Deseo sexual en la menopausia: causas, testosterona, flibanserina y tratamientos eficaces
La disminución del deseo sexual durante la menopausia es una consulta frecuente, pero también una de las más simplificadas. A menudo se atribuye únicamente a “la falta de hormonas”, cuando la realidad suele ser más compleja. Los cambios hormonales pueden influir en la lubricación, la sensibilidad genital, el sueño, el estado de ánimo y el bienestar físico, pero el deseo también depende de la relación de pareja, el estrés, la imagen corporal, las experiencias sexuales, determinados medicamentos y la presencia de dolor.
El deseo sexual en la menopausia es un tema que merece atención, ya que afecta a muchas mujeres durante esta etapa de sus vidas.
Tampoco debe darse por hecho que todas las mujeres pierden necesariamente el interés sexual al llegar a la menopausia. Algunas experimentan una reducción importante; otras mantienen un deseo similar y algunas disfrutan más de su sexualidad al desaparecer el miedo al embarazo, disponer de mayor conocimiento corporal o vivir sus relaciones con más libertad.
La cuestión clínica no es si una mujer tiene más o menos deseo que antes, sino si el cambio le produce malestar, afecta a su bienestar o genera dificultades en su relación.
¿Es normal perder el deseo sexual durante la menopausia?
El deseo sexual cambia a lo largo de la vida. Puede disminuir temporalmente durante periodos de estrés, enfermedad, duelo, conflictos de pareja, falta de sueño o sobrecarga familiar. La menopausia puede coincidir con varios de estos factores y amplificar su efecto.
Por tanto, una disminución del deseo no significa automáticamente que exista una disfunción sexual. Para hablar de un problema clínico es importante que la falta de interés sea persistente, que no se explique mejor por una circunstancia temporal y, sobre todo, que produzca malestar personal.
Una mujer puede sentirse satisfecha con una frecuencia sexual baja y no necesitar tratamiento. En cambio, otra puede vivir con angustia la pérdida repentina de fantasías, iniciativa o receptividad sexual. No existe una frecuencia universal que determine qué es normal. El criterio fundamental es la experiencia subjetiva de la mujer y el impacto que el cambio tiene en su vida.
Perimenopausia, menopausia y posmenopausia: el deseo sexual en la menopausia
La menopausia se confirma cuando han transcurrido doce meses consecutivos sin menstruación, siempre que no exista otra causa médica que explique su ausencia. Sin embargo, los cambios hormonales y sexuales pueden comenzar años antes, durante la perimenopausia.
En esta etapa pueden aparecer ciclos irregulares, sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios emocionales, sequedad vaginal y variaciones en el deseo. La posmenopausia comienza después de la menopausia y se prolonga durante el resto de la vida.
Esta distinción es importante porque una mujer de 45 o 50 años puede presentar síntomas sexuales relacionados con la transición menopáusica aunque todavía tenga menstruaciones. También es posible que la falta de deseo tenga otras causas y simplemente coincida en el tiempo con esta etapa vital.
Es fundamental abordar el deseo sexual en la menopausia para entender cómo manejar los cambios que pueden surgir.
Deseo espontáneo y deseo responsivo: una diferencia fundamental
Muchas personas esperan que el deseo aparezca de forma espontánea, antes de cualquier contacto sexual. Es el impulso que lleva a buscar activamente un encuentro, iniciar una aproximación o pensar en sexo sin necesidad de estímulos previos.
Sin embargo, también existe el deseo responsivo. En este caso, la mujer puede no sentir inicialmente una necesidad sexual intensa, pero empieza a experimentar interés una vez aparece un contexto favorable: cercanía emocional, caricias, privacidad, estimulación erótica o sensación de conexión con su pareja.
El deseo responsivo no es un deseo falso ni de menor calidad. Es una forma frecuente de funcionamiento sexual, especialmente en relaciones de larga duración y durante determinadas etapas de la vida.
El problema aparece cuando se interpreta la falta de deseo espontáneo como una señal de que ya no existe atracción, amor o capacidad sexual. Esa interpretación puede producir preocupación, presión y evitación. Cuanta más obligación siente la mujer por “tener ganas”, más difícil puede resultar que aparezca una respuesta erótica natural.
También debe diferenciarse el deseo responsivo de mantener relaciones por miedo, obligación, culpa o para evitar un conflicto. La receptividad sexual saludable requiere libertad, seguridad y la posibilidad real de detenerse.
Comprender el deseo sexual en la menopausia es crucial para mejorar la calidad de vida y las relaciones de pareja.
Cómo afectan los cambios hormonales a la sexualidad
Durante la transición menopáusica disminuye progresivamente la producción ovárica de estrógenos. Estos cambios pueden afectar a los tejidos vulvares, vaginales y urinarios.
Algunas mujeres presentan:
- Sequedad vaginal.
- Menor lubricación durante la excitación.
- Sensación de tirantez o irritación.
- Ardor o picor genital.
- Menor elasticidad vaginal.
- Molestias o dolor durante la penetración.
- Sangrado después de las relaciones.
- Mayor urgencia urinaria o infecciones urinarias recurrentes.
Este conjunto de síntomas se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia. A diferencia de los sofocos, no suele desaparecer espontáneamente y puede empeorar progresivamente si no se trata. Las guías profesionales contemplan diferentes opciones según la gravedad, entre ellas hidratantes vaginales, lubricantes, estrógenos vaginales y otros tratamientos locales prescritos tras una evaluación médica.
El dolor puede reducir el deseo de forma indirecta. Si una mujer anticipa que la penetración será molesta, su cuerpo puede responder con tensión, menor excitación y evitación. En estos casos no basta con recomendar que “se relaje” o que intente mantener más relaciones. Es necesario tratar el dolor y eliminar la presión.
Deseo, excitación, lubricación y orgasmo no son lo mismo
La respuesta sexual está formada por dimensiones relacionadas, pero diferentes.
Una mujer puede tener deseo y, sin embargo, presentar escasa lubricación. También puede lubricar como respuesta refleja sin sentirse mentalmente excitada. Puede disfrutar de la estimulación y tener dificultades para llegar al orgasmo, o alcanzar el orgasmo sin haber experimentado un deseo intenso al principio.
Esta diferenciación es esencial porque cada dificultad puede requerir un tratamiento distinto.
Los lubricantes pueden aliviar la fricción, pero no aumentan necesariamente el deseo. Los estrógenos vaginales pueden mejorar el estado de los tejidos y reducir el dolor, pero no resuelven por sí solos un conflicto de pareja. La testosterona puede beneficiar a determinadas mujeres con deseo sexual hipoactivo, pero no corrige automáticamente una experiencia sexual insatisfactoria, la ausencia de estímulos adecuados o el miedo a la penetración.
¿Qué es el trastorno de deseo sexual hipoactivo?
El trastorno de deseo sexual hipoactivo se caracteriza por una reducción persistente o recurrente del interés sexual que produce malestar clínicamente significativo.
Puede manifestarse mediante:
- Ausencia o reducción de pensamientos y fantasías sexuales.
- Poca motivación para iniciar encuentros.
- Escasa receptividad ante las aproximaciones de la pareja.
- Menor interés por estímulos eróticos.
- Pérdida del deseo que antes estaba presente.
- Malestar personal o dificultades relacionales derivadas del cambio.
No debe diagnosticarse únicamente porque exista una diferencia de deseo entre los miembros de una pareja. Tampoco cuando la mujer está satisfecha con su nivel de actividad sexual o cuando la falta de interés se explica claramente por dolor, depresión, agotamiento, violencia, efectos farmacológicos o una relación deteriorada.
La evaluación actual sigue un modelo biopsicosocial: examina conjuntamente los factores físicos, hormonales, psicológicos, farmacológicos, sexuales y relacionales.
Testosterona para el deseo sexual femenino
Aunque suele asociarse principalmente con los hombres, la testosterona también participa en la función sexual femenina. Se produce en los ovarios y las glándulas suprarrenales y puede intervenir en la motivación sexual, la excitación y la respuesta al estímulo erótico.
La indicación femenina con mayor respaldo científico es el tratamiento del deseo sexual hipoactivo en mujeres posmenopáusicas correctamente evaluadas. Los consensos internacionales señalan que esta es la única indicación de la testosterona en mujeres respaldada de forma consistente por la evidencia disponible. El efecto medio es moderado y no todas las pacientes responden.
Antes de considerarla deben valorarse otras causas:
- Dolor genital o durante la penetración.
- Depresión o ansiedad.
- Problemas de pareja.
- Falta de estimulación satisfactoria.
- Efectos de antidepresivos u otros medicamentos.
- Alteraciones del sueño.
- Enfermedades crónicas.
- Estrés y sobrecarga.
- Síntomas menopáusicos no tratados.
La testosterona no debe prescribirse simplemente porque un análisis muestre una cifra baja. No existe un nivel sanguíneo concreto que permita diagnosticar por sí solo el trastorno de deseo sexual hipoactivo. Los análisis se utilizan principalmente para establecer una referencia y evitar que el tratamiento produzca concentraciones excesivas.
Cuando se prescribe, las guías suelen favorecer las formulaciones transdérmicas y dosis adaptadas para mantener los valores dentro del rango fisiológico femenino. El seguimiento puede incluir la valoración de la respuesta, la testosterona total y la aparición de efectos adversos.
Entre los posibles efectos secundarios se encuentran:
- Acné.
- Aumento del vello facial o corporal.
- Caída de cabello de patrón androgénico.
- Piel grasa.
- Cambios en el perfil lipídico según la formulación.
- Engrosamiento de la voz o aumento del clítoris con exposiciones excesivas, aunque estos efectos son menos habituales con dosis fisiológicas adecuadamente controladas.
No se recomiendan dosis masculinas aplicadas sin adaptación, implantes que produzcan niveles suprafisiológicos ni fórmulas utilizadas sin seguimiento profesional. Tampoco debe presentarse la testosterona como una terapia general contra el cansancio, el envejecimiento, la pérdida de memoria o cualquier malestar de la menopausia, porque la evidencia más sólida se limita al deseo sexual hipoactivo en mujeres seleccionadas.
Flibanserina: ¿es el llamado “Viagra femenino”?
La flibanserina, comercializada en Estados Unidos como Addyi, es un medicamento no hormonal que actúa sobre determinados sistemas de neurotransmisores cerebrales relacionados con el deseo.
En diciembre de 2025, la FDA estadounidense amplió su indicación a mujeres posmenopáusicas menores de 65 años con trastorno de deseo sexual hipoactivo adquirido y generalizado. La indicación establece que el problema debe producir malestar y no explicarse por una enfermedad, un trastorno psiquiátrico, dificultades relacionales o los efectos de otra sustancia o medicamento.
Llamarla “Viagra femenino” puede crear expectativas equivocadas. Los medicamentos utilizados habitualmente para la disfunción eréctil masculina favorecen la respuesta vascular genital cuando existe estimulación. La flibanserina no genera una reacción física inmediata ni se toma justo antes de una relación. Se administra diariamente y busca aumentar gradualmente el deseo en pacientes seleccionadas.
Su beneficio medio suele ser modesto. No todas las mujeres responden y debe valorarse si la mejoría obtenida compensa los efectos adversos y las restricciones del tratamiento.
Puede producir:
- Mareo.
- Somnolencia.
- Fatiga.
- Náuseas.
- Sequedad de boca.
- Insomnio.
- Hipotensión.
- Pérdida de conciencia en determinadas circunstancias.
La interacción con el alcohol, los inhibidores moderados o potentes de ciertas enzimas hepáticas y algunos medicamentos requiere especial atención. La ficha técnica estadounidense contiene advertencias concretas sobre hipotensión y síncope.
La ampliación de su indicación por la FDA no equivale a una autorización automática en España ni significa que sea adecuada para cualquier mujer con libido baja. Su posible utilización depende de la regulación, disponibilidad y valoración médica de cada país.
Terapia hormonal de la menopausia y deseo sexual
La terapia hormonal de la menopausia puede mejorar sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño y otros síntomas en mujeres para quienes está indicada. Si estos problemas estaban reduciendo la energía, el bienestar o la disponibilidad sexual, su tratamiento puede favorecer indirectamente el deseo.
Sin embargo, los estrógenos sistémicos no son un tratamiento específico y universal para la falta de deseo. Una mujer puede mejorar sus sofocos y continuar experimentando bajo interés sexual si existen dificultades relacionales, efectos farmacológicos, dolor, ansiedad o falta de estímulos eróticos satisfactorios.
Los estrógenos vaginales actúan principalmente sobre los tejidos locales. Pueden mejorar la sequedad, la irritación y el dolor relacionado con el síndrome genitourinario, pero su objetivo principal no es aumentar directamente las fantasías o la motivación sexual. Al reducir el dolor, pueden facilitar que la mujer vuelva a acercarse a la intimidad con mayor seguridad.
La indicación de terapia hormonal debe individualizarse teniendo en cuenta la edad, el tiempo transcurrido desde la menopausia, los síntomas, los antecedentes médicos y los riesgos personales.
Medicamentos que pueden reducir el deseo sexual
Algunos tratamientos farmacológicos pueden disminuir el interés sexual o interferir con la excitación y el orgasmo.
Entre ellos destacan:
- Antidepresivos serotoninérgicos, especialmente algunos ISRS.
- Determinados antipsicóticos.
- Opioides.
- Algunos medicamentos antihipertensivos.
- Tratamientos hormonales y oncológicos.
- Fármacos que elevan la prolactina.
- Sustancias con efectos sedantes importantes.
Los antidepresivos pueden reducir el deseo, retrasar el orgasmo, disminuir la sensibilidad genital y dificultar la excitación. No obstante, la depresión también afecta profundamente a la sexualidad, por lo que no siempre es sencillo distinguir el efecto del medicamento del efecto de la enfermedad.
Nunca debe suspenderse una medicación de forma brusca. Cuando existe una relación temporal clara entre el comienzo del tratamiento y la disfunción sexual, el profesional que la ha prescrito puede valorar ajustes, alternativas o estrategias específicas.
Puede ampliarse esta información en nuestro artículo sobre medicamentos y fármacos que afectan a la respuesta sexual.
Factores psicológicos y relacionales
El deseo necesita condiciones favorables. Resulta difícil que aparezca cuando la sexualidad se vive con presión, obligación, miedo, resentimiento o agotamiento.
Entre los factores psicológicos y relacionales más frecuentes se encuentran:
- Estrés laboral o familiar.
- Falta de sueño.
- Ansiedad y depresión.
- Cambios en la imagen corporal.
- Miedo al envejecimiento.
- Vergüenza ante los cambios genitales.
- Conflictos de pareja no resueltos.
- Diferencias importantes de deseo.
- Relaciones sexuales rutinarias o poco satisfactorias.
- Falta de privacidad.
- Presión para mantener una determinada frecuencia.
- Experiencias de dolor repetidas.
- Antecedentes de abuso o experiencias sexuales negativas.
En algunas parejas se crea un círculo de persecución y evitación. Una persona solicita más contacto sexual porque se siente rechazada; la otra percibe cada muestra de cariño como el comienzo de una exigencia sexual y empieza a evitar incluso la ternura. Cuanto mayor es la presión, menor es el deseo.
En estos casos el objetivo no consiste en obligar a la persona con menor deseo a aumentar la frecuencia. Es necesario reconstruir la seguridad, separar el afecto de la obligación, mejorar la comunicación y crear encuentros que resulten satisfactorios para ambas partes.
Cómo puede ayudar la terapia sexual
La terapia sexológica permite identificar qué factores están manteniendo la dificultad y diseñar un tratamiento adaptado a cada mujer o pareja.
Puede incluir:
- Educación sobre el deseo espontáneo y responsivo.
- Reducción de la presión por alcanzar determinados resultados.
- Recuperación gradual de la intimidad.
- Ejercicios de focalización sensorial.
- Exploración de estímulos eróticos eficaces.
- Mejora de la comunicación sexual.
- Trabajo sobre la imagen corporal.
- Tratamiento del miedo al dolor.
- Revisión de creencias sobre edad y sexualidad.
- Intervención sobre la discrepancia de deseo.
- Coordinación con ginecología, psiquiatría, fisioterapia de suelo pélvico u otras especialidades.
Las intervenciones psicológicas específicas, incluidas algunas aproximaciones cognitivo-conductuales y basadas en mindfulness, muestran resultados prometedores para el bajo deseo femenino, especialmente cuando se integran en una evaluación biopsicosocial.
Puede resultar útil consultar también nuestra información sobre el bajo deseo sexual en la mujer y las estrategias para aumentar el deseo sexual en hombres y mujeres.
Qué se puede hacer para recuperar el deseo
No existe una estrategia única, pero sí algunos principios clínicos importantes.
El primer paso es identificar qué ha cambiado. Conviene revisar cuándo comenzó la dificultad, si existe dolor, cómo es la relación, qué medicamentos se utilizan, si ha disminuido también la capacidad de disfrutar y si todavía aparece respuesta sexual en determinados contextos.
También es importante eliminar el dolor. Mantener relaciones dolorosas para “no perder la costumbre” puede reforzar la evitación y deteriorar el deseo.
La actividad sexual no debería limitarse a la penetración. Ampliar el repertorio erótico, dedicar más tiempo a la estimulación, utilizar lubricantes cuando sean necesarios y priorizar las sensaciones sobre el rendimiento puede mejorar considerablemente la experiencia.
La intimidad planificada tampoco tiene por qué ser poco espontánea. Reservar tiempo permite evitar que la sexualidad quede siempre relegada al final de días agotadores. Lo importante es que la planificación no se convierta en una obligación de realizar una práctica concreta.
Por último, cualquier tratamiento farmacológico u hormonal debe integrarse en una visión más amplia. Ningún medicamento puede fabricar deseo en una relación insegura, eliminar por sí solo el miedo al dolor o sustituir una estimulación que no resulta placentera.
Cuándo conviene solicitar ayuda profesional
Es recomendable consultar cuando:
- La pérdida de deseo aparece de forma brusca.
- El cambio produce malestar personal.
- Existen conflictos repetidos en la pareja.
- Hay dolor, ardor, sequedad intensa o sangrado.
- Se ha perdido también la capacidad de disfrutar de otras actividades.
- Los síntomas comenzaron después de iniciar un medicamento.
- Existe ansiedad intensa ante los encuentros sexuales.
- La mujer evita cualquier contacto por miedo a que termine en sexo.
- Se sospecha un problema hormonal, ginecológico o del suelo pélvico.
- Las soluciones intentadas no han producido mejoría.
Una evaluación adecuada no presupone que el problema sea exclusivamente psicológico ni exclusivamente hormonal. La sexualidad se construye mediante la interacción del cuerpo, la mente, la historia personal, la relación y el contexto.
¿Se puede recuperar el deseo después de la menopausia?
En muchos casos, sí. Pero recuperarlo no siempre significa volver exactamente al tipo de deseo que existía a los 20 o 30 años.
Puede consistir en comprender mejor el deseo responsivo, eliminar el dolor, recuperar la seguridad, descubrir nuevos estímulos, adaptar los encuentros al cuerpo actual y abandonar expectativas que generan presión.
La menopausia no marca el final de la vida sexual. Puede exigir ajustes y, en algunas mujeres, un tratamiento médico o sexológico. También puede ser una oportunidad para construir una sexualidad menos centrada en el rendimiento y más conectada con el placer, la comunicación y las necesidades reales.
Cuando la falta de deseo produce malestar, no debe banalizarse como una consecuencia inevitable de la edad. Existen opciones médicas, psicológicas y relacionales. El tratamiento más eficaz será el que identifique las causas concretas de cada caso y combine las intervenciones necesarias sin reducir toda la experiencia sexual a una cifra hormonal.
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Aviso sanitario: Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye una evaluación médica, ginecológica o sexológica. Los tratamientos hormonales y farmacológicos deben utilizarse exclusivamente bajo supervisión profesional.



