería cierto afirmar que has querido tu eyaculación. Por lo tanto, es necesario añadir una dificultad suplementaria: colócate paralelo respecto al espejo. Ahora no es posible trampear, al menos que se haga de forma deliberada. Pero se presenta un nuevo grado de dificultad y aporta un incremento de placer: verse de perfil es muy excitante; esta nueva disposición está exactamente a mitad de camino de la precedente y del último agregado que pasaremos a detallar.

En efecto, el pene que sobresale de la empuñadura deja al descubierto el glande y su reborde, de perfil; así, lo que se dijo anteriormente encuentra su justificación a nivel del impacto emocional provocado por la visión que se tiene del rodete del glande, pues se tiene tendencia a mirar con más frecuencia a éste que a la mano o al resto del sexo.
Una vez más, recurre a todas las variantes que has explotado precedentemente y siempre en igual grado. Pero ahora tu deseo no sorprende con tanta facilidad tu vigilancia, pues tu placer se duplica y no sientes la necesidad de cambiar. Curiosamente, una forma de orgullo debida a tu seguridad te obliga a admitir que tu eyaculación ya no es necesaria. De todos modos -y esto se dirige principalmente a los más «emotivos», a pesar de los resultados y de los progresos que acaban de obtener-, en caso de «duda» deben recurrir a las «prácticas de frenado»: ojos cerrados y liberación muscular.
Por último, al término de un período durante el cual tu excitación no aumenta más, te dispones ante el espejo y te miras masturbarte. La solidez de tu erección y el volumen de tu glande son los primeros argumentos que atizan tu «emoción».

Este último escalón se alcanza con la misma serenidad que te otorga el control masturbatorio, lo que no hubiera sido así si no hubieras estado preparado para esta progresión.
Ahora has de actuar según tu voluntad, ya que desde un cierto tiempo ésta se ha encontrado dominada por el automatismo de tu masturbación.
La opción más sencilla es aumentar la amplitud del movimiento de la mano, de forma repentina o progresiva. Lo más gratificante es continuar como hasta ahora, pero haciendo intervenir todo el poder mental: recurrir a los fantasmas, evocación de la eyaculación, deseo de concluir.
También puedes modificar esta actitud psíquica mediante la tensión muscular y por medio de la aproximación de tus muslos. Por último, puedes masturbarte enérgicamente con toda la convicción a que te autoriza tu deseo de acabar.
Pero en todos los casos, no sufres tu eyaculación: eres tú quien decide eyacular en el momento elegido.

Texto Original de libro de Mark Emme: “Tecnicas de maturbación para el hombre”

Post from: Sexologia por Sexologos Valencia.

Tecnicas de Control de la Eyaculacion.

Deja un comentario