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Clínica de Sexología y Psicología Pérez-Vieco

Vaginismo, cómo tratarlo.


Cómo tratar el vaginismo

El vaginismo es esa contracción dolorosa de los músculos que rodean la parte externa de la vagina al intentar introducir el pene para iniciar el coito. Sucede con relativa frecuencia durante las primeras relaciones sexuales y no estaría de más estar preparadas para saber resolverlo.
Antes de nada será importante determinar si ha habido antecedentes de violación, de abusos sexuales, o existen fuertes problemas sexuales que inciten a tener cierto temor o, incluso, aversión al sexo.
Porque en tales casos se hace necesaria la intervención de un profesional que ayude a resolver esos problemas, que serían la base de ese vaginismo. Del mismo modo, si ya se tenían relaciones sexuales sin problemas y el vaginismo aparece sin existir los antecedentes mencionados, también hay que solicitar ayuda profesional por si ha aparecido alguna enfermedad física que sea responsable del mismo.
Pero si no te pasa nada de eso y lo que sucede es que por inexperiencia o miedo al coito, aunque lo desees mucho (¡ay, esas historias terribles sobre la primera vez!), sí que puedes tratarte el vaginismo con ayuda de tu pareja.

Poca experiencia

Antes de nada conviene prevenir y mencionar una cuestión meramente técnica pero muy importante pues puede estar en la base de algunos vaginismos iniciales.
Si los dos tenéis poca experiencia, lo más seguro es que al intentar iniciar el coito (lo haréis en la posición del misionero: cara a cara, contigo debajo y él encima) el chico intentará introducir el pene en la vagina con un movimiento en horizontal respecto al suelo (o la cama)… ¿Y qué? Podrías preguntarte.
Pues mucho, porque la vagina no está orientada horizontalmente. Lo que significa que el pene no sólo irá mal encaminado y no entrará en la vagina sino que golpeará directamente el trígono vesical.
El trígono vesical es una zona de la vejiga, formada por la entrada de los dos uréteres y la salida del meato urinario, que descansa directamente sobre la pared anterior de la vagina y es muy sensible al dolor (es lo que hace que los genitales femeninos sean sensibles a los golpes).
Pues bien, al golpearlo el pene es como si se le diera a la chica literalmente un puñetazo en la entrepierna. ¿Consecuencia? Dolor y contracción dolorosa de la vagina, e imposibilidad de realizar el coito. Para que eso no suceda basta saber que la vagina tiene una orientación inclinada hacia arriba y atrás, cuando la chica está de pié. Luego el pene, para introducirse con delicadeza y eficacia en la posición del misionero deberá orientarse hacia adentro y abajo. Así no habrá “rodillazo” con el pene.

La masturbación puede ayudar

Si no es eso lo que sucede, sino que se produce la contracción dolorosa al intentar una penetración bien orientada, hablaremos de un vaginismo genuino. No cometas el error de pensar que eso se produce porque el pene del chico es enorme. Pensar así es frecuente, pero los penes grandes no son tan habituales.
Lo primero que tiene que hacer la chica es acostumbrarse a introducir algo en la vagina sin miedo, aunque esté habituada a los tampones. Es recomendable que durante la masturbación ella intente introducirse un dedo y mantenerlo dentro sin moverlo hasta la llegada del orgasmo. Podrá conseguirlo con facilidad ya que la propia humedad de la excitación facilitará la maniobra. Debe repetirlo varias veces, hasta que se siente cómoda.
Después, en otras sesiones, puede repetir la maniobra introduciéndose dos dedos, incluso repetirlo con tres cuando lo consiga con dos. Si la lubricación natural no es suficiente, pueden utilizarse lubricantes al agua que se venden en las farmacias, las grandes superficies, y en las tiendas eróticas para favorecer las relaciones sexuales. Cuando ya esté acostumbrada a eso, puede también mover los dedos dentro de la vagina como en el coito.
Después de eso, conviene acostumbrarse a introducir algo que no sean los dedos; podría ser algún vibrador o dildo (más o menos del grosor de dos dedos). Le facilitará las cosas el uso de lubricantes o de un condón lubricado que cubra el objeto. Se trata de hacer lo mismo que en anteriores ocasiones: masturbarse, y cuando la excitación sea intensa, introducir el juguete y mantenerlo dentro de la vagina hasta la llegada del orgasmo. En ocasiones posteriores puede realizar los movimientos del coito con el objeto hasta que llegue al orgasmo por estimulación del clítoris.

Delante de la pareja

Tras ello, puede repetir la experiencia delante del chico en varias sesiones, comenzando con un dedo o dos, siguiendo con el citado objeto, hasta llegar al orgasmo. Cuando sea capaz de hacer eso, lo siguiente es masturbarse delante del chico y permitirle que él introduzca el objeto suavemente, sin hacer los movimientos del coito y hasta que ella llegue al orgasmo. Superada esa etapa, repetirán lo mismo pero haciendo el chico los movimientos del coito con el objeto dentro de la vagina.
Cuando ella se sienta cómoda así, volverá a masturbarse delante del chico y cuando esté muy excitada y húmeda, cogerá el pene del chico en la postura que le resulte más cómoda (es mejor con ella encima y arrodillada) y jugará con él aproximándolo a la entrada vaginal e introduciendo, si acaso; sólo la puntita. Si no se atreve a más, puede dejarse llevar al orgasmo hasta la siguiente ocasión. Si ve que no se contrae, puede intentar introducirse el pene y mantenerlo ahí el tiempo que lo crea necesario sin movimientos de coito, hasta que llegue al orgasmo. Otro día repetirá la operación pero esta vez haciendo los movimientos típicos de vaivén.
Superada esta etapa, volverá a masturbarse delante del chico y cuando esté muy excitada y húmeda, hacerle una señal para que sea él mismo quien introduzca el pene con suavidad. Recordad: si la chica está sentada encima de cara al chico, el pene debe dirigirse hacia arriba y detrás de ella. Si utilizáis la posición del misionero, hacia adentro y abajo. Si la cosa va bien, pueden hacerse los movimientos de vaivén del coito. Aunque no estará de más dejarlo para la siguiente ocasión.

Si has superado esta etapa ya seréis capaces de hacer el amor habiendo superado el vaginismo por vuestros propios medios. En caso contrario habría que ponerse en manos de psicólogos especialistas en sexología que realizarán el tratamiento adecuado.

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