Terapia Sexual. Psicologos Sexologos en Valencia

¿QUÉ ES LA TERAPIA SEXUAL?

La terapia sexual ayuda a tratar disfunciones sexuales teniendo en cuenta todos los aspectos que influyen e interaccionan en la actividad sexual de las personas.

  • ¿QUÉ ES LA TERAPIA SEXUAL?
  • TIPOS DE TRASTORNOS SEXUALES
  • EN QUÉ CONSISTE LA TERAPIA SEXUAL
  • LOS BENEFICIOS DE ACUDIR A UN SEXÓLOGO EXPERTO EN TERAPIA SEXUAL

Los trastornos sexuales son más frecuentes de lo que creemos pero nos sigue costando admitirlo y dar el paso de pedir ayuda a un psicólogo sexólogo. La terapia sexual no tiene otro fin que tener o recuperar una vida sexual plena. El sexo mejora la calidad de vida de las personas y contribuye a garantizar el futuro de las relaciones de pareja.

La terapia sexual requiere una evaluación que incluye tanto un examen médico como psicológico. Es frecuente detectar que la raíz de muchos problemas sexuales se encuentra en la ansiedad, el estrés, miedos, falta de información, desconocimiento, … Acudir a terapia sexual cuando detectamos trastornos sexuales nos puede ayudar a mejorar las relaciones de pareja haciéndolas plenas y mucho más satisfactorias.

TIPOS DE TRASTORNOS SEXUALES

La falta de información y el desconocimiento del cuerpo son las causas más frecuentes de muchos trastornos sexuales que se encuentran en la terapia sexual.

En el sector masculino son habituales los trastornos sexuales como la eyaculación precoz, conseguir o mantener la erección o haber perdido la libido. Pero sobre todo son conocidos los casos en los que un “fallo sexual” de un episodio aislado han conllevado, junto al miedo de volver a repetirse, estados de ansiedad que provocan situaciones más serias entre una pareja.

Entre los trastornos sexuales más habituales asociados a las mujeres se encuentran: dificultades en la penetración, molestias, vaginismo (dolor en el coito), anorgasmia (problemas para alcanzar el orgasmo), falta o bloqueo del deseo sexual o existencia de un modelo sexual centrado excesivamente en la penetración adaptándose sin desearlo a la erótica masculina.

Este tipo de trastornos sexuales tienen solución, pero si no son tratados en una terapia sexual pueden derivar a problemas más graves, sobre todo en consecuencias psicológicas más complejas, dificultando su resolución y generando una crisis de pareja seria.

EN QUÉ CONSISTE LA TERAPIA SEXUAL

Lo primero que procurará un psicólogo sexólogo en una terapia sexual es determinar las causas y todo aquello que pueda estar influyendo.

Descartados los problemas de carácter fisiológico u orgánico, ejercerá una función educativa para eliminar los prejuicios que suelen estar detrás de los problemas sexuales entre parejas.

En una terapia sexual se marcarán pautas de comportamiento personalizadas a la pareja para ir mejorando factores que influyen directamente en el acto sexual. La pareja irá trabajando a nivel afectivo, perdiendo miedos, vergüenzas, culpa, … pasando a la realización de actividades prácticas que permitirán aprender comportamientos eróticos sanos y placenteros. Todo marcado por un psicólogo sexólogo profesional especialista en este tipo de terapias.

La terapia sexual puede combinar distintos tipos de terapias: individuales o en pareja. Se llevan a cabo sesiones diferentes en las que se expresarán conflictos, se evaluarán síntomas y se analizará el desarrollo sexual alcanzado. Todas ellas alternándose con tareas que deberán de realizarse en el hogar.

La duración de este tipo de terapias no está determinada ya que puede conllevar periodos de dos o tres meses a varios años. Todo depende de las personas implicadas el tipo de trastornos sexuales que se presenten.

LOS BENEFICIOS DE ACUDIR A UN PSICÓLOGO SEXÓLOGO EXPERTO EN TERAPIA SEXUAL

Los especialistas en terapia sexual disponen de recursos para ayudar a solucionar todo tipo de trastornos sexuales ayudando a mejorar la calidad de vida de las personas implicadas.

Asistir a terapia sexual será un beneficio para uno mismo y para la pareja, ya que uno de los puntos a considerar es comprender la importancia que tiene disfrutar del sexo teniendo en cuenta las necesidades sexuales de las personas implicadas.

Restructuración Cognitiva

Introducción a la Reestructuración cognitiva

En un sentido estricto, la terapia cognitiva incluye aquellas técnicas que se centran directa y primariamente, aunque no exclusivamente, en las cogniciones (verbales y/o en imágenes) de los clientes para modificar estas y las emociones y conducta manifiesta que, se supone, regulan. No se incluyen aquí, pues, las técnicas que presuponen mecanismos de cambio cognitivo, pero que no se centran en los componentes cognitivos per se (p.ej.: modelado participante). Ejemplos de técnicas cognitivas son: reestructuración cognitiva, entrenamiento autoinstruccional, resolución de problemas y detención del pensamiento. Sin embargo, hay grandes diferencias en los modelos teóricos que están detrás de estas técnicas.

Lo más frecuente hoy en día es combinar las técnicas cognitivas y conductuales, de modo que no hay tratamientos puros, sino tratamientos que asocian ambos componentes, aunque la importancia de cada uno de ellos es variable según los casos.

La reestructuración cognitiva (RC) es una de las técnicas cognitivo-conductuales más sugerentes dentro del repertorio de procedimientos de que dispone el terapeuta cognitivo-conductual. Sin embargo, su aplicación no es nada fácil por varios motivos. Para empezar, se requiere un buen conocimiento del trastorno o trastornos a tratar. Asimismo, se necesita velocidad y creatividad de pensamiento para mantener una interacción fluida y competente con el paciente. Por último, la técnica no está tan pautada como otras técnicas de modificación de conducta y, por sus propias características, no puede estarlo en la misma medida.

Ha sido frecuente hablar de las denominadas terapias de reestructuración cognitiva, dentro de las que se incluyen la terapia racional-emotivo-conductual de Ellis, la terapia cognitiva de Beck y el entrenamiento autoinstruccional de Meichenbaum (Bados, 2008; Carrasco, 1995; Carrasco y Espinar, 2008). Sin embargo, este último procedimiento no incluye lo que es la esencia de la reestructuración cognitiva –tal como será definida un poco más abajo– y las aproximaciones de Ellis y Beck son en realidad enfoques terapéuticos muy amplios que incluyen muchas técnicas aparte de la reestructuración cognitiva propiamente hablando. Naturalmente que puede argumentarse que estas otras técnicas son medios de conseguir un proceso de reestructuración cognitiva, pero en este sentido todo sería reestructuración cognitiva. Creemos, en cambio, que es preferible acotar el significado de esta última, en cuanto técnica y por ello, este trabajo tiene como objetivo ofrecer una conceptualización de la misma así como una descripción detallada de sus elementos constitutivos.

La reestructuración cognitiva consiste en que el cliente, con la ayuda inicial del terapeuta, identifique y cuestione sus pensamientos desadaptativos, de modo que queden sustituidos por otros más apropiados y se reduzca o elimine así la perturbación emocional y/o conductual causada por los primeros. En la reestructuración cognitiva los pensamientos son considerados como hipótesis y terapeuta y paciente trabajan juntos para recoger datos que determinen si dichas hipótesis son correctas o útiles. En vez de decir a los pacientes cuáles son los pensamientos alternativos válidos, el terapeuta formula una serie de preguntas y diseña experimentos conductuales para que los pacientes evalúen y sometan a prueba sus pensamientos negativos y lleguen a una conclusión sobre la validez o utilidad de los mismos (Clark, 1989).

La reestructuración cognitiva, en combinación con otras técnicas (lo que se conoce como terapia cognitiva o terapia cognitivo-conductual), se ha mostrado más eficaz que la ausencia de tratamiento o que otros tratamientos en los trastornos de ansiedad, depresión mayor, trastorno bipolar (en combinación con fármacos), trastornos de alimentación, trastornos somatomorfos (trastorno de somatización, trastorno por dolor, hipocondría, trastorno dismórfico corporal), trastornos por abuso de sustancias, juego patológico, algunos trastornos de personalidad (p.ej., límite), trastorno negativista desafiante, insomnio, ira, agresión sexual, disfunción eréctil, conflictos de pareja, problemas de salud (p.ej., dolor, síndrome de intestino irritable, síndrome de fatiga crónica) e ideas delirantes y alucinaciones. Por otra parte, la terapia cognitiva parece un tratamiento prometedor para otros problemas como los trastornos disociativos, los intentos de suicidio, el trastorno de déficit de atención, la fibromialgia y los acúfenos (Butler et al., 2006). Asimismo, la terapia cognitiva también se ha aplicado a problemas que no se ciñen a una categoría diagnóstica, sino que subyacen a diversos trastornos psicológicos; por ejemplo, evitación del afecto, baja autoestima y problemas interpersonales) (Bennet-Levy, Butler et al., 2004; Harvey et al., 2004).

Aunque la reestructuración cognitiva se considera una técnica útil en el tratamiento de estos problemas, saber si la adición de la misma al programa de intervención resulta beneficiosa o no es algo que no está claro. En muchos trastornos aún no se ha investigado o se ha hecho poco, mientras que otros (trastornos de ansiedad, depresión mayor) no parece que el empleo de la RC aumente la eficacia de las técnicas conductuales (Longmore y Worrell, 2007); sin embargo, puede favorecer la aceptación inicial de tratamiento y reducir los abandonos del mismo. Por otra parte, si bien falta investigación empírica, posibles limitaciones en el empleo de la reestructuración cognitiva serían la presencia de limitaciones intelectuales, déficits de memoria y depresión melancólica grave.