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Terapia Sexual


Cuando una persona o una pareja decide que ha llegado el momento de acudir a terapia sexual, no son pocas las dudas que se plantean.

Hemos hablado en ocasiones sobre las visitas al psicólogo y cómo se desarrollan, pero la terapia sexual tiene un motivo de consulta muy concreto y focalizado en una área de la vida del paciente, eso hace que este tipo de terapias sean mucho más concretas, aunque eso no significa que sólo se explore la sexualidad del individuo ya que el ámbito sexual de una persona está conformado no sólo por la respuesta sexual que conduce a las relaciones sexuales, sino por las creencias, emociones, necesidades, deseos, relaciones interpersonales, lo que hemos aprendido a nivel cultural y familiar, etc.

Todos estos factores influyen en nuestra manera de percibir la sexualidad y de relacionarnos con el sexo, así que, como veremos a continuación, la terapia sexual es un trabajo focalizado pero muy amplio a su vez.

Primera sesión

En la primera sesión de terapia sexual el profesional hará una evaluación inicial del problema que presenta el paciente. A través de la recogida de información sobre la vida de la persona.

Es habitual que en esta primera sesión se pregunte al paciente o a los pacientes, en caso de que sean una pareja, por la situación concreta que les ha llevado a consulta, pero el terapeuta no sólo se centrará en ello, también recogerá información sobre la relación de pareja actual, si existe, sobre el estilo de vida que llevan y sobre la salud de los pacientes. 

Esta recogida de datos amplia es importante ya que la terapia sexual, además de ayudar a solucionar el problema concreto, intenta dotar a los pacientes de medidas preventivas en salud sexual, ayuda en el desarrollo personal para construir y mejorar la expresión de las emociones y las relaciones personales.

En esta primera visita, pues, el terapeuta necesita hacerse una visión lo más completa posible no sólo de la situación concreta que motiva la consulta sino también de todo lo que puede estar manteniendo la problemática o sobre sus causas.

Algunas preguntas que puede hacer el profesional en la primera sesión son:

  • ¿Cuál es el motivo que te ha hecho venir a consulta?
  • ¿Cuánto tiempo hace que vives esta situación?
  • ¿Por qué has decidido venir a terapia precisamente ahora?
  • ¿Cómo afecta esta situación a tu relación de pareja?
  • ¿Qué piensa tu pareja sobre esta situación?
  • ¿Cuál crees que sería la solución al problema?

De la buena recogida de datos que haga el profesional en colaboración con el o los pacientes en esta primera visita dependerá, en gran parte, el éxito de la terapia.

Terapia multidisciplinar en terapia sexual

Una de las características de la terapia sexual que la hacen diferente de otros tipos de terapia psicológica, es que suele ser un trabajo multidisciplinar.

El terapeuta sexual está capacitado para hacer una primera sesión con el paciente o los pacientes y decidir si éstos deben consultar a algún especialista médico para descartar o solucionar problemas fisiológicos que puedan estar en la base del problema sexual.

Dado que los problemas sexuales pueden tener una base biológica, psicológica o estar provocada por la combinación de ambas, es importante que el terapeuta sexual trabaje de la mano de, por lo menos, los siguientes profesionales:

  • Ginecólogo: para problemas de dolor en la penetración o sequedad vaginal en la mujer, por ejemplo.
  • Andrólogo y urólogo: para problemas de eyaculación o erección en el hombre, por ejemplo.
  • Fisioterapeuta de suelo pélvico: para problemas de penetración en la mujer o de orgasmo en mujeres y hombres.

Una vez se han descartado los problemas fisiológicos u orgánicos relacionados con el motivo de consulta, se procede con la terapia sexual de forma normal. Si se detectan este tipo de problemas, lo más probable es que el terapeuta recomiende combinar ambos tratamientos: el médico-farmacológico y el de terapia sexual.

Técnicas utilizadas en la terapia sexual

La terapia sexual está orientada al tratamiento de problemas y disfunciones sexuales en la vivencia de la sexualidad de una forma amplia. Esto quiere decir que cada terapia sexual es diferente para cada persona, en función de cómo viva ésta su sexualidad, de cómo entienda el sexo y de la educación sexual que haya recibido.

Cuando se ha determinado que el origen de la situación complicada es psicológico, el tratamiento en terapia sexual se centrará eminentemente en técnicas y ejercicios que el paciente deberá realizar en casa, ya sea solo o en pareja.

En el caso de que el paciente esté en pareja, será importante incluirla en el proceso terapéutico ya que la solución del problema dependerá en parte de la dinámica sexual que se haya establecido o se establezca entre la pareja. Además, como en todo proceso terapéutico, la pareja puede ser un gran apoyo emocional para el paciente.

En muchas ocasiones la terapia sexual se convierte en una terapia prácticamente educativa, en la que el terapeuta se encarga de dar información válida y contrastada al paciente para eliminar o modificar posibles creencias erróneas alrededor de la sexualidad. También es posible que haya que sacar a relucir actitudes y valores que estén afectando al libre disfrute de la sexualidad generando miedo o culpa a la persona en relación con el sexo.

Así pues, algunas de las técnicas más usadas en terapia sexual son:

  • Focalización sensorial: se entrena al paciente para que sea consciente de las sensaciones que le transmite su cuerpo.
  • Ejercicios de Kegel: orientados al fortalecimiento de los músculos pélvicos.
  • Técnicas de control de la eyaculación
  • Terapia racional-emotiva: técnica para identificar y modificar ideas irracionales.
  • Educación sobre el funcionamiento sexual y la anatomía sexual humana, en caso necesario.
  • Entrenamiento en comunicación interpersonal y habilidades sociales.
  • Ampliación del repertorio sexual en la pareja

Efectividad de la terapia sexual

Las terapias sexuales, por su naturaleza acotada y focalizada en un aspecto, suelen ser terapias breves. Dependiendo de la circunstancia personal de cada uno, del terapeuta, del problema a tratar y de la predisposición al tratamiento por parte del paciente, la terapia puede ir desde las 6 sesiones a las 15, aunque en algunas ocasiones puede alargarse un poco más.

En general una terapia sexual bien gestionada suele proporcionar resultados muy positivos para el paciente, que aprende a aceptar mejor su propio cuerpo, descubrirá su capacidad de placer y se dará cuenta de sus propias necesidades sexuales, a la vez que aprende a tener en cuenta las de su pareja o mejora su atención hacia ella.

El éxito de la terapia, a pesar de todo, depende básicamente de la implicación personal del paciente o los pacientes así como de la relación terapéutica que establezcan con el terapeuta sexual. Dado que en este tipo de terapia gran parte del trabajo se realiza en casa de forma práctica, es indispensable que el paciente o los pacientes sigan con atención las indicaciones del terapeuta de pareja para hacer los ejercicios recomendados.

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