El deseo sexual, el rendimiento sexual y la frecuencia de las relaciones sexuales pueden verse disminuidas con el paso de los años como fruto del descenso de una gran cantidad de sustancias en el cuerpo de mujeres y hombres tales como las hormonas sexuales estrógenos y testosterona, respectivamente. Igualmente el deseo sexual se ve mermado por causas psicológicas como problemas de pareja, miedos al compromiso, así como factores estresantes
Hoy día es consenso en la comunidad científica que la eyaculación precoz suele ser el resultado de la relación entre causas psicológicas y biológicas, por ello, el tratamiento debe abordar varios aspectos de la vida individual y de pareja. Dentro de los factores de riesgo que aceleran la aparición de eyaculación precoz se incluyen los problemas de la erección o el estrés emocional.
El deseo sexual es una emoción, un impulso, una fuerza que nos mueve al encuentro íntimo con otras personas. Nos motiva a relacionarnos, a compartir intimidad, a mantener relaciones afectivas y sexuales, a disfrutar y pasarlo bien, a sentir placer, etc.
Junto con la atracción y el enamoramiento, forman lo que se conoce como sentimientos sexuales; sentimientos que constituyen un magnífico patrimonio de la sexualidad humana y que regularán ésta durante toda nuestra vida.