Herramienta clínica · CIE-11 y DSM-5-TR
Casi nada de lo que preocupa a la gente cumple los criterios
Tener una dificultad sexual y tener una disfunción diagnosticable no son lo mismo, y la distancia entre las dos cosas es enorme. Aquí están los criterios reales de los dos manuales que se usan en el mundo, comparados uno al lado del otro, con lo que exige cada uno.
DSM-5-TR
Los tres umbrales que hay que cruzar
El manual de la Asociación Americana de Psiquiatría describe ocho disfunciones sexuales específicas. Para todas ellas, y esto es lo que casi nadie sabe, exige que se cumplan a la vez tres condiciones antes de poder hablar de diagnóstico.
Y todavía hay un cuarto filtro, que funciona por exclusión: la dificultad no puede explicarse mejor por un trastorno mental no sexual, por un malestar grave de la relación, por otros factores de estrés importantes, ni por los efectos de una sustancia, un medicamento u otra condición médica.
Los dos primeros umbrales se añadieron a propósito. El manual explica por qué: para mejorar la precisión, reducir la probabilidad de sobrediagnóstico y distinguir las dificultades sexuales transitorias de una disfunción sexual persistente.
Es decir, no son un tecnicismo. Son una decisión deliberada para dejar de llamar enfermedad a lo que le pasa a casi todo el mundo alguna vez.
Además, cada diagnóstico se especifica en dos ejes que cambian por completo el pronóstico y el tratamiento. Si es de toda la vida o adquirida, es decir, si empezó con las primeras experiencias o apareció después de un periodo sin dificultad. Y si es generalizada o situacional, esto es, si ocurre siempre o solo en determinadas circunstancias, con determinadas parejas o en determinados tipos de estimulación.
La gravedad se gradúa además en leve, moderada o grave, y se gradúa por el malestar, no por la intensidad del síntoma.
Qué pasa al aplicarlos
La cifra se desploma
En una encuesta nacional estadounidense con mujeres adultas, la prevalencia de tener algún problema sexual fue del 43 %. Al añadir el requisito de que causara malestar personal, bajó al 12 %.
Y cuando se aplican los criterios completos a población general, las cifras se quedan en un solo dígito. En un estudio poblacional, la frecuencia de disfunción sexual según el DSM-5 fue del 9,3 % en mujeres y del 6,2 % en varones, con el interés y la excitación en ellas y la erección en ellos como lo más frecuente.
La lectura correcta de esto no es tranquilizadora sin más. No dice que las dificultades sexuales sean raras: son extraordinariamente comunes, las tiene casi todo el mundo en algún momento. Dice otra cosa, y es más útil: la mayoría de esas dificultades no son una enfermedad, son variaciones de una respuesta sexual que depende del contexto, del momento vital, del descanso, de la relación y de cien cosas más.
Y una frase que conviene tener a mano, porque es de las cosas que más malentendidos genera en una pareja: tener menos deseo que la otra persona no es suficiente para un diagnóstico. La discrepancia de deseo es un asunto de la pareja, no un trastorno de quien tiene menos.
Esto no significa que no haya que consultar. Significa lo contrario de lo que suele entenderse: puedes pedir ayuda sin cumplir criterio ninguno. No hace falta tener un diagnóstico para que algo merezca atención, y la mayor parte del trabajo en sexología clínica se hace precisamente con personas que no lo cumplen.
Primera herramienta
Los dos manuales, uno al lado del otro
Elige una dificultad y verás cómo la nombra cada manual, qué código tiene en la CIE-11 y en qué se diferencian. Es una referencia, no un test: aquí no se marca nada ni se obtiene ningún resultado sobre uno mismo.
CIE-11
Dejaron de ser trastornos mentales
Es el cambio más importante que ha ocurrido en la clasificación de la sexualidad en décadas, y en español casi no se ha contado.
La CIE-10 partía las disfunciones sexuales en dos capítulos distintos. Las consideradas orgánicas iban al capítulo de enfermedades del aparato genitourinario. Las consideradas no orgánicas iban al capítulo de trastornos mentales y del comportamiento. Había que elegir un bando.
La CIE-11 eliminó esa división por obsoleta y creó un capítulo nuevo, el 17, Condiciones relativas a la salud sexual, donde caben todas con independencia de su causa. Con esa reubicación, las disfunciones sexuales, los trastornos de dolor sexual y la incongruencia de género dejaron de ser trastornos mentales.
La distinción entre orgánico y psicógeno llevaba décadas desaconsejada en la práctica de la salud sexual, porque no describe bien lo que ocurre en la mayoría de los casos. Lo que no había cambiado era la clasificación oficial, que seguía obligando a elegir. Ahora ya no.
Las categorías de la CIE-10 relativas a la orientación sexual se suprimieron por completo, de modo que la orientación sexual en cualquiera de sus formas ya no puede clasificarse como trastorno, ni siquiera en la versión llamada egodistónica que existía antes. Los trastornos parafílicos siguen dentro de los trastornos mentales, con un número reducido de categorías.
Los requisitos temporales también son distintos. Donde el DSM-5-TR pide seis meses y del 75 al 100 % de las ocasiones, la CIE-11 pide que los síntomas hayan ocurrido con frecuencia, aunque puedan estar ausentes en algunas ocasiones, durante un periodo de al menos varios meses. Es una formulación deliberadamente menos rígida. El requisito de malestar clínicamente significativo sí está en los dos.
Segunda herramienta
«¿Es físico o es psicológico?» es la pregunta equivocada
La CIE-11 sustituyó esa dicotomía por seis cualificadores etiológicos que no son excluyentes entre sí. Marca los que reconozcas en tu situación y verás por qué la pregunta no tiene respuesta única.
Esto no diagnostica y no pretende hacerlo. Los cualificadores son una herramienta de descripción clínica que usa quien evalúa, no un cuestionario de autoaplicación. Aquí sirven para lo único que pueden servir fuera de consulta: enseñar que varias causas conviven, y que atribuirlo todo a una sola suele ser el motivo de que un tratamiento no funcione.
Comparativa
Dónde no se ponen de acuerdo
No son dos versiones del mismo texto. Parten de propósitos distintos y eso produce diferencias reales que afectan a la investigación y a la comunicación entre profesionales de distintos países.
| Aspecto | DSM-5-TR | CIE-11 |
|---|---|---|
| Qué clasifica | Solo trastornos mentales | Todas las condiciones de salud, en un capítulo propio de salud sexual |
| Presupone una causa | Sí, al incluirlas entre los trastornos mentales | No; agrupa las de cualquier origen |
| Duración exigida | Unos seis meses | Al menos varios meses |
| Frecuencia exigida | Del 75 al 100 % de las ocasiones | Con frecuencia, pudiendo faltar en algunas ocasiones |
| Deseo y excitación en la mujer | Fusionados en un solo diagnóstico | Separados, y el deseo no distingue sexo |
| Causa | Se excluye lo atribuible a lo somático, lo cultural o la relación | Se describe con cualificadores que pueden coexistir |
| Dolor con la penetración | Un diagnóstico dentro de las disfunciones | Categoría aparte, trastornos de dolor sexual |
Por qué esto importa más allá de lo académico. Al listar solo trastornos mentales, el DSM presupone algo sobre la causa de lo que diagnostica, y deja fuera las disfunciones atribuibles a lo somático, a lo cultural o a la relación. La CIE-11 las recoge todas y describe la causa aparte.
Se ha señalado que estas diferencias conceptuales dificultan la comunicación internacional y la cooperación en investigación, porque dos estudios que dicen medir lo mismo pueden no estar midiendo lo mismo.
Los límites
Lo que ningún manual recoge
Los criterios sirven para lo que sirven: ordenar, investigar y evitar que se llame enfermedad a cualquier cosa. Hay bastante que se les escapa, y conviene decirlo con la misma claridad.
El umbral del 75 % es una convención. Es un número acordado, no un hallazgo de la naturaleza, y quien esté en el 60 % no está en un lugar cualitativamente distinto de quien está en el 80 %. Lo mismo vale para los seis meses.
El criterio de malestar tiene un punto ciego, y es doble. Alguien puede no sentir malestar porque ha renunciado y ha organizado su vida alrededor de la evitación, y eso no es ausencia de problema. Y al revés: el malestar puede venir de expectativas irreales alimentadas por la pornografía o por comparaciones, y entonces lo que hay que revisar es la expectativa, no la respuesta sexual.
Ninguno de los dos describe bien lo que ocurre entre dos personas. Los dos diagnostican a individuos, y buena parte de lo que llega a una consulta de sexología es relacional: discrepancia de deseo, guiones sexuales incompatibles, resentimiento acumulado, falta de conversación. Nada de eso tiene código, y no por ello deja de ser tratable.
La consecuencia práctica. Cumplir criterios no es el requisito para pedir ayuda, y no cumplirlos no significa que haya que aguantarse. La pregunta útil en consulta no es si esto es diagnosticable, sino si interfiere en tu vida y si quieres que deje de hacerlo.
Base científica
De dónde sale cada dato
Los tres criterios de morbilidad. El DSM-5 añadió a la exigencia de malestar, que ya existía en la edición anterior, dos condiciones nuevas aplicables a todos los diagnósticos: una duración mínima aproximada de seis meses y la experimentación en casi todas o todas las ocasiones sexuales, aproximadamente entre el 75 y el 100 %. El propio manual declara que el objetivo era mejorar la precisión, reducir la probabilidad de sobrediagnóstico y distinguir las dificultades transitorias de la disfunción persistente. El DSM-5-TR, publicado en 2022, mantiene esta estructura.
Las ocho disfunciones del DSM-5-TR. Eyaculación retardada, trastorno eréctil, trastorno orgásmico femenino, trastorno del interés o la excitación sexual femenino, trastorno de dolor génito-pélvico o de la penetración, deseo sexual hipoactivo en el varón, eyaculación prematura y disfunción sexual inducida por sustancias o medicamentos. Se añaden las categorías de otra disfunción especificada y no especificada.
El efecto del criterio de malestar sobre la prevalencia. En una encuesta nacional estadounidense con mujeres de dieciocho años o más se halló una prevalencia del 43 % de algún problema sexual, que descendió al 12 % al exigir malestar personal. En un estudio poblacional posterior con criterios completos del DSM-5, la frecuencia fue del 9,3 % en mujeres y del 6,2 % en varones.
La reubicación de la CIE-11. La decisión de crear el capítulo de condiciones relativas a la salud sexual se tomó para superar la distinción, considerada obsoleta, entre disfunciones sexuales orgánicas y no orgánicas, que en la CIE-10 estaban repartidas entre el capítulo de enfermedades del aparato genitourinario y el de trastornos mentales y del comportamiento. Con la nueva ubicación, las disfunciones sexuales, los trastornos de dolor sexual y la incongruencia de género dejaron de ser trastornos mentales.
Los cualificadores etiológicos. La CIE-11 anima a evaluar y describir cualificadores diversos, que no son mutuamente excluyentes: asociados a una condición médica, lesión o efectos de cirugía o radioterapia; a factores psicológicos o conductuales, incluidos trastornos mentales; al uso de sustancias psicoactivas o medicación; a la falta de conocimiento o de experiencia; a factores de la relación; y a factores culturales. Se codifican como HA40.0 a HA40.5.
Los límites de esta página. Es una exposición divulgativa de criterios de clasificación, no una guía diagnóstica ni un sustituto de los manuales originales, que contienen matices, exclusiones y notas de codificación que aquí no caben. Quien necesite el texto exacto debe acudir a la fuente.
Las cifras de prevalencia proceden de estudios con poblaciones y métodos concretos, y no son directamente extrapolables a cualquier país. Las dos herramientas no diagnostican, no puntúan y no son instrumentos validados: la primera es una tabla comparativa navegable y la segunda una ilustración de un principio de clasificación.
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición, revisión del texto (DSM-5-TR). APA Publishing; 2022.
- Organización Mundial de la Salud. Clasificación Internacional de Enfermedades, undécima revisión (CIE-11), capítulo 17: Condiciones relativas a la salud sexual. Códigos HA00–HA40.
- Mitchell KR, y cols. Estimating the prevalence of sexual function problems: the impact of morbidity criteria. Journal of Sex Research, 2016;53(8):955–967.
- Reed GM, Drescher J, Krueger RB, y cols. Disorders related to sexuality and gender identity in the ICD-11. World Psychiatry, 2016;15(3):205–221.
- Briken P, y cols. Association of sexual dysfunction according to DSM-5 diagnostic criteria with avoidance of and discomfort during sex in a population-based sample. Sexual Medicine, 2023;11(3):qfad037.
- First MB, Reed GM, Hyman SE, Saxena S. The development of the ICD-11 chapter on mental disorders. World Psychiatry, 2015.
- Cochran SD, y cols. Proposed declassification of disease categories related to sexual orientation in the ICD-11. Bulletin of the World Health Organization, 2014;92:672–679.
- Schwesig R, y cols. Comparación de la clasificación de las disfunciones sexuales en la CIE-11 y el DSM-5.
Preguntas frecuentes
Dudas que aparecen siempre
Entonces, ¿tengo una disfunción sexual o no?
Esta página no puede responder a eso, y quien diga que puede hacerlo con un cuestionario en línea te está engañando. Un diagnóstico requiere una evaluación por un profesional que descarte causas médicas y farmacológicas, explore la historia y valore el contexto.
Lo que sí puedes llevarte de aquí es la pregunta correcta: no si cumples criterios, sino si esto interfiere en tu vida y si quieres que deje de hacerlo. Con eso basta para consultar.
Me pasa solo a veces. ¿Eso cuenta?
Para un diagnóstico del DSM-5-TR, no: exige que ocurra en casi todas o en todas las ocasiones, aproximadamente entre el 75 y el 100 %. La CIE-11 es algo menos rígida y pide que ocurra con frecuencia, admitiendo que pueda faltar en algunas ocasiones.
Pero cuidado con la conclusión. Que no cumpla criterio no significa que no merezca atención, sobre todo si hay un patrón claro asociado a determinadas situaciones o parejas: eso es lo que los manuales llaman situacional, y suele ser muy informativo.
Llevo tres meses así. ¿Tengo que esperar a los seis?
No. El plazo de seis meses sirve para decidir si algo es diagnosticable, no para decidir si merece ayuda. Esperar seis meses viendo cómo se consolida un patrón es exactamente lo contrario de lo aconsejable.
De hecho, en varios cuadros el tiempo trabaja en contra: cuanto más se repite una experiencia difícil, más se consolida la anticipación que la mantiene.
No me angustia, pero mi pareja dice que es un problema.
Sin malestar propio no se cumple el criterio, y eso está puesto a propósito para evitar que se patologice a alguien por no encajar con las expectativas de otra persona. Tener menos deseo que la pareja no basta para un diagnóstico.
Ahora bien, que no sea diagnosticable no quiere decir que no haya nada que trabajar. La discrepancia de deseo es un asunto de la pareja y se aborda como tal, sin convertir a nadie en el paciente de la relación.
¿Esto es físico o psicológico?
Es la pregunta que la CIE-11 ha retirado de la mesa, y con razón. La CIE-10 obligaba a elegir entre dos capítulos distintos según fuera orgánica o no orgánica; la CIE-11 eliminó esa división por obsoleta y la sustituyó por seis cualificadores que pueden coexistir.
En la práctica casi siempre hay más de uno: una causa médica de base, una anticipación que se ha instalado encima y a veces un factor de la relación o de conocimiento. Atribuirlo todo a uno solo es el motivo más frecuente de que un tratamiento no funcione.
¿Por qué mi médico usa un nombre y aquí sale otro?
Porque conviven dos sistemas de clasificación con nomenclaturas distintas. En el ámbito sanitario europeo suele usarse la CIE, mientras que buena parte de la investigación en psicología y psiquiatría se publica con el DSM.
El comparador de esta página está precisamente para eso: ver cómo se llama lo mismo en cada manual y qué código le corresponde en la CIE-11.
¿La orientación sexual sigue estando en los manuales?
No. Las categorías de la CIE-10 relativas a la orientación sexual se suprimieron por completo en la CIE-11, incluida la que se llamaba orientación sexual egodistónica. La orientación sexual, en cualquiera de sus formas, no puede clasificarse como trastorno.
La incongruencia de género tampoco es ya un trastorno mental: se trasladó al mismo capítulo 17 de salud sexual. Lo desarrollamos en el recurso sobre orientación e identidad.
Soy profesional. ¿Puedo usarlo en consulta?
Sí, sin coste y citando la fuente. El comparador funciona bien para explicar a un paciente por qué su informe dice una cosa y el artículo que ha leído dice otra, y los cualificadores sirven para desmontar la pregunta de si es físico o psicológico sin dar una clase.
La página advierte de forma expresa que no sustituye a los manuales originales. Si detectas un error de codificación o una formulación mejorable, escríbenos: se revisa, se corrige y se acredita a quien lo señala.
No hace falta cumplir criterios para pedir cita
La mayor parte del trabajo en sexología clínica se hace con personas que no los cumplen: dificultades que aparecen a veces, en determinadas situaciones, o que llevan poco tiempo. Consultar antes suele hacer el proceso más corto. Presencial en Valencia y online en español.
Aviso. Contenido divulgativo de Sexólogos Valencia · Clínica Pérez-Vieco, con dirección clínica de Sergio Pérez Serer, Psicólogo General Sanitario colegiado CV07113. Esta página no diagnostica y no sustituye a los manuales originales ni a una evaluación profesional. Las dos herramientas no son instrumentos validados y no puntúan. Dirigido a personas adultas.
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Última revisión clínica: septiembre de 2026 · Próxima revisión prevista: septiembre de 2027, o antes si se actualiza cualquiera de los dos manuales.