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Clínica Pérez-Vieco

Herramienta clínica · Para dos personas

Coincidir en el deseo no es lo que hace felices a las parejas

Es el motivo de consulta de pareja más frecuente y el peor entendido. Se investigó en 366 parejas con un método que corrige el error de los estudios anteriores, y el resultado fue que no existe ninguna ventaja por estar emparejados en deseo. Lo que importa es otra cosa, y se puede trabajar.

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366parejas en el estudio clave
0ventaja por coincidir
2personas usan la herramienta
CV07113dirección clínica colegiada

El dato que cambia el planteamiento

Los estudios anteriores medían mal

Durante años se dio por hecho que la diferencia de deseo entre dos personas se asociaba a peor satisfacción, y se dio por hecho porque así lo indicaban los estudios. El problema estaba en cómo se calculaba.

Se usaban puntuaciones de diferencia: restar el deseo de una persona al de la otra. Ese método tiene un defecto conocido, y es que no tiene en cuenta el nivel general de deseo de cada una. Una pareja donde ambos tienen deseo alto y otra donde ambos lo tienen bajo salen igual de emparejadas, cuando no se parecen en nada.

En 366 parejas, ninguna ventaja por coincidir

Un equipo aplicó análisis diádicos de superficie de respuesta, un método que sí distingue el nivel general del grado de coincidencia, para responder a la pregunta directamente: ¿están más satisfechas las parejas que coinciden en deseo que las que no?

El resultado no dio ningún apoyo a un efecto propio de la coincidencia. Estar emparejados en deseo no aportaba nada por sí mismo.

Kim, Muise, Barranti, Mark, Rosen, Harasymchuk e Impett (2021)

Lo que esto cambia es la pregunta entera. Si la coincidencia no es lo que produce el efecto, dejar de estar preocupados por la distancia no es resignación: es dejar de perseguir un objetivo que no lleva a donde se creía.

Y encaja con algo que ya se había planteado antes, en un título que lo dice todo: la discrepancia de deseo es una característica de las relaciones largas, no un fallo. Dos personas distintas, con historias, cuerpos, cargas y ritmos distintos, no tienen ningún motivo para querer lo mismo el mismo día.

Ojo con la lectura fácil. Que la coincidencia no aporte no significa que la discrepancia no genere malestar: lo genera, y mucho, y es lo que trae a la gente a consulta. Significa que el malestar no viene del tamaño de la distancia, sino de lo que ocurre alrededor de ella.

Primera herramienta · Se usa entre dos

El mapa de lo que cada uno cree

Esta herramienta no mide cuánto deseo tiene cada persona ni compara nada. Pregunta a cada una qué le importa a ella, y qué cree que le importa a la otra. La diferencia entre esas dos cosas es lo único que se puede trabajar de inmediato.

Cómo se usa. Responde una persona, pasa el dispositivo sin enseñar nada, responde la otra, y entonces se ve el resultado juntas. Si prefieres hacerlo en solitario y hablarlo después, también sirve, aunque pierde la mitad de la gracia.

Antes de empezar

Son seis frases y dos preguntas por cada una. Se tarda unos tres minutos por persona. No hay respuestas correctas y nadie sale bien ni mal parado: no se puntúa nada.

Una condición. Esto funciona si las dos personas responden con sinceridad y sin ver lo que ha puesto la otra. Si la relación está en un momento en que eso no es posible sin que haya consecuencias, es mejor no hacerlo aquí y llevarlo a una sesión.
Responde la primera persona

Qué te importa a ti, y qué crees que le importa a la otra persona

Para cada frase, dos respuestas. La segunda es una suposición: responde lo que de verdad creas, no lo que quedaría bien.

Pasa el dispositivo

La primera persona ha terminado. Sus respuestas están ocultas y no aparecerán hasta que las dos personas hayan respondido.

Antes de seguir, asegúrate de que quien responde ahora no ha visto la pantalla anterior. La gracia está en que las suposiciones sean de verdad suposiciones.
Responde la segunda persona

Qué te importa a ti, y qué crees que le importa a la otra persona

Las mismas seis frases. Responde sin condicionarte por lo que creas que ha puesto la otra persona.

El mapa de los dos

Esto no es un diagnóstico de la relación. Es un inventario de lo que cada uno sabe y no sabe del otro, que suele ser bastante más de lo que se espera.

Un hallazgo contra el tópico

Los hombres no sobreestiman el deseo de su pareja. Lo subestiman

El tópico dice que ellos dan por hecho que la otra persona quiere, y que por eso proponen de más. Los datos apuntan en dirección contraria: en una serie de estudios se encontró que los varones subestiman, y no sobreestiman, el deseo sexual de su pareja.

La interpretación que proponen los autores es interesante: subestimar puede tener una función. Si uno no da por hecho que la otra persona quiere, sigue prestando atención, sigue proponiendo con cuidado y evita el coste de asumir de más.

La consecuencia práctica es la que interesa aquí. Si el error habitual es hacia abajo, entonces buena parte de las parejas está funcionando con una imagen del otro más apagada de lo que corresponde. Y sobre esa imagen se toman decisiones: no proponer, no insistir, no preguntar, dar por perdido.

Es exactamente lo que la herramienta de arriba pone encima de la mesa, y por eso está construida sobre suposiciones y no sobre cantidades.

Y hay un segundo matiz que ordena mucho. El deseo de cada persona no es una línea plana: fluctúa, y las fluctuaciones de dos personas no tienen por qué ir sincronizadas. Se ha estudiado con técnicas de análisis espectral en parejas, y lo que aparece son patrones y sincronías que varían. Un mes de desajuste no es una tendencia.

Segunda herramienta

Por qué dijiste que sí la última vez

Esta distinción está experimentalmente probada y es de las que más cambian el pronóstico. Hacerlo para acercarse a algo y hacerlo para evitar algo tienen efectos distintos sobre el deseo, aunque por fuera parezca el mismo encuentro.

Marca los motivos que reconozcas en la última vez que accediste sin tener muchas ganas al principio. Puedes marcar varios.

Lo que sí sostiene el deseo

Cuidar el deseo del otro ayuda. Borrar el propio, no

Hay un factor bien estudiado que sí predice mantener el deseo en relaciones largas: estar motivado a atender las necesidades sexuales de la otra persona. Se le llama fuerza comunal sexual, y se asocia a mayor deseo y mayor satisfacción.

Hasta aquí suena a consejo de revista. Lo que lo convierte en útil es el límite, que está medido aparte y tiene nombre propio.

Atender al otro a costa de uno mismo hace daño a los dos

Cuando esa motivación se convierte en priorizar las necesidades de la otra persona excluyendo las propias, deja de asociarse a bienestar y se asocia a menor satisfacción sexual.

Y aquí está lo que casi nadie ve venir: en un estudio con 97 mujeres con dificultades de interés o excitación sexual y sus parejas, cuando alguien puntuaba alto en esa versión de borrarse a sí mismo, era su pareja quien informaba de mayor malestar sexual. No le sale gratis a nadie.

Investigación sobre motivación comunal sexual en parejas

Traducido a lo que ocurre en casa. Acceder sistemáticamente sin ganas para que la otra persona no se lleve un disgusto no protege la relación: erosiona el deseo de quien accede y, además, la otra persona lo nota y lo pasa mal. La versión que funciona es la de importarte lo que le pasa al otro sin que eso implique que a ti no te pase nada.

Y de ahí sale la alternativa concreta, que tiene evidencia propia: rechazar de forma cariñosa no deja la satisfacción con la relación peor que acceder por evitación. La forma de decir que no está desarrollada en el recurso sobre consentimiento en pareja estable, con un constructor de frases.

El círculo

Lo que convierte una diferencia en un problema

Si la distancia por sí sola no explica el malestar, algo lo hace. En consulta se repiten unos cuantos mecanismos, y casi todos tienen la misma forma: la diferencia deja de ser una diferencia y pasa a significar algo sobre la relación o sobre una de las dos personas.

La atribución. «No le apetece conmigo», «ya no le gusto», «lo hace para castigarme». Un mismo hecho, no tener ganas hoy, puede leerse como cansancio o como rechazo, y las dos lecturas producen conductas distintas al día siguiente.

El reparto fijo de papeles. Cuando una persona propone siempre y la otra responde siempre, la propuesta deja de ser una invitación y se convierte en un examen. Quien responde empieza a evitar hasta el contacto no sexual para que no se lea como un sí anticipado, y quien propone interpreta esa retirada como confirmación.

La contabilidad. Llevar la cuenta de cuántas veces, cuánto tiempo hace o quién propuso la última vez. Convierte la sexualidad en un asunto de deudas y saldos, y en cuanto entra la deuda desaparece el deseo, que no funciona por obligación.

Y hablar de ello solo en la cama, que es donde peor se habla: uno acaba de ser rechazado o acaba de rechazar, hay ropa de por medio y hay sueño. Las conversaciones que sirven ocurren en otro momento y en otro sitio.

Un límite importante que conviene decir aquí. Todo lo anterior asume que las dos personas están en una relación donde se puede decir que no sin consecuencias. Si hay insistencia que no acepta la negativa, castigo tras un rechazo, o consecuencias por no acceder, eso no es discrepancia de deseo: es coerción, y el enfoque es otro.

La terapia de pareja está contraindicada mientras haya violencia. En España, el 016 atiende las veinticuatro horas, es gratuito y no deja rastro en la factura. En emergencia, 112.

Base científica

Qué sabemos y qué no

El efecto de coincidir. En una muestra de 366 parejas se investigó, mediante análisis diádicos de superficie de respuesta, si las parejas emparejadas en deseo están más satisfechas que las discrepantes. Los resultados no aportaron apoyo a un efecto propio de la coincidencia. Los autores señalan que los hallazgos previos que vinculaban el desajuste con peores resultados se obtuvieron con puntuaciones de diferencia, un procedimiento que no tiene en cuenta el nivel general de deseo de cada miembro.

La discrepancia como característica. Se ha descrito la discrepancia de deseo como un rasgo propio de las relaciones largas y no como un defecto, y se han documentado las estrategias que las personas emplean para modular su propio deseo dentro de la relación.

La percepción del deseo ajeno. Una serie de estudios encontró que los varones subestiman, y no sobreestiman, el deseo sexual de su pareja, con la hipótesis de que esa subestimación puede cumplir una función de mantenimiento de la atención hacia la otra persona.

Motivación comunal sexual. Una fuerza comunal sexual alta, entendida como motivación a atender las necesidades sexuales de la pareja, se asocia a mayor deseo y satisfacción, y a mantener el deseo en relaciones largas. En cambio, la comunión sexual no mitigada, que consiste en priorizar las necesidades del otro excluyendo las propias, se asocia a menor satisfacción sexual. En una muestra de 97 mujeres con diagnóstico de trastorno del interés o la excitación sexual y sus parejas, cuando alguien puntuaba alto en comunión no mitigada, era su pareja quien informaba de mayor malestar sexual.

Metas de acercamiento y de evitación. Quienes puntúan alto en fuerza comunal sexual refieren tener relaciones por metas de acercamiento, como aumentar la intimidad, y no por metas de evitación, como evitar el conflicto o la decepción de la pareja, y esa es una de las razones por las que informan de mayor deseo. La distinción se ha manipulado experimentalmente.

Los límites. Buena parte de esta literatura procede de muestras de parejas mixtas, mayoritariamente en países de habla inglesa, y con predominio de relaciones heterosexuales de larga duración. La generalización a otras configuraciones relacionales y a otros contextos culturales está menos estudiada.

El estudio de las 366 parejas es transversal, de modo que no permite afirmar una dirección causal, y su aportación principal es metodológica: mostrar que el efecto atribuido a la coincidencia no aparece cuando se analiza con un método que separa nivel y ajuste.

Y sobre las herramientas de esta página: el mapa no es un instrumento validado, no puntúa a nadie y no evalúa la relación. Es un procedimiento para hacer visibles suposiciones. La segunda herramienta ilustra una distinción teórica y tampoco diagnostica nada.

  1. Kim JJ, Muise A, Barranti M, Mark KP, Rosen NO, Harasymchuk C, Impett EA. Are couples more satisfied when they match in sexual desire? New insights from response surface analyses. Social Psychological and Personality Science, 2021;12(4).
  2. Herbenick D, Mullinax M, Mark KP. Sexual desire discrepancy as a feature, not a bug, of long-term relationships. The Journal of Sexual Medicine, 2014;11(9):2196–2206.
  3. Muise A, Impett EA, Kogan A, Desmarais S. Keeping the spark alive: being motivated to meet a partner's sexual needs sustains sexual desire in long-term romantic relationships. Social Psychological and Personality Science, 2013;4:267–273.
  4. Muise A, Stanton SCE, Kim JJ, Impett EA. Not in the mood? Men under (not over) perceive their partner's sexual desire. Journal of Personality and Social Psychology, 2016.
  5. Impett EA, Strachman A, Finkel EJ, Gable SL. Maintaining sexual desire in intimate relationships: the importance of approach goals. Journal of Personality and Social Psychology, 2008;94(5):808–823.
  6. Muise A, Boudreau GK, Rosen NO. Seeking connection versus avoiding disappointment: an experimental manipulation of approach and avoidance sexual goals. Journal of Sex Research, 2017;54:296–307.
  7. Rosen NO, y cols. Sexual communal motivation in couples coping with low sexual interest/arousal: associations with sexual well-being and sexual goals. PLOS ONE, 2019.
  8. Vowels MJ, Mark KP, Vowels LM, Wood ND. Using spectral and cross-spectral analysis to identify patterns and synchrony in couples' sexual desire. PLOS ONE, 2018;13:e0205330.
  9. Day LC, Muise A, Joel S, Impett EA. To do it or not to do it? How communally motivated people navigate sexual interdependence dilemmas. Personality and Social Psychology Bulletin, 2015;41(6):791–804.
Sergio Pérez Serer, psicólogo y sexólogo clínico colegiado CV07113
Sergio Pérez Serer · Colegiado CV07113

Psicólogo General Sanitario, sexólogo clínico y director de Clínica Pérez-Vieco. Diseño de las dos herramientas a partir de la evidencia citada y de su práctica clínica desde el año 2000. La decisión de no medir ni comparar la cantidad de deseo de cada persona es deliberada: convierte a alguien en el problema y es lo contrario de lo que indican los datos. Última revisión clínica: septiembre de 2026.

Preguntas frecuentes

Dudas que aparecen siempre

¿Cuánto es normal? ¿Cuántas veces al mes?

No hay una cifra, y quien te dé una está inventando. La frecuencia que funciona es la que las dos personas pueden sostener sin que ninguna se sienta obligada ni abandonada, y eso cambia con la edad, la carga, la salud y el momento.

La pregunta útil no es cuántas veces, sino si lo que hay os deja tranquilos a los dos. Si la respuesta es que no, eso ya es motivo suficiente, tenga la cifra que tenga.

¿Quién tiene el problema, quien quiere más o quien quiere menos?

Ninguno de los dos, y esa pregunta es precisamente la que mantiene el problema. Convertir a una persona en el paciente de la relación garantiza que la otra deje de mirarse, y garantiza que la primera se sienta defectuosa.

Tener menos deseo que la pareja tampoco basta para un diagnóstico: los criterios exigen malestar propio, y están hechos así a propósito. Puedes verlos en el recurso sobre criterios de disfunción sexual.

Entonces, ¿nos aguantamos?

No. Que coincidir no aporte una ventaja propia no significa que la discrepancia no genere malestar: lo genera, y es lo que más lleva a consulta. Lo que dice el dato es que el objetivo no debería ser igualar el deseo, porque ese objetivo no lleva a donde se cree.

El trabajo va por otro lado: las atribuciones, el reparto de la iniciativa, cómo se propone, cómo se dice que no y qué hace cada uno con la respuesta del otro. Todo eso sí se mueve.

Accedo muchas veces sin ganas para que no haya mal ambiente.

Es de lo más frecuente y tiene un nombre en la investigación: metas de evitación. Acceder para evitar el conflicto o la decepción del otro, en lugar de para acercarse a algo.

Y tiene coste medido. Priorizar las necesidades de la otra persona excluyendo las propias se asocia a menor satisfacción sexual, y lo llamativo es que en los estudios es la pareja quien informa de mayor malestar. No protege a nadie.

Ya no propongo nada porque siempre me dicen que no.

Es una retirada comprensible y suele empeorar las cosas, porque la otra persona la lee como desinterés y no como protección. Además, hay un dato que conviene tener presente: los varones tienden a subestimar el deseo de su pareja, no a sobreestimarlo.

Es decir, es bastante probable que estés funcionando con una imagen del otro más apagada de lo que corresponde. El mapa de esta página está hecho para comprobar exactamente eso.

¿Sirve de algo hacer la herramienta si mi pareja no quiere?

Menos, pero algo. Responder tú solo te muestra qué supones del otro, y esa suposición ya está guiando tus decisiones aunque nunca la hayas comprobado.

Lo que no conviene es enseñarle el resultado como prueba de nada. Si la otra persona no quiere participar, forzarlo convierte la herramienta en un reproche, que es justo lo contrario de para lo que está.

¿Y si el deseo bajo de uno tiene causa médica?

Entonces hay que mirarlo, y antes que nada. Medicación, cambios hormonales, dolor, agotamiento sostenido y varias condiciones médicas afectan al deseo de forma directa, y ningún trabajo de pareja compensa eso.

Puedes comprobar la medicación en el buscador de efectos sexuales de fármacos, y revisar el modelo de frenos y aceleradores en el recurso sobre el deseo.

¿Se guarda lo que respondemos?

No. Todo ocurre en el navegador y desaparece al cerrar la pestaña. No hay cuenta, no hay servidor y no hay analítica sobre lo que se marca.

Si quieres conservar algo de lo que salga, usa el botón de imprimir o apúntalo. Y si compartes dispositivo, ten en cuenta que la página quedará en el historial del navegador.

Soy profesional. ¿Puedo usarlo en consulta?

Sí, sin coste y citando la fuente. El mapa funciona muy bien en sesión conjunta porque desplaza la conversación desde la cantidad, donde siempre hay un perdedor, hacia las suposiciones, donde los dos están en la misma posición.

La página indica de forma expresa que no es un instrumento validado. Si detectas un error o una formulación mejorable, escríbenos: se revisa, se corrige y se acredita a quien lo señala.

El objetivo no es igualar el deseo

Es dejar de que la diferencia signifique algo que no significa. En consulta se trabajan las atribuciones, el reparto de la iniciativa y la forma de proponer y de decir que no, con las dos personas en la sala y sin que ninguna sea el paciente. Presencial en Valencia y online en español.

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